Tonos de negro. (Esto no puede ser posible)

Recuerdo cuando nos mudamos a nuestro nuevo departamento. Era grande, elegante y muy sofisticado. Los pisos eran de mármol negro perfectamente pulido, casi no había paredes puesto que eran ventanales grandiosos y pulcros que permitían ver el esplendor de la ciudad y sus mares de edificios. También recuerdo que ni siquiera habíamos tenido que desempacar, puesto que cuando llegaron las cajas dos empleados del edificio habían acomodado los muebles de tal forma que el departamento parecía sacado de una revista de sociales. Todo exhalaba elegancia y prosperidad. Con el simple hecho de estar ahí, uno se sentía parte de la aristocracia, del mundo... Uno se sentía alguien.

En el departamento íbamos a vivir tres personas: mi hermano menor, mi mamá y yo. Ése día salí a explorar el edificio para ver qué secretos guardaba, qué gente habitaba ahí y qué cosas había. Casi inmediatamente después de cerrar la puerta tras de mí, me encontré una chica de mi edad, quien a pesar de no ser muy bonita, se veía extremadamente arreglada al grado de parecer un maniquí.
-Hola, veo que acabas de llegar. Me llamo Marianne, ¿y tú?- me extendió su perfumada mano
-Me llamo Isolda- contesté. Ella torció el gesto como si yo la hubiese ofendido de alguna forma.
-¿Por qué no te cambias el nombre, eh? Es un lugar nuevo y puedes usar el nombre que quieras, uno más elegante y chic... ¿Qué tal Vanessa?- Había dicho el nombre tan rápido que por un momento pensé que ya lo había planeado.
-Me gusta mi nombre, es de un personaje de Wagner, ¿has oído hablar de Tristán e Isolda?-
-Claro que sí, Richard Wagner fue quien escribió "El Vuelo de las Valkirias"- me espetó un tanto enojada.
-Está bien, no te enojes-
-Entonces, Vanessa...-
-...Isolda-
-...¿Quieres venir a conocer el edificio?-
-Es exactamente lo que iba a hacer- "pero sola" pensé en decirle, sin embargo no lo dije, algo en el ambiente me hizo callarlo.
-Perfecto- sonrió y pude ver su perfecta dentadura blanca, casi brillante -Acompáñame-

Caminamos hacia el elevador abierto, llamado así porque no tenía más que el piso y las paredes de éste eran tubos metálicos dispuestos en figuras geométricas que le daban una estética sofisticada e incluso futurista.
-Esto es tan bonito, no entiendo cómo pudo costarnos tan barato- exclamé al entrar al elevador.
-A ustedes les costó barato- dijo Marianne en un tono muy extraño, entre sarcástico e irónico-Pero por ejemplo, a la familia del Q-84 del primer piso les está costando carísimo. Llevan aquí tres generaciones sin saldar la deuda-
-¿Cómo es eso posible?-
-No lo sé, supongo que es porque compran mucho y no se les nota-
-¿Y eso qué tiene que ver?-
-Admitámoslo, a ellos siempre se les verá la cuna de cartón. En cambio a tu familia y a tí se les nota el buen gusto, la sofisticación y la elengancia. Esto les parece más natural y por eso se les cobra menos-

Las palabras de Marianne me dejaron sin habla, no entendía esa lógica de pagos. Miré a través de las rendijas. El edificio parecía más bien una plaza que un conjunto de departamentos. En medio de éste, había una fuente minimalista y todo parecía estar construído alrededor de ésta, por lo que había un cubo abierto a mitad del edificio. Alrededor de éste, en cada piso, había tiendas de todo tipo, tantas que podías pasar horas entre ellas antes de encontrar tu departamento.
-Esto es extraño, el edificio se ve más grande por dentro-
-Ya llegamos- dijo Marianne jalándome la manga y apartando mi vista del elevador -Por fin, mira-
-Es hermoso....-
Un exuberante jardín se desplegaba ante nosotras. Había rosales, gardenias, margaritas, violetas, árboles de todo tipo y tamaño diseñados para lucir antiguos e incluso secretos. Las enredaderas subían por paneles de madera oscura y le daban un ambiente de desfachatez bien cuidada. Una bellísima fuente de piedra, adornada por la estatua de una sirena en pleno canto le daba un aire misterioso al jardín. Incluso había bancas de hierro forjado y un pequeño kiosko del mismo material.
Me acerqué pero había un cristal que no permitía la entrada, había una puerta, igual de vidrio, la cual estaba cerrada con llave. Desilusionada retrocedí hasta estar al lado de Marianne, quien sólo había dado dos pasos adelante del elevador.
-¿Por qué está cerrado?-pregunté tristemente
-Siempre ha estado así-
-No es justo, ¿para qué tener un jardín tan hermoso si nadie puede caminar entre él y sólo podemos observarlo a través de un vidrio?-
-A mí me gusta más así, me parece una ilusión, la esperanza y hasta la alucinación de un jardín ideal. Imagínate si entraras y descubrieras que todo es falso...- se calló abruptamente.
La miré un poco desconcertada.
-En ese caso, no pasaría de ser un sueño como los tontos que he tenido últimamente, paseando en jardines similares- exclamé
-Volvamos a los departamentos, pero antes vamos a comprar algo-
La última oración pareció animarla y le devolvió la pulcra sonrisa de su rostro.

De algún modo, sólo bajamos un piso para llegar a las tiendas, incluso cuando de ida al jardín habíamos tardado más de 10 minutos en el elevador. Al preguntarle eso a Marianne sólo recibí como respuesta un "Siempre es más fácil el camino cuando uno va a comprar"
Las tiendas parecían siempre estar abiertas y sus empleados, todos guapísimos, se parecían tanto entre sí que hasta daba escalofríos.
Entramos a una donde vendían accesorios para celulares y reproductores de música. Me pareció tener la sensación de que desde hace tiempo quería una funda para mi celular. Marianne estaba distraída buscando entre los colgantes de un aparador cerca de la caja. Yo en lo mientras me puse a buscar en un estante donde estaban las fundas... Había tantas que hasta costaba trabajo concentrarse en una sola.
-No sé cuál escoger- exclamé algo desesperada
-Ése es el punto, por eso una tarda tanto comprando aquí-
Al final me había hastiado tanto que decidí comprarme el más sencillo de todos. Pero ninguno era simple, todos estaban cargados de adornos y objetos chispeantes y brillantes.
Decidí escoger uno al azar, pero cada funda que agarraba me gustaba cada vez menos y quería conseguir otra incluso con más ahínco.
-Me rindo, prefiero no comprar nada-exclamé exhausta
Marianne volteó a verme y con un gesto de excesiva piedad me dio una funda negra y lisa.
-¿De dónde la sacaste?-
-Sólo tenías que seguir buscando-
-¿Le preguntaste al empleado?-
-No, yo la encontré sola-
Como no le creía y pensé ver una sombra de complicidad en la mirada del cajero, decidí preguntarle yo misma.
-Hola-
-Hola- contestó con una gran sonrisa
-Este, ¿podrías darme una funda negra sencilla?-
-¿Para qué modelo?-
-Un X-LED-
-¿Cuál tono de negro quieres?-
Me quedé sorprendida... Le estaba buscando tonos al negro para seguirme preguntando como si por quedarse callado pudiera morir.
-Sí, ¿negro opaco o negro brillante?
-Del que sea-
-¿Con correa extensible o correa corta?-
-Corta-
-¿Con compartimiento extra?-
-No, sencilla-
-¿Bordada o pintada?-
-¿Sabes qué? Olvídalo, sólo cobráme ésta funda. dije dándole la funda que me habíá dado Marianne. Él la tomó impasible y la pasó por la máquina de código de barras.
-¿Encontraste lo que buscabas?-
-Ah... Sí...- diije en un tono cansado
-¿Deseas algo más?-
-No-
-Tenemos unos colgantes muy bonitos al 2x1-
-No gracias-
-O podrías comprar una carcaza nueva. Tenemos más de 104 colores-
-No gracias- comenzaba a hartarme de nuevo
-Y por $10.oo más puedes llevarte un boleto para la rifa de una computadora-
-¡Sólo cóbrame la maldita funda!-
El empleado se sonrio y dijo: -Son $30.99 por favor-
Saqué mi monedero y le dí la cantidad exacta, no quería que se tardara otra media hora al tratar de darme mi cambio.
-Gracias, vuelve pronto-

Salimos de la tienda y me di cuenta de que habíamos estado alrededor de una hora dentro.
-No puede ser, debía de estar a las 5 p.m en mi casa, íbamos a salir a comer juntos...-
-No te preocupes, Vanessa...-
-...Isolda-
-... El comedor lo abren hasta las 6 p.m.-
-¿Comedor?-
-Ajá, seguramente ahí está tu familia.

La seguí por una serie de pasillos y escaleras hasta llegar a un salón adornado elegantemente, como un hotel fino y antiguo. Había buffet y cada mesa estaba iluminada por una vela color durazno, en cada una había un letrero que indicaba el número del departamento.
Encontré a mi hermano y a mi madre sentados, esperándome.
-¿Dónde habías estado, hija?-
-Fui a explorar el edificio mamá, y un estúpido empleado me entretuvo con preguntas idiotas. También hice una amiga, se llama Marianne, a quien por cierto, perdí de vista cuando vine-
-Me alegra que hagas amigos. Tu hermano se la ha pasado encerrado en su cuarto viendo la ventana. Dice que el edificio le da escalofríos y que al parecer somos las únicas personas aquí, todos los demás son iguales, como clones.-
Miré a mi hermano. Estaba sentado con los brazos cruzados y la mirada fija en la vela. Él no era así de taciturno, algo le debió de haber pasado.
-Vamos a servinos del buffet, ¿les parece?- exclamó mi mamá levantándose de la mesa, mi hermano también se puso de pie pero se perdió entre la fila de gente que esperaba servirse algo de comer.
Tomé un plato y me formé en la fila. Me disponía a ir a la parte de las carnes y mariscos cuando me encontré a Marianne adelante de mí. Sin decir nada, comenzó a ponerme verduras en el plato, tantas que hasta se caían al suelo.
-¡Qué demonios te pasa, Marianne!-
Impasible siguió sirviéndome verduras hasta que me hartó y tiré la charola al suelo. Me salí de la fila y fui hacia unos meseros que, nerviosos estaban recargados contra la pared. Eran los mismos que habían desempacado nuestras cosas en el departamento, y a diferencia de los otros empleados, no estaban guapísimos. Uno era alto, blanco, de cabello negro y facciones asiáticas, el otro, rubio y regordete.
-Disculpen-
Parecían asombrados de que me hubiese dirigido a ellos. Nervioso contestó el asiático.
-¿Qué desea, señorita?-
-Lo que pasa es que quería servirme un poco de carne-
Se miraron entre sí, ansiosos y se acercó el rubio a mi oído y susurró:
-No podemos, señorita-
-Toda la carne está reservada para esas personas- señaló el asiático.
Volteé a ver a quiénes se referían. Era una gran familia como de 9 personas, todos gordos, rubios y rosados. Comían, bueno, tragaban como cerdos y los meseros, guapos, les llevaban platos de comida tan continuamente que parecía una línea de embalaje...
-¿Quié... Quiénes son?- tartamudeé asqueada
-Son los del departamente Q-84 del primer piso- contestó el rubio
-No, no entiendo nada-
Se miraron de nuevo pero ahora con un gesto de complicidad. El rubio me tomó de la mano y se volvió a acercar a mi oído.
-Síguenos discretamente-
Los dos giraron sobre sus pies y caminaron hacia una puerta que decía "Sólo personal autorizado" y yo como quien no quiere la cosa, los seguí.

Salimos a una especie de zotehuela algo descuidada. La primera parte del edificio que veía así de abandonada. Me sorprendió el ver a mi hermano ahí parado, fumando ansiosamente.
-¿Antonio? ¿Qué haces aquí?-
-¡Isolda! Me alegra que hayas podido salir de ese comedor-
-¿Qué haces? ¡Estás muy chico para fumar!- lo regañé mientras le quitaba el cigarro y le daba una chupada. Me atraganté con el humo verdoso que exhalé. -Y aparte es mentolado- tosí
-Me calma los nervios- respondió prendiendo otro.
Debía admitirlo, calmaba y mucho...
-No deberían fumarlos, son cigarros del edifio, claro que los calmará, bueno más que tranquilizarlos los anestesiará- exclamó el rubio
-¿Por qué estamos aquí?- pregunté intrigada y también, asustada.
-No lo sé- contestó el asiático -Algo nos hizo pensar que nos podías ayudar-
-¿Ayudar a qué?-
-A salir de aquí- contestaron los dos meseros al mismo tiempo.
Me quedé pasmada... Esto no estaba nada bien.
-Bueno primero hay que presentarnos- dije tratando de conservar la calma
-Ya sabemos sus nombres- espetó el rubio
-Aún así quiero presentarme y conocer los suyos. Me llamo Isolda-
-En el registro dice Vanessa- objetó el asiático
Se me heló la sangre pero decidí continuar hablando.
-Bueno, ustedes díganme Isolda. ¿Cómo se llaman ustedes?-
-Me llamo Il-Soon y él es Ferdinand-
-Mucho gusto, él es mi hermano Antonio... Ahora bien, ¿cuál es el plan?-
-Ninguno, esperábamos que tú tuvieras uno- respondió Il-Soon
-Primero explícame por qué tenemos que salir de aquí-
-Yo te contestaré eso- respondió Antonio -Porque este lugar poco a poco nos convertirá o en los gordos del comedor o en los clones de las tiendas-
-¿Por qué lo dices, Antonio?-
-¿No lo notas? Todo el edificio es algo muy bizarro, la gente, los empleados, las paredes... ¡No hay nada natural! Todo es prefabricado- pareció sumamente angustiado al decir eso.
-Está bien, yo igual lo noté. Tenemos que irnos, pero hay que ir por mamá-
-Ya es tarde- espetó Ferdinand
-¿Cómo que ya es tarde?- pregunté molesta
-No quiero que la vean pero ya está completamente enajenada. Está comiendo flan y le pusieron un televisor enfrente. Está completamente enajenada- respondió Il-Soon
-Debe de haber una manera de salvarla, apenas han pasado 20 minutos- dije desesperada
-Te equivocas, ya casi amanece- exclamó Ferdinand
Saqué mi celular y marcaba 6:36 a.m.
-Esto no puede ser posible-
-Tenemos que irnos ahora mismo- dijo Antonio con lágrimas en los ojos
-Yo sé por dónde. Hay que ir al último piso, al jardín cerrado- sollocé
-¿Por qué deberíamos ir ahí? Es el núcleo del edificio. La sirena de la fuente es el alma de este laberinto- replicó Ferdinand
-Hace rato una joven llamada Marianne me dijo que el jardín podría ser falso. No sé porqué pero tengo el presentimiento que llegando a él podremos escapar-
-Isolda- dijo fúnebremente Il-Soon -Marianne es la personificación de la estatua-
Me quedé atónita...
-Pero entonces, eso me da más razón,¿no?-
Ellos se miraron contrariados.
-No tenemos nada que perder- dijo mi hermano -Podemos escalar desde aquí, así no tendremos que entrar al edificio-

Escalamos los tres pisos que nos faltaban para llegar al jardín. Los ladrillos de esa parte del edificio estaban salidos y eso nos ayudaba muchísimo. A pesar de que el cansancio me había llegado de repente, no me detuve...
Finalmente llegamos. El jardín seguía tan hermoso como siempre. Todos lo miramos hipnotizados.
-Tendremos que romper el vidrio- dije
-No creo que sea una buena idea- exclamo Il-Soon
-Es nuestra única oportunidad-
-Mejor nos quedamos, no está tan mal después de todo- dijo Ferdinand
-Vamos, nuestra voluntad ya nos trajo hasta aquí...- les supliqué
-Pero es que...-
El fuerte sonido de vidrios rotos nos interrumpió. Antonio se había lanzado contra la vitrina y ahora yacía en el suelo, quejándose y sangrando moderamente. Pero logró entrar al jardín.
-¡Antonio!, ¿estás bien?- pregunté muy preocupada mientras me acercaba a él. Mi corazón dio un brinco cuando cruzé hacia el jardín.
-Sí, estoy bien, sólo un poco adolorido por el golpe-
Lo ayudé a levantarse, les pedí ayuda a los meseros.
-No, no quiero-
-Mejor nos quedamos-
Justo después de decir eso, se convirtieron en maniquíes y se desplomaron al suelo, inertes.
-¿Antonio?...-
-No voltees, Isolda, hay que seguir-
En ese momento nos dimos cuenta de que el jardín era falso, las plantas artificiales, las bancas de cartón e incluso la fuente estaba hecha de unicel.
-¿Y ahora qué?-
-Hay que tirarnos desde aquí- señalé el filo del edificio que daba hacia la calle.
-¿Vinimos tan lejos para suicidarnos?-
-No. Piensa, si todo aquí es falso, incluso la altura del edificio lo será. Realmente no creo que esté tan alto-
-Te creo. Algo me dice que no faltará mucho antes de que nos convirtamos en maniquíes-
-Sólo si titubeas te conviertes, si estás seguro de lo que harás, no-

Nos subimos a la cornisa del edificio, desde ahí los 25 pisos parecían muy reales.
-Vamos, sin dudarlo- exclamé
-Sin titubear- Antonio me tomó de la mano
-Una...-
-...Dos...-
-...¡Tres!-

Nos lanzamos al vacío y como lo supuse, llegamos al suelo inmediatamente después, como si solamente hubieramos brincado sobre nuestro lugar. Miramos hacia arriba y no había nada. Estábamos tirados enmedio de la calle vacía.
-¡Isolda, mira!-
Volteé a ver donde me señaló Antonio. Al lado nuestro había un edificio de juguete, idéntico al edificio del cual nos habíamos lanzado.
-Esto no puede ser posible...- dije
-Tenemos que encontrar a mamá-
-Lo sé Antonio- lloré mientras tomaba el edificio con las manos y lo cargaba -Seguramente estará en casa, esperándonos en la sala, como siempre lo hace-
Antonio miró a su alrededor y vio el mar de edificios que se abría ante nosotros, todos iguales, todos idénticos... Como clones infinitos.
-El punto es encontrar en dónde quedó nuestra casa- respondió abatido.

Comentarios

  1. Creo que el punto es hallar el equilibrio en todo, aún en el simple hecho de vivir en una casa nueva.

    Saludos :)

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