Cielo Líquido


La mañana pálida y fría se vio anunciada no por la salida del Sol sino por la alarma del Alba, un lejano sonido suave que despertaba a todos los habitantes de la Ciudad. El Insomne, sin embargo, esperaba a la aurora con los ojos abiertos recostado en su cama. Estaba cansado de no poder dormir.El niño entró a la habitación, la cual estaba completamente vacía con paredes pintadas de amarillo, el techo era de agua de un azul tan intenso, tan maravilloso y el cual se expandía majestuoso ante sus ojos como un cielo líquido. Pero él era demasiado pequeño para subir solo. En la esquina, oculta entre las sombras había una silla vieja, idéntica a la de la Emperatriz. La silla se movió girando desde su esquina hasta el centro de la habitación.Del otro lado de la puerta comenzaron a escucharse golpes, la perilla giraba frenéticamente. Su familia intentaba entrar a la habitación-. Al borde del pánico, el niño se subió de un salto a la silla, justo cuando ellos abrían la puerta, la Emperatriz le jalaba la ropa a uno de ellos en vano, eran demasiado obstinados. Se movían todos juntos en masa, como si fueran miembros de un mismo cuerpo monstruoso.Los días se le habían vuelto monótonos y sin sentido desde aquella noche en la que pudo observar una luna azul desde su ventana. Sin saber por qué, se levantó de su lecho, cruzó descalzo su desnuda habitación y abrió las persianas en un solo movimiento. La luz de la luna lo cubrió como una helada cascada, lo bañó en un tono de azul indescriptible y tan intenso que el Insomne abrió la boca para tratar de beberlo. Desde ese mismo instante comenzó a soñar despierto con paisajes de los azules más preciosos. Entonces supo que la única manera de retener en la memoria de su retina ese magistral color, era si soñaba dormido. El problema era que aunque se cayera en un profundo sueño, en ese lugar nadie soñaba por las noches.La clave para su lograr su deseo se la dio La de la Ventana, otra renegada de su labor quien carecía de pasiones y quien pasaba toda su vida recargada en el alfeizar negro de su ventana viéndolo todo pasar. La de la Ventana también había visto el azul de la Luna, la había visto desde hace mucho tiempo sin que despertara en ella nie el más mínimo impulso por salir de la Ciudad, tan anestesiado estaba su corazón. La de la Ventana conocía muchos secretos, pequeñas criaturas esponjosas que se escondían en los rincones, las escuchaba en sus carreras por encontrar un oído que les prestara atención. Los secretos, con sus pálidos cuerpecitos y sus ojos vacíos sólo eran visibles para quien los buscara; La de la Ventana, ávida por observarlo todo, estaba más que dispuesta a ponerles atención. Uno de ellos le contó a La Que Cosecha Secretos (nombre que La de la Ventana se había ganado por su diligente labor de chismosa profesional) del sueño tan anhelado del Insomne, a quien le tenían prohibido dormir, y otro secreto, más joven le contó cómo podía hacerlo realidad. La de la Ventana, movida por su eterna curiosidad de verlo todo, le mandó un mensaje al Insomne donde le decía que ella podía ayudarlo en su recién adquirido deseo.La Que cosecha Secretos le repitió al Insomne todo lo que el secreto le había dictado al oído:“He de decirte que todos los rumores mencionan a la Esperanza, una vieja que vive a las afueras de la Ciudad y quien tiene el poder de conceder deseos. Sin embargo, los secreteos me han dicho que no es gratis, siempre cobra un precio que podría parecer algo pero en realidad es justo” La de la Ventana se quedó callada por un momento y luego continuó, observando con detenimiento al Insomne: “Los secretos me han dicho que tú no dejas que nadie vea tu sombra. Pero para que La Esperanza pueda concederte un deseo es absolutamente necesario que la lea. Los secretos me han dicho que para ti eso es parte del precio a pagar. La Esperanza vive en las calles donde el pavimento ya no tiene ceniza, para llegar sólo tienes que buscar los lugares donde el blanco del suelo sea opacado por el color de la obsidiana debajo. Sigue los caminos grises hasta que se vuelvan negros” El Insomne le agradeció a La de la Ventana y le preguntó cómo podía pagarle ese favor. La que Cosecha Secretos sonrió enseñando los dientes: “Estoy muy cansada” dijo misteriosamente. El Insomne guardaba a su sombra en un morral de piel roída por el peso de lo que ésta representaba. Nadie preguntaba por ella y él jamás hablaba del tema. Mejor así.Todos los habitantes de la Ciudad guardaban su pasado dentro de su sombra y el Insomne no quería que el suyo saliera a la luz. El Insomne caminó a través de la Ciudad y sus calles de edificios blancos, cielo gris y pavimento negro. Todos los rascacielos tenían espejos, reproduciendo infinitamente el estéril paisaje. Atravesó la perpetua ceniza blanca que caía, siempre soñando despierto con llegar a sus campos de flores azules, a sus lagos de hielos eternos y a sus océanos llenos de luces marinas. Todos esos escenarios tan distintos a la imagen ascética que prevalecía en el Centro, todo tan sofisticado, tan artificial, tan falto de vida. Ahora, con los pies cansados y la espalda entumida por el peso de su sombra, el Insomne comenzaba a dudar de su travesía. Se sentó en la acera y miró la bóveda tan parecida a la ventana del que cosecha Rumores, sucia, taponada de nubes grises retro iluminadas por una luz cegadora; tenía que llegar al Campoazul. No podía seguir viviendo sin poder saber qué se sentía ver ese azul más allá de sus frágiles ilusiones. No podía seguir viviendo sin poder soñar dormido. Conforme el suelo iba perdiendo el lustre albino, se le dificultaba caminar. Al parecer la ceniza servía como amortiguador y en ese momento, cuando sus pies tocaban por primera vez el suelo desnudo, se dio cuenta de lo pesado que era andar cargando su sombra. La casa de la Esperanza era muy grande y vieja. No estaba abandonada pero tampoco estaba cuidada. Tenía un techo a dos aguas sobre el cual subían otros tres pisos más, para terminar en un pararrayos negro. El pasto era verde deslavado por los rayos del Sol que traspasaban las nubes, el adoquín marrón estaba mugroso y sus tejas antes rojas lucían ahora rosas por la erosión de los años y del viento.El Insomne see acercó al zaguán metálico y suspiró hondamente antes de tocar. La puerta se abrió como si su puño fuera un imán del mismo polo.Entró. La madera húmeda lo hizo estornudar varias veces, no había esos materiales allá en la Ciudad.La habitación se le hizo tremendamente conocida al Insomne, como si ya hubiera estado dentro de ella, como si alguna vez hubiera leído un cuento de hadas que la describía. La Esperanza estaba sentada en una mecedora y lo invitó a pasar con un movimiento de mano. Ella estaba sonriendo y aunque nadie en ese lugar tenía familia, el Insomne súbitamente conoció el significado de la palabra 'Abuela'.-Abre tu morral- le dijo sin más preámbulo, el Insomne se detuvo en seco y apretó su morral contra su pecho, la mirada vacía de la Esperanza y su sonrisa que más bien parecía una mueca lo amedrentaron. Entre sus blaquísimos dientes colgaba un cigarrillo del cual emanaban listones de humo--Abre tu morral- repitió con un tono levemente más severo. Él sintió como si le pasaran unos hilos por el cuello y la nuca, volteó asustado pero no había nada. No había notado que el ambiente estaba lleno de espirales de ese humo, que hacían figuras maravillosas, éstas se transformaron en pequeñas personitas que bailaban en el aire, se acercaron a él y se sentaron en su hombro. Asombrado por sus movimientos, lo agarró desprevenido el que esas personitas de pronto mutaran en listones que tomaron el asa de su morral y que con un movimiento rápido lo jalaran a las manos de la Esperanza. El Insomne trató de moverse pero los espirales rodearon sus tobillos y sus muñecas, inmovilizándolo.La Esperanza abrió con delicadeza el morral y sacó un conejo negro, la sombra del Insomne. Su suave pelaje brillaba con la poca luz que lograba entrar a la habitación, la Esperanza apagó su cigarrillo y el Insomne pudo moverse. Ella acarició al nervioso conejo hasta que éste cerró los ojos.-Tú y yo sabemos que no puede dormir. Me has pagado la mitad del precio pero todavía falta para cumplir tu deseo, tu sueño de querer soñar con el azul es muy atrevido, tú eres el Insomne, el único que no puede dormir en la Ciudad y esa es tu función: Para velar el descanso de los demás, en tus hombros recaen sus angustias y sus miedos, todo aquello que no los deje conciliar el sueño por la noche. Si tú durmieras, los demás tendrían que sufrir por ellos mismos. ¿Ves la magnitud del deber que se te ha concedido?-El Insomne vio con lágrimas en los ojos a su pequeña sombra sin decir palabra alguna.-El pelaje de esta criatura está empapado, tú se lo mojas llorándole causando que pese demasiado. Tu falta de sueño y el color azul están relacionados con el peso de tu sombra, si quieres llegar al Campoazul debes dejar que tu sombra deambule libremente a tu alrededor, ya no podrás guardarla en el morral. Para que puedas llegar a ver ese color azul que tanto anhelas tienes que aligerar el peso de tu sombra.-La Esperanza deshizo el morral, placenta de la sombra, con la pequeña chispa de su cigarro. La pequeña luz iluminó su rostro y sólo en ese momento, el Insomne vio cuán vieja era ella.-Yo no tengo tu sueño de azul, lo tiene la Archivadora de Sueños, la que yace en las Escaleras. Ella se encarga de soñar todos los sueños de los habitantes de la Ciudad, todas las imágenes hermosas que ellos logren imaginar ella las archiva en un edificio, donde mueren a falta de alguien que pelee por ellas. Pero ya se cansó de vivir en un mundo de reflejos e ilusiones, quiere despertar, y como tú, está yendo en contra de los designios de esta Ciudad. Ella tiene tu sueño y para que tú lo consigas tienes que despertarla antes de que se pierda en el archivo muerto. Sin embargo, su sueño es tan profundo que sólo una cosa puede despertarla, algo diametralmente opuesto a los sueños de etérea belleza que consumen su vida. Debes dejar que ella toque el pelaje de tu conejo, que ella sepa de tu pasado. Tienes que hacer que ella vea la pesadilla de tu pasado, tan terrible que quiebre el encanto que la mantiene dormida. El precio a pagar es romper el voto de secrecía que rodea tu sombra El Insomne regresó a la Ciudad, su sombra brincoteaba a su lado, a veces se detenía temerosa a oler el aire. Poco a poco se secaba su pelo negro. El escenario citadino le pareció tremendamente frío y estéril, aún más que antes. Su conejo apenas si se asomaba la cabeza por encima de la ceniza del suelo. El Edificio de los Sueños era el más alto de la Ciudad, era rectangular hasta la mitad puesto que lo coronaba una cúpula de vidrio que contenía un humo blanco, materia prima de las nubes que tiraban ceniza constantemente.“Los sueños que llevan mucho tiempo archivados son quemados en lo más alto del edificio”Subió las escaleras de vidrio esmerilado, el interior del edificio era todo transparente y luminoso. La negrura de su sombra resaltaba casi dolorosamente entre el blanco del suelo y las paredes. Nadie vigilaba el edificio, es más, no se había encontrado a nadie además de La de la Ventana y la Esperanza, como si todo mundo hubiera desaparecido. Sin pensarlo mucho porque temía desistir, llegó hasta donde terminaban las escaleras y comenzaba la cúpula llena de nubes.No había nada en las escaleras y las había recorrido todas. Trató de no sumirse en una incomprensible desesperación que le vino al pensar que tal vez todo había sido una trampa, que La Esperanza lo había engañado para poder saber de su pasado, alejarlo de sus deberes y hacer que le castigaran. Se sentó en un escalón y dejó que su sombra vagara por el lugar. Ahí el suelo también estaba lleno de ceniza... El blanco inmaculado súbitamente fue ultrajado por un rojo carmesí que cayó del suelo, un rojo de sangre fresca.Volteó hacia arriba y la encontró. Flotando, pegada contra unas escaleras horizontales que recorrían el techo de cristal, estaba la Archivadora de Sueños. Dormía apaciblemente entre sábanas blancas que se movían como si estuvieran bajo el agua, su cabello también parecía moverse con la delicadeza de un alga marina. La sangre venía de uno de sus dedos, entrecruzados sobre su estómago.El Insomne se preguntó cómo iba a lograr que ella tocara al conejo si el techo se erigía al menos unos seis metros sobre el suelo.Si se subía al altísimo barandal de las escaleras y estiraba los brazos, tal vez podría llegar a ella. Con dificultad se sentó sobre el tubo negro con el conejo en los brazos, alzó la cabeza, la de las Escaleras realmente estaba rodeada por agua, si él se levantaba sobre el barandal ésta le cubriría hasta el cuello al Insomne. Poco a poco fue poniéndose de pie, cargó a su sombra y estirando hasta la última de sus fibras musculares, le acercó el conejito negro a las manos... La Emperatriz La Emperatriz estaba sentada en una silla de madera vieja en medio de una habitación oscura. Además de ella, había una litera desvencijada donde una familia esperaba agazapada, como si temiera que los encontraran. En medio de todos, estaba un pequeño niño mirándola. Las paredes eran negras y una puerta corroída y llena de termitas cerraba el paso. La puerta estaba extrañamente iluminada, a diferencia de todo lo demás en la habitación, como si estuviera en un escenario de teatro y las luminarias estuvieran sobre ella. Del otro lado había una ventana que daba a un muro de ladrillos grises cuyas cortinas eran unas cobijas viejas y polvosas.“Creo que no conoces la naturaleza de la situación, niño. No puedes salir, ¿crees que esto es un juego? Si intentaras moverte te pondrías en un gran peligro” dijo la Emperatriz sin mirar a nadie en particular. Como si declamara los versos de un poema a un público inexistente.Los grandes ojos del niño la observaron desafiantes. Tenía grandes ojeras debajo de esos faroles oscuros, apenas estaba vestido con un pantalón roído y una camiseta agujerada.“Si quieres arriesgarte tienes que saber que vas a perderlo todo, aquí no hay medias tintas, si sales no puede mirar atrás”La Emperatriz sacó de su bolsillo unos dados blancos, estiró la mano hacia el niño, ofreciéndoselos.“Si estás de acuerdo con eso, tira los dados”El niño se levantó de la cama, sus familiares lo intentaron detener agarrándolo de los brazos, las piernas pero él siguió, quitándoselos de encima con un movimiento firme.“¿Cómo debo de lanzarlos?”“Tira los dados al azar”El niño los aventó hacia la puerta. La Emperatriz se levantó de su silla, tomó al niño por los hombros, y con un movimiento de mano y como por telequinesis, abrió la puerta para aventar al niño del otro lado: “¡Corre hacia la otra habitación!”
Los que estaban sentados en la cama se levantaron furiosos, querían ir por el niño pero se movían en cámara lenta, al niño le costaba muchísimo trabajo mover las piernas; La Emperatriz, quien era la única con libertad al moverse se interpuso entre los demás y el pequeño. Los familiares la atraparon y comenzaron a desgarrarle la ropa, morderle la piel desnuda. El niño apenas si podía mover las piernas. Volteó una última vez atrás y pudo ver cómo sus familiares habían tirado al suelo a la Emperatriz, uno de ellos se acostó encima de su cuerpo desnudo y maltrecho.El infante pasó a la otra habitación, gritando. La puerta se azotó detrás de él. Lo último que pudo vislumbrar fue la mirada suplicante de la Emperatriz, quien se llevó una mano a la boca y le dijo “Shh” antes de que su rostro se tranformara en el de él.“No resistirá mucho, tienes que subirte” escuchó el niño. La voz de la Emperatriz sollozaba“Pero sigue girando” dijo aterrado“Tienes que subirte, es la única forma de salir de aquí. Cuando ellos terminen conmigo irán por ti”
El corazón le latía vertiginosamente, el azul tenía que engullirlo, tenía que escapar. Con las manos temblando, tocó el agua, de un fuerte brinco sumergió la mitad del cuerpo, escapando por centésimas de segundo al agarre de uno de sus parientes.El agua lo llevó hasta donde estaba la que yacía en las Escaleras.El Insomne nadó hasta ella y le puso el conejo en las manos, en ese momento ella abrió los ojos que se le retorcían en sus órbitas y salieron burbujas de su boca que se abrió, gritando.El grito fue tan fuerte que resquebrajó la cúpula de vidrio que contenía a las nubes, el agua comenzó a drenarse hacia arriba, el Insomne tomó a su conejo con una mano y con la otra, la cintura de la Archivadora de Sueños. Abrazó a ambos, la corriente era cada vez más fuerte, ella seguía dormida.“Debes despertar” dijo una voz conocida, la de La Emperatriz.La Archivadora abrió los ojos, agarró una de sus sábanas y la aventó hacia el barandal, y como una serpiente de agua se movió y se enredó en el tubo, ahora ella lo agarraba a él.“Todo esto se me hace conocido”La cúpula se iba llenando de agua, las nubes aumentaban cada vez más en número, parecía que todo iba a estallar. La de las Escaleras jaló la sábana para llevar a ambos a suelo firme. El Insomne tocó el suelo primero pero la de los Sueños Muertos seguía atrapada en la corriente, él con todas sus fuerzas intentó jalarla de los brazos cuando ella le habló:“La Ciudad es tu sueño, tú eres el Insomne porque si lograras dormir aquí sería de este mundo el fin, porque todo se desvanecerá al tú cerrar los ojos. Los sueños de los habitantes son tus sueños y realmente estarías despertando. Yo soy la imagen, el reflejo de alguien que te espera afuera, vine a tratar de sacarte de esta prisión que es tu mente. Me verás si despiertas, yo soy el azul que tanto buscas”El Insomne miró a través de las paredes de vidrio, toda la Ciudad estaba inundándose de nubes y agua, la ceniza ahora parecía lama sobre un inmenso lago. Toda la Ciudad se estaba destruyendo.“Tienes que soltarme”Pero ella seguía teniendo al conejo.“Tienes que deshacerte de él”Uno a uno fue relajando sus dedos, soltó una mano, la vorágine absorbía todo… Hasta que la fuerza de la corriente la arrebató de sus manos.Abrió los ojos. Un cielo gris le dio la bienvenida, se incorporó lentamente, estaba acostado, era el techo. Al lado de su cama vio un jarrón de flores azules, azules como la Luna que había visto en aquella Ciudad que ya no existía.Había despertado.

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