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Mostrando entradas de abril, 2012

EdS

A Gerardo Martínez. Yo no sé si clamando tu nombre te llamo a ti. No sé si estás ahí, si sigues vivo detrás de las palabras, abasteciendo de significado a mis suspiros. ¡Quién sabe si mi poesía descansa en tu persona o sólo es un sin sentido! No sé si desnudándote la esencia, quitándote a tus padres, amigos, lugares o tiempos seguirías siendo mío. No sé si me acerco más a ti sólo por repetir incansablemente tu nombre en papel o en aliento. ¿Realmente existe ese lazo inquebrantable entre tú y aquél que carga tu mismísimo nombre? Por eso yo no sé si clamando tu nombre te llamo a ti.

Al tlp

Me llevas siglos de ventaja. Me separan de ti 400 guadañas desde la más filosa hasta la más oxidada. Qué importa. Peldaño a peldaño, ¿me acerco o me alejo? Ante tu tumba, muchos se han postrado, no sería ni la única ni la primera. Al final de todo, ¿terminaré entendiendo o sólo adoraré la escalera?

La cárcel de las pieles

Ahora que estás tan lejos, encerrado entre barrotes de silencio, ¿qué es un recuerdo entre tantos huecos? Se me congelan los dedos, eso lo sabes bien, ¿y si tú también lo sientes y si la celda es doble? Esta cárcel de las pieles nos tortura con cada roce, siento como tiembla, cómo los guardias nos gritan con tambores, cómo la luz marca los pasos de los días y las noches. La correspondencia no es tu alma, el papel jo son tus ojos, ¡Escapemos de la torre de melancolía, de la puerta resignada que a suspiros se ha cerrado! Yo sé que vale la pena tratar de huir con nuestras manos, tejer una cuerda con los labios y correr a la salida. No sé dónde nos refugiaríamos, no sé si prófugos sobreviviríamos, ¡qué más da si nos perdemos o si morimos! Tengo la certeza de querer cruzar los bosques juntos fugitivos, realmente es mi voluntad perder todo este castillo de silencios infinitos. Regresar a escondidas al país del que nos echaron o del que nos fuimos y si ya no existe o si f...

Ahorcado.

A Gerardo Martínez De la Torre. Tengo miedo de mí misma, de que mis palabras huecas se llenen de la pólvora de la ausencia. ¿Ausencia? Encendidas no por la chispa que incandescente brilla al final de mis dedos si no por la cruel asfixia que el silencio causa. Mis labios resecos buscan humo ya que el aire calcina frío cuando es prístino y puro, pero mi sangre cabalga como loca, intentando llegar a tiempo a la horca en mi garganta.