Y si te pidiera amablemente...
Era medianoche cuando se había sentado frente a la computadora. En ese momento ya era mediodía. En el instante que empezó se sentía sumamente triste, llorando comenzó a teclear sin detenerse. Pensó seguir con su trabajo, el dispositivo que alteraba los programas en los que se sumergía la gente, las realidades alternas que opacaban a la verdadera. Con su nube de polvo y polución nadie quería ver por la ventana, lo único que querían era sentarse y conectarse para olvidar que estaban vivos. Su habitación tenía dos grandes ventanas para siempre tapiadas con persianas blancas, un piso negro y muchas muñecas sentadas en las repisas de la pared. Algo había en el ambiente que parecía un escenario preparado para una puesta en escena de Alicia en el País de las Maravillas . Cuando ella terminó de introducir el último código, se sentía un poco mejor, al menos, la opresión en el pecho había cedido un poco. Tal vez una mejor manera de aliviar su depresión hubiera sido salir a alguno d...