La palmera
La noche estaba bastante tranquila, el calor seguía latente pero adormilado por la brisa de la medianoche. La misma palmera de siempre mecía sus largas hojas. Laire, sentada en el suelo sólo aportaba el azulado humo que exhalaba después de calar el cigarro que tenía en la mano. Incluso a esa hora, llevaba recogido el cabello y el cuello le sudaba un poco. Ella no miraba a ningún lugar en particular, tal vez sólo se concentraba en el vaivén de las ramas del árbol de enfrente, del tropical vecino. A pesar de que ella era...