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Mostrando entradas de mayo, 2014

Perder el encanto.

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Cuenta una vieja historia que hace mucho tiempo, en un olvidado pueblo vivía un joven adivino. Él simplemente había aparecido una calurosa noche y fue pidiendo alojo en cada casa. Los aldeanos, quienes no confiaban en los forasteros, le habían negado cobijo. Sólo el sacerdote del templo que se erguía en los límites del pueblo accedió a hospedarlo.  Pasaron los años y él no volvió a ser visto en el pueblo. Sólo salía cada amanecer para ir al meditar al río que estaba dentro del bosque. Su indiferencia para con los aldeanos lo envolvió en un velo de misterio. Los únicos que habían logrado entablar amistad con él, fueron el herrero y la humilde jardinera que trabajaban para el sacerdote del templo. Gracias a ellos, se supo que el joven tenía el don de la adivinación. Pero no sólo eso, también podía dar consejos para cambiarlo a uno más favorable. Esto se vio respaldado por el hecho de que tanto el herrero como la jardinera salieron de su austera posición. La segunda casándose c...