poesía para el fin del mundo
¿Por cuánto tiempo podramos suponer que esto es nuevo? Tal vez este sentimiento ya es viejo, inmemoriable, tal vez amargo como la saliva rancia en la boca después de un largo sueño. En el sueño te beso una boca sin dientes y mi lengua pasa por encías vacías. Al mismo tiempo saco un cuchillo de la nada, del lugar de donde todo sale en los sueños. Y el filo entra y sale, entra y sale en una cópula sanguiñolenta, en un rito de carne y hueso. El cuchillo se vuelve mantequilla y la mantequilla, mis dedos. Y en el hueco que traspasa mi mano, tus órganos, tus vísceras ahora llenan mis dedos. Quisiera matarte y dejar esto atrás, diferente al sueño en el que siempre te imagino. Hueco, vacío, plano, perfecto para mi proyección. Tú eres un remplazo, un formulario , alguien a quién llenar.