De por qué Wittgenstein pidió la avant-garde en las trincheras de la Primera Guerra.

Es posible que mi personalidad se deba en gran parte a la lectura de "Las flores del Mal" de Baudelaire. Leer eso a los 15 años no le hace bien a nadie, seguramente. Es posible que mi vida haya sido privilegiada, pero, es privilegiada en un sentido bastante seco, bastante estéril. Ciertamente no hay nada en mi infancia digno de mención, tal vez simplemente el que parece que yo haya sido una niña superdotada. Y de ahí no hay nada más allá de lo que cualquier artículo sobre niños superdotados pueda decirte.
Pero... tal vez la herida inyectó algún líquido extraño dentro de mí. Como la sensación de estar siempre perdiendo el tiempo. Como el miedo intermitente a la soledad, como el miedo acechando desde abajo de la almohada.
Y pasará tanto, tanto tiempo hasta que yo pueda dormir con alguien toda la noche. Y ese miedo me estará vigilando cada día que el sueño no pueda apaciguarlo.
Mucha gente no se da cuenta de eso. Lo sé. Pero yo sí lo he visto en sus miradas. Es una mancha tan arraigada que uno piensa que es parte del paisaje, del piso. Pero no lo es. Cuando se dan cuenta de ello van y tratan de hacer algo al respecto. Y van a terapia, o rezan, o se superan o confrontan sus problemas. Pero eso simplemente es una cubetada de agua con jabón.
Y no lo tallan, a veces se requiere de una espátula y cloro para deshacer la mancha.
Pero, ¿dónde están esa espátula y el cloro?
¿Realmente existe esa mancha o es simplemente un delirio?
Ignorándola, sólo se crea un sentimiento de culpa y de vergüenza que lo persigue a uno incluso en las tareas más bizarras de encontrar.
No puede cambiar un foco, subirse al metro, hacer un huevo, acostarse en la cama y pretender tocarse un rato, estar con la familia, embriagarse sin que esté esa mancha que lo atosiga a uno.
Tal vez es lo que los cristianos-católicos llaman pecado original, tal vez es la cicatriz de la herida hecha hace mucho tiempo cuando los humanos eran hermafroditas.
Tal vez.
Encontrarse con ese hecho marca de distintas maneras a la gente. Pero no es algo que suceda sólo una vez en la vida, oh no, sucede muy seguido, a diario incluso. A veces está tan presente que se hace obvio y reluce como una herida en forma de adicciones o intentos suicidas.
Pero lo más peligroso es cuando es silencioso. Cuando nadie aparte del afectado se da cuenta. Cuando se da cuenta de que esa mancha es irremediablemente suya.
¿Se puede limpiar? Sí, aunque tal vez no por completo.
Y a ese medio limpiar de la mancha se le llama paz interna.
A veces, sólo a veces, al enfrentar la muerte, al recuperar el aliento después del clímax o al ver a la naturaleza la mancha parece desaparecer.

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