Cielo líquido.
La mañana pálida y fría se vio anunciada no por la salida del Sol sino por la alarma del Alba , un lejano sonido suave que despertaba a todos los habitantes de la Ciudad. El Insomne, sin embargo, esperaba a la aurora con los ojos abiertos recostado en su cama. Estaba cansado de no poder dormir. Los días se le habían vuelto monótonos y sin sentido desde aquella noche en la que pudo observar una luna azul desde su ventana. Sin saber por qué, se levantó de su lecho, cruzó descalzo su desnuda habitación y abrió las persianas en un solo movimiento. La luz de la luna lo cubrió como una helada cascada, lo bañó en un tono de azul indescriptible tan intenso que el Insomne abrió la boca para tratar de beberlo. Desde ese mismo instante comenzó a soñar despierto con paisajes de los azules más preciosos y rebuscados, había imaginado cada uno de los matices posibles de la paleta de azul. Y supo que la única manera de retener en la memoria de su retina ese magistral color, era soña...