You're never fun to be around

  Me acerqué a su cuello.  Primero hundí la nariz en el hueco entre su mandíbula y su hombro, y después puse mis manos en sus brazos para luego sentarme en sus piernas.   

Trató de acomodarse para estar más cómodo pero no pudo. Abrí la boca y le mordí el hombro tan fuerte que un hilo de sangre comenzó a derramarse.   Su grito fue rápidamente ahogado por mi boca, la suya, abierta por el dolor aceptó sin miramientos la mía, hambrienta. Mis uñas se encajaban en sus brazos y mi lengua intentaba ahogarlo.   No podía controlarme.   No cuando estaba cerca de él.   Mis pensamientos al estar en su cercanía se volvían lo mismo: "morder", "lamer", "devorar" y la imagen de un pequeño hilo de sangre me extasiaba.   Me quitó.   -No puedo respirar. -   Me volví a lanzar contra su boca pero no me dejó hacerlo.   -Espera, espera, no es que me queje pero ¿qué te pasa?-  -Siempre con tus preguntas todas estúpidas - le dije.- Cállate, tienes que disfrutarlo, ¿no ansiabas esto desde hace años?-  -Sí pero... No me lo imaginaba así. -   Suspiré hondamente. Tamborileé los dedos en sus brazos.   -Eso te va a dejar cicatriz, déjame limpiarte la herida.-Dije mientras sacaba la lengua y me acercaba a la mordida.   -¡Espérate! Puede infectarse.-  Qué aburrido. Me quitó de encima de él y me dejó sentada en el sofá.  Espere mientras se lavaba y desinfectaba la herida. Había sacado alcohol de una pequeña caja del baño. Con un pad de algodón se limpiaba los puntos que dejaron mis dientes.  -Sabes que puedes hacerme lo que quieras pero primero avisa. Voy a tener que vacunarme contra el tétanos.-  Me puse en pie. Arrastré los pies y quedé detrás de él. Podía verlo perfectamente en el espejo pero él no podía verme a mí.  -No puedo. Simplemente no puedo hacerlo. Te veo y siento esta respuesta pavloviana, necesito aventarme sobre de ti y hacer todo esto. Tú me jodiste el deseo sexual y me convertiste en esto. No puedo dejar de pensar en ti y no puedo pensar mas que en una cosa y es esto. Y te odio por eso. Porque tú me moldeaste a ser este... Monstruo, a no querer más que lamer tu sangre y hundir mis dientes y encajar la lengua y pensar en qué sentirá mientras lo hago. Eso es lo que pienso. Y en tu olor. A cigarro y a sudor. Es una obsesión y no significa nada más. Es solo una fijación carnal...  Pero a la vez, - me acerqué por detrás y empecé a acariciarle la nuca.- ¿Sabías que realmente me gustas mucho? Cuando no tienes esa cara de estúpido como la que pones ahora o cuando no dices tus usuales tonterías. Cuando no me hablas de nada de lo que me avergüenza de ti. En teoría eres perfecto, solo mírate, ¿te lo han dicho? ¿Te han dicho que eres físicamente perfecto? Sé que no. -   Lo abracé y empecé a olisquear su barba, dejar que el pelo en su cara me rascar la nariz, el cachete. Me había parado sobre sus botas.   -No, no me lo han dicho. Eres la única.-  -Así me gusta.-    Como el jugador al juego,  Maldito tú. Maldito seas.   Pero yo no quería revivir.   Yo quería que dejara de ser una obsesión.  Viendo su desinterés, era imposible que se logrará. Creo que en el fondo, o más bien, tengo que admitirlo. Lo único que quería saber era si pensaba en mí. Lo que me molestaba es que yo era la única obsesa, la única con la fijación. Tenía un miedo insoportable de saberme irrelevante, de saberme simplemente un plato de segunda mesa, alguien que estaba ahí cuando se aburría. Me hubiera gustado que la obsesión fuera mutua.   Pero no lo era y me estaba convirtiendo en algo que odiaba. En algo que juraba que no existía. En algo que pensé que era fantasía.  Tendría que matarlo.   Volví a hundir los dientes en su carne.      Y tendrá que gustarle.   

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