Tarde sabatina
Luces, intermediarias entre el foco y mi apatía. Las figuras del techo no quieren moverse. Música que palpita danzando en espejos verdes y azules, llevándome a un lugar prístino, todo color cromo, minimalista con edifios blancos sin puertas ni ventanas.
Música electrónica, repetitiva.
No tengo inspiración y ni describir mi estado anímico puedo, no puedo sacarme ni la más estúpida palabra.
Migraña.
De nuevo acosándome hasta lo más recóndito de mi cráneo.
Y ácido corriendo a través de mi garganta atada.
Sinestesia que modifica cada letra con otro sabor es odioso tener esa condición.
Un ojo desde mi ventana que observa cuán detestable soy o simplemente depresión pre-regreso a clases. (?)
Olvídalo.
Cambia de tema.
Música electrónica, repetitiva.
No tengo inspiración y ni describir mi estado anímico puedo, no puedo sacarme ni la más estúpida palabra.
Migraña.
De nuevo acosándome hasta lo más recóndito de mi cráneo.
Y ácido corriendo a través de mi garganta atada.
Sinestesia que modifica cada letra con otro sabor es odioso tener esa condición.
Un ojo desde mi ventana que observa cuán detestable soy o simplemente depresión pre-regreso a clases. (?)
Olvídalo.
Cambia de tema.
Migrañas, esas malditas molestias que no dejan mas que dolores de cabeza.
ResponderEliminarPuede que la expresion suene redundante, sin embargo no es tal la intencion.
Como una persona tamien aquejada por dicho mal, he descubierto que la migraña es como un candado de la mente, cuando estas a punto de descubrir algo increible, de hacer algo que no creias posible, ahi esta, en una esquina oscura de la mente, lista para saltar a fracciones de segundo de que alcances tu objetivo...