Supongamos
Sí, uno puede pensar, sumergiéndose en las oscuras corrientes de las ensoñaciones diurnas, que todo está conectado de alguna u otra manera. Para pasar el tiempo solamente imaginemos por un segundo que yo te veo. Sí, parada frente a ti, mi mirada cruzando mesas, sillas y las espaldas y perfiles de otras personas. ‘¡Increíble!’ podrás pensar, tallándote los ojos creyendo que es un espejismo. Pero supongamos que esta vez no es así y realmente, realmente estoy frente a ti. Con los ojos negrísimos clavados en los tuyos más claros, una sonrisa que se dibuja conforme me empiezas a reconocer. Tus venas y arterias, al igual que las mías, sufrirán un momento debido al aumento en su cauce. Como si tuvieras más sangre porque efectivamente necesitas más. Más rubor en tus mejillas, más tono en el bum, bum que resuena en tu garganta. ‘¿Será verdad?’ pensarás de nuevo, inventando cualquier excusa para alejarte de tus compañeros, tal vez incluso no les digas nada. ¡Quién necesita justificar su partida cuando el universo entero se ha propuesto el que me vieras! Conocerías mi estatura comparada con las cosas que cotidianamente vez, conocerías el volumen de mi rostro, de mi pecho, de mi torso. La caída de mi cabello acompañada del fru-frú que éste hace cuando me muevo. Porque todo se silenciará en ese instante, todo lo demás adquirirá un tono grisáceo. Conforme te acerques a mí, el ruido regresará, las otras conversaciones, la música que tanto te agrada. Al igual que las cosas que cotidianamente vez se volverán cada vez más irreales... ¿Realmente podría ser que yo estuviera ahí? Y sí. Recargada en una silla, con las manos blancas de la presión que ejerzo sobre ellas. ¿Me creerías si te digo que yo estoy más nerviosa que tú? Viajar tanto, tanto para lograr verte. Simplemente por el placer de hacerlo y de sorprenderte. Claro que me gusta presumir.
No quisiera imaginar el tacto. Tu palma contra mi suéter delgado que allá se acerca la primavera, el sentido que más nos conecta con la realidad. ¿Cómo podrias comprobar que realmente existo si no es tocándome? Mi rostro ahora más cerca. Notarás el aroma que tengo, tal vez extraño a tu país, a tu hemisferio. Finalmente mi voz. Directa. Las pulsaciones de mi boca a tu oído. Mi verdadera voz saludando con un tinte de luz extranjera. Se nota que no soy de ahí.
No te detendrías a preguntar cómo le hice para lograr llegar. Los milagros no requieren explicación porque perderían su encanto. Además, la realidad no cabe en una ficción. Tendría que describir todo, paso por paso. Y el tiempo le quita efervescencia a la ilusión, a lo maravilloso.
Dejémoslo con el el lustre de la imaginación.
Para pasar el tiempo solamente imaginemos por un segundo que yo te veo.
Comentarios
Publicar un comentario