Jardín de asilo. (El doble espejo II)
Plantas retorcidas cuyas ramas se abrían paso entre laberínticos grecos vivos y el Sol, deprimente como siempre quemándome la piel, abriéndose paso entre mis poros, entre mis ojos. Claro, salir a pasear reanima, ¿cierto?, vernos a todos en sillas de ruedas, incapaces de articular palabras coherentes, con un miedo perpetuo a escuchar las insensateces del otro, con una fobia eterna a relacionarse con los demás y dejar que nuestras pieles se unan como un todo. Sí, los girasoles se mueven como hipnotizados siguiendo algo que jamás comprenderán del todo, algo que las quema y les chupa la vida al tiempo que las deja vivas para poder observarlas girar, por algo estáran aquí también esas flores. El aire es más gentil, él acaricia mi frente ardiente con un beso refrescante, si el agua llegara hasta aquí... No quiero volver a salir, tanta vida monótona, repetitiva e invaluable me deprimen y me hacen querer aislarme más en mi mundo particular, soñar con mis desierto...