Ofelia 2

-Es que debería de leer esto, es muy interesante.El único reloj hecho con el oro llevado de la conquista a Alemania, con un engranaje perfecto, con zafiros y lapislázulis y hecho de la madera del árbol donde se colgó... -
-¿Lo va a comprar o no, señor?-
El vendedor lo miraba con hastío y cansancio a través del humo de su cigarro. Antonio había estado buscando documentos que avalaran la existencia del reloj "Traumfräulein" que aparte de su fama por la exquisitez de su diseño, era conocido por la leyenda negra que lo acompañaba. Decía que sólo unas cuantas personas habían logrado verlo pero que al poco tiempo se suicidaban ahogándose, por lo que al reloj también se le conocía como "La Dama del Lago".
Antonio compró el viejo libro que describía al reloj. Y no encontró escrito en él nada que no supiera. Que había sido posesión de un joven noble alemán del siglo XIX hasta que enviudó y tiró el reloj al agua, en recuerdo de su amada esposa, quien a causa de un aborto se había ahogado en el jardín de su palacio. Que poco después de haber muerto ella, él comenzó una prolífica carrera musical llegando a ser muy famoso e incluso comparado con Mozart.

A pesar de su joven edad, Antonio se vestía como un viejo. Para él la nostalgia y el recuerdo eran su eterno presente. Odiaba su época y a las mujeres que en ella habitaban, las relaciones que había tenido habían durado muy poco debido a su taciturno y huraño comportamiento. Este viaje a Alemania había empeorado su carácter ya que solía perderse entre las calles pintorescas sin observar a nada ni a nadie. Se alejó del bullicio nocturno de las grandes ciudades y fue a perderse entre los pueblitos perdidos de Alemania. Entre más cerca del bosque y la vegetación mejor para él.
Llegó al hostal donde se hospedaba, excesivamente rudimentario, rodeado por un bosque y un lago, y seguramente usado como motel de paso puesto estaba cerca de la carretera. Se acostó en la polvosa cama y miró su maleta llena de libros. Acababa de comprar otros 4 esta mañana, atraído sólo por el título.
-" Das Tagebuch von Fräulein..."- leyó lentamente.
El libro ni siquiera tenía portada, es más, ni siquiera era un libro. Eran hojas muy, muy viejas amarradas con un hilo igual de antiguo. La escritura era elegante y sencilla... Era letra de mujer. Antonio se levantó y tomó las hojas, se limpió los lentes austeros con la camisa y desenredó el nudo... Extrañamente no tenía fechas, sólo eran párrafos distanciados y a veces escritos con diferentes tintas

"No me gusta el ambiente de este palacio. Frau J. no se comporta decentemente, se la pasa horas sentada frente al clavecín, escribiendo en esas hojas garabatos que no entiendo. Herr Johannes debería de azotarla como mi padre hacía con mi madre, pero al parecer ni siquiera está en casa.

Herr me observa atentamente. Es un hombre educado y muy distinguido. Al parecer le gusto y eso no podría caerme mejor. Si lograra seducirlo podría sacarle algo de oro, algunas joyas, lo mínimo para salir de este pueblo perdido e irme a la ciudad... O incluso a América. Lo poco que sé de ella es que es la tierra de las oportunidades, el futuro, lo que nos depara el destino.

Esta tarde me acerqué a Herr J. cuando estaba solo en su estudio. Desde ahí se puede ver el lago que adorna el jardín. Al parecer transcribía los garabatos de Frau J. y los firmaba con su nombre. Hace bien, las mujeres no estamos hechas para la música y Frau J. a veces se le olvida su condición de esposa. No es más vieja que yo, incluso creo que ella es más joven. Su padre la casó sabiamente con Herr J. cuando ella apenas dejaba de ser una niña... Hace ya varios años de eso, creo que Frau J. tendrá ahorita unos 19 años. Herr me miró atentamente y pude vislumbrar en su mirada el deseo que su esposa le dejó de encender desde hace años, desde que comenzó a tocar el clavecín.
Me dijo que cerrara la puerta y que luego me acercara a él. Lo único que puedo decir es que cada vez estoy más cerca de América y más lejos de aquí

¡Me regaló un hermoso reloj! Es tan bonito y elegante, creo que éste no lo venderé, como las demás joyas que me ha dado... Es de oro y tiene detalles en madera y en zafiro... Parece como los reflejos del agua cuando el sol cae en el lago del jardín. A pesar de que no soy muy culta, sé el valor de las cosas y de vez en cuando puedo apreciar la verdadera belleza. No quisiera que Frau J. me guardara rencor, realmente no lo hago por dañarle sino simplemente porque no quiero seguir viviendo como sirvienta, quiero lograr conseguir algo de dinero ya que no puedo conseguirme un marido. De cierta manera la envidio, porque incluso cuando yo esté con Herr J. ella seguirá siendo su esposa. La culpa, claro está, no es de su marido sino de nosotras las mujeres.

¡No encuentro mi reloj por ninguna parte! Se lo debieron de haber robado las otras sirvientas... Malditas, seguramente lo malbaratarán en el mercado por cualquier tontería.

No voy a escribir mucho, no puedo. Sólo escribo para no desmayarme. Dios me asista, no puedo soportarlo.
Esta tarde descubrí que Frau J. había encontrado mi reloj. Yo estaba limpiando el estudio de Herr J. cuando los vi paseando por el puente del lago. Ella se veía agobiada y muy triste. Realmente es muy hermosa. Su cabello negro estaba suelto y su vestido rojo la hacía ver más pálida. Herr no notaba la melancolía en su porte. Ella le mostró el reloj, el cual brillaba con los destellos del sol, hasta parecía agonizar entre tanto brillo, como si la luz le arrancara los reflejos. Herr se mostró impávido y sacó de su levita algunos papeles, las partituras que había estado transcribiendo, se los mostró a su esposa y ella abrió los ojos con terror. Comenzó a llorar y miró al suelo, él simplemente la tomó de los hombros y trató de posar su cabeza contra su cuello. Sólo yo pude notar cómo la mirada de Frau Johannes cambiaba de tristeza a ira mientras leía las partituras. Se veía indignada, comenzó a romper las hojas y le gritaba "Traidor" "Ladrón" a su esposo con furia mientras el reloj revoloteaba en sus manos. Herr sólo la tomó de las manos con mucha fuerza y noté esto porque Frau comenzó a gemir de dolor, sin embargo su enojo le hizo escupirle a la cara. Herr se enfureció tanto que la soltó y la golpeó en el rostro, ella seguía tan enojada que le pegó en la cara con el reloj... Herr, enfurecido por la ira la empujó tan fuerte que ella cayó al agua... La pesadez de sus vestidos hicieron que se hundiera muy rápido. Yo no podía creerlo, no puedo creerlo. Esa misma tarde escapé del palacio y ahorita estoy en el pueblo vecino, esperando a que pase algún granjero o trotamundos que me lleve a la capital y de ahí huir a América, las joyas que me dio Herr seguramente servirán de algo..."

Antonio estaba extasiado.
Los nombres y la descripción del reloj concordaban perfectamente con lo que sabía de él. Sin embargo, la historia era diferente. Tenía que contárselo al mundo... No era precisamente haber encontrado el reloj, pero desmentía el romance que llevaba su leyenda. ¡Pero qué! Eso significaba que la música de Werner Johannes no había sido escrita por él sino por su esposa. Desbancaba por completo al más grande músico del siglo XIX. Tenía que mostrárselo a alguien... Pero primero tenía que despejar su mente, saldría al patio del hostal para tomar aire. Caminó sin rumbo durante hora y media hasta que se topó con el lago. Esperando lo imposible, Antonio se puso a buscar con la mirada el reloj. Se empezó a reír de lo absurdo de su plan y se disponía a ir cuando vislumbró entre la hojarasca un destello dorado. Bajó del puente y con trabajo llegó a la orilla del río. Y no pudo creerlo, ahí estaba el reloj. Inmaculado e inmune a la corrupción del tiempo. Lo agarró y se sentía muy pesado, parecía...
-Haber estado cargando todos estos años en su engranaje- dijo una joven justo al lado de él. Estaba la mitad de su cuerpo dentro del lago. Tenía el cabello negro, largo hasta la cintura y se hubiera espantado si hubiese estado vestida a la usanza del siglo XIX pero no, llevaba un abrigo rojo y una falda negra con medias del mismo color, a través del agua pudo ver sus zapatos de plataforma.
-¿Sabes cuál es éste reloj?- preguntó asustado de que fuera de ella, la ambición de tenerlo era demasiado grande... Estaba dispuesto a robárselo si fuera necesario
-No, no lo sé o no sé si no quiero recordar cuál es. ¿Lo quieres?-
Antonio titubeó.
-Sí, lo he estado buscando desde hace mucho tiempo, colecciono relojes y éste sería el más valioso de mi colección-
La muchacha sonrió con tristeza.
-Sí, ése reloj es muy codiciado, lástima que no se pueda decir lo mismo de la dueña. Conozco la historia, yo también había estado buscando ése reloj desde hace tiempo-
-Dijiste que no sabías de él-
-Pero después dije que no quería recordarlo. Lo encontré hace muchos años entre los cajones de un viejo palacio pero al saber la historia de él, decidí tirarlo al agua. Ya me iba de este lugar cuando tú llegaste a recogerlo-
-Es una joya muy valiosa.-
-Yo buscaría su valor por la historia, ya sabes desbancar a Werner Johannes como el compositor del Siglo XIX. Sería una venganza apropiada para Constanze.-
-Claro, éso es lo más importante... Imagínate yo tendría el reloj y el crédito de haberlo desenmascarado...-
-¿Has estado enamorado?- preguntó la muchacha, Antonio no le prestó atención. Observaba con detalle el reloj, lo saboreaba con la mirada, saboreaba el triunfo de su colección al fin completada.
-¿Qué?-
-Yo estoy enamorada del pasado, ¿sabes? a veces siento que ésta no es mi época-
Antonio se sentía exactamente igual. Levantó la mirada para ver a la chica, era realmente hermosa...
-Sí, sí he estado enamorado... Pero nadie comprendió mi amor por la nostalgia y tuve que echarlas de mi lado-
La mirada de la joven se clavó hondo en sus ojos. Antonio de repente olvidó el reloj y se acercó a ella...
-Pero tú, parece que aprecias lo antiguo... Parece que tú y yo nos entendemos-
-Lo dices por el reloj... Si realmente piensas que estás enamorado de mí, tíralo al agua-
Antonio salió de su trance... No, el reloj era más importante, trató de retroceder pero el lodo hizo que se resbalara.
De repente notó que la muchacha estaba como sentada a la mitad del lago, vestida a la usanza del siglo XIX. Y que ella tenía el reloj entre los dedos.
-Ven, renuncia al reloj y ven conmigo. Éste reloj no me ha traído más que dolor. Todos vienen por él, nadie viene por mí. Durante años he estado atrayendo hombres jóvenes a la orilla del lago, jóvenes apasionados por el pasado y la nostalgia, que se sienten fuera de época a quienes nadie entiende.-
Pero la tentación era demasiada... El reloj.
-¿Nada? Bien, supongo que la leyenda continuará... ¿Adivina quién llevó a ti el diario de la sirvienta? Yo te atraje a mi pensando que atraería mi salvación y sólo te atraje a la muerte. Yo he sido la mayor promotora de la leyenda... Gracias a mí sabes del reloj-
-El reloj...-
Constanze se hundió poco a poco en el agua, Antonio trató de subir al puente pero unas plantas se enredaron en sus tobillos y empezaron a jalarlo dentro del agua, el lodo se volvió más resbaloso y las piedras parecieron hundirse en él, como para evitar que escapara. Los lentes se empañaron con el agua y el apenas si podía mantenerse a flote, las hojas y los lirios lo jalaban dentro.
Cuando estuvo completamente sumergido pudo ver a Constanze flotar en el agua, su cabello parecía una telaraña negra y sus vestidos ondeaban alrededor, de repente se arrepintió de no haberla escogido a ella y trató de nadar a su lado, sin embargo escuchó decir "Es demasiado tarde" con un movimiento de manos hizo que las lianas se enroscaran en su cuello. Trató de zafarse con las manos pero eso lo hacía hundirse más... Ni siquiera podía moverse ahora, las lianas lo tenían todo amarrado. El agua comenzó a meterse en su boca y en su nariz... Al poco tiempo, Antonio yacía en el fondo del lago, junto con el reloj.


Phillip observó algo brillando en el lago. Parecía un reloj. Tal vez sería el de la leyenda. La de Constanze Johannes, hace años encontraron un diario de una sirvienta que vivía en el Palacio Werner y gracias a eso se desbancó a Werner como el mejor compositor de su época. Como amante del pasado, Phillip buscaba el reloj no tanto por la joya sino porque había pasado por las manos de Constanze.
Phillip buscaba el reloj por ella, no a ella por el reloj.
Bajó a tomar el reloj cuando una joven se le apareció por detrás.
-¿Sabes cuál es éste reloj?- preguntó Phillip con el corazón latiéndole como loco
-No lo sé y si lo sé, no quiero recordarlo... ¿Lo quieres?-
-Realmente no- dijo Phillip tirando el reloj al lago.
La muchacha sonrió y se alejó del agua.


Comentarios

  1. A mí me gusta mucho. Creo que pueden entrar fácilmente (y posiblemente ganar) un concurso que estoy en. Te enviaré la invitación si quieres, sólo tienes que estar de acuerdo en participar. Mañana en su correo electrónico.

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