El fuego
-Tú no sabes que es querer quemarlo todo- El aire levantaba los grises pétalos cenizos y el humo pesado flotaba como mantarraya a la deriva. -Eres demasiado suave para las ruinas del incendio, incluso si el hálito de fuego intenta besarte los ojos lo ahuyentas con tus lágrimas- El cielo rojísimo y él... -Siento como si quisiera estallar entre las ascuas, no soy polvo, me mintieron, soy pólvora de mi fuego artificial llamado talento y dejaré escombros manchando el firmamento, ¿cielo azul? No lo necesito, sólo un fósforo prendido y un fondo negro tras de mi. Quémalo todo de pies a cabeza, que neven sobre ti las cenizas marchitas de las hojas de papel, estela de mi paso por las ruinas. Al rojo vivo marcarán tu memoria y arderá cuando veas la cicatriz, crepitarán tus relojes, tus colibríes, tu viejo anticuario de símbolos obsoletos, no se perderá más que si se hubiese incendiado un museo victoriano... No tengas miedo, niña jugando a ser adulta, mientras más permanezcas entre el fuego...