Princesa Sábado.
Siempre comienza con un sueño. Como si desde las profundidades de mi inconsciente viniera una señal de alarma, siempre comienza con un sueño. Después son algunos deslices. En vez de un nombre, digo otro. El suyo. El del objeto de mi nueva obsesión. Y de ahí ya no hay vuelta atrás. Pueden ser semanas, meses, han habido ocasiones en donde han sido años. Cuando era más joven, casi siempre esta obsesión daba paso a una serie de escritos. Unos pulidos, otros más desquiciados. En ellos, la fantasía, hija de mis ensoñaciones nocturnas y diurnas, se desataba y conseguía nombres, fechas, personas. Recuerdo perfectamente cada una de mis obsesiones. Sólo una fue correspondida. Sólo una fue útil. A largo plazo, ninguna de ellas duró demasiado. La segunda, bastante académica, acartonada, cliché. Una figura que ha fascinado a miles de personas. Objeto de libros, investigaciones, ensayos. Yo no había sido diferente. La primera se dio precisamente aquí, en el blog. Hace ya diez años. Su n...