Carta 1 y 2
Sí, estaba sola y aburrida. Las ganas de salir se me iban en cuanto conseguía con quien salir. Porque de alguna manera, la soledad es un laberinto dentro de uno mismo. Ya había dado un primer paso para salir de ella, que era meterme a un curso de alemán pero veía como a los demás les llegaban los viajes, las salidas, todo lo que yo quería con aparente facilidad. O más bien, yo también me había esforzado y no podía creer que mi esfuerza no valía para conseguir al menos lo mismo.
Tal vez es la soberbia hablando, mi plan de buscar trabajo fue en vano, había muy pocas cosas que podía hacer (que fueran productivas para mí) y en las que me aceptaran. Las personas que empezaba a conocer no eran lo que yo esperaba y al parecer yo tampoco lo era para ellas.
Comencé a pensar que las supuestas amistades que tenía eran más verbales que de compartir experiencias. Y yo también era culpable de ello. No las buscaba, no les hablaba para preguntarles cómo estaban y si no estaba de humor, declinaba sus invitaciones. Parecía como si de verdad me hubiera absorbido el espíritu del aislamiento.
Mis ensoñaciones despiertas tampoco me ayudaban en lo más mínimo. Ya no tenían el efecto que antes tenían. Trataba de no dejar que la desesperación me embargara, una sensación de ahogamiento que venía desde mi pecho, casi podría decir que del corazón. Perder las esperanzas totalmente, pensar que en realidad nada de esto iba a cambiar. Un pensamiento en realidad muy tonto porque yo tenía la posibilidad de cambiarlo, aunque a veces dudaba de que fuera así realmente. ¿Conocer a alguien? ¿Dónde? Tengo pocos conocidos, sí he salido a fiestas, sí le he hablado a desconocidos, si he bailado, conocido más personas, etcétera. Pero parece como si ninguna fuera la adecuada. Como si nadie quisiera estar conmigo.
Muchos conocidos me dicen que espere un poco más pero no sé si funcione. No sé si la espera es interna o externa. Me dicen que me deje de importar pero cada noche soñaba con abrazar a alguien, con besar a alguien... Hace tanto tiempo que no me gusta alguien, hace tanto tiempo que no me he enamorado de nadie.
No significa que no haya querido progresar como persona. Tal vez sí me he descuidado mucho desde que salí de la carrera. Tal vez sí he abandonado las enseñanzas que me habían sacado del abismo en primer lugar. Sería solamente retomar el camino que olvidé por orgullo o por descuido.
Una cosa me tranquiliza y es que ya logré una vez apaciguar la desesperación. No recuerdo muy bien cómo pero ya lo he logrado. Es que la soledad es tan pegajosa, parece aceite, gasolina... El olor no se quita y agua y jabón no son suficientes para deshacerte de ella. Además de ser potencialmente fatídica.
Quisiera preguntarte cómo estás tú, qué sientes, qué piensas. Acerca de todo, de la vida, de la soledad. Tú eres una de las personas a las que veo y pienso que se vida ha tomado un giro para mejorar, pero claramente lo digo desde afuera. No sé por qué cosas hayas pasado, por cuáles emociones ni nada de eso. Eres de las pocas personas a las que le tengo confianza para hablarles de la desolación. Desde la pérdida de mi amigo en las Islas Canarias, ¿lo recuerdas? Ahora volvió a su natal Perú y quiere volverse sacerdote. Nada me gustaría más que tener una amistad como la que tuve con él contigo.
Realmente espero tu carta de respuesta.
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Sé que no verás esta carta porque no tienes que verla. Que nuestra relación quedó dañada en una manera que no tiene remedio. Terminó inclusive antes de empezar aunque si me preguntaras porqué fue así, no tengo una respuesta que darte. Tal vez simplemente una mala sincronización y el recelo que quedó de las veces anteriores. Han pasado meses y también han pasado años. Nos hemos visto muy pocas veces, hemos compartido más dolor que felicidad. Mi desesperación, mi horrenda soledad y tu desconfianza, tu dolor y tu demencia hicieron de todo un matraz de auto-destrucción. But let me tell you once again, I am not Miss Take. Por más que me intentes echar la culpa en tu memoria, por más que yo quiera deshacerme de ella, la verdad es que ambos fuimos los culpables de lo lastimados que salimos.
Por no hablarnos con la maldita verdad, por suponer cosas del otro, por aferrarnos a que el otro sería la salvación de nuestros días. Por no poder darle vuelta a la hoja, o tal vez tú ya lo hayas logrado, mi Coronel. Tal vez mi carta te llegue como el aroma de un libro viejo que nunca te gustó el final. Un hedor familiar y desagradable que simplemente quisieras erradicar.
Ojalá pudiera prometerme a mí misma que no te mandaré nada de esto, que la soledad es mía y que puedo deshacerme de ella. Pero quiero preguntarte, ¿por qué no puedo? ¿por qué no puedo tener lo que quiero? ¿Por qué la gente no quiere salir conmigo o por qué no puedo pedirles que lo hagan? Las cosas no me salen naturalmente. Ya que esta carta nunca llegará a tus manos puedo aprovechar para convertirla en un monólogo.
Me duele demasiado la cabeza y quisiera fumar pero al mismo tiempo no. ¿Para qué? Salir a la misma calle para hacer lo mismo que hago cada vez que me siento así...
Nunca volverás a leer ninguna línea mía.
Y no precisamente porque yo lo elija sino porque tú así lo quisiste. Y porque yo accedí a ello. En realidad, no teníamos otra solución. Más bien, era el único camino a seguir.
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