La verdad
Is there word or right to say
Even in this old-fashioned way?
Go make your move, girl, I'm not coming home
Would things have changed if I could've stayed?
Would you have loved me either way?
Dressed to the blues, day to day, with my collar up
Decision sits, so make it quick
A breath inhaled from an air so sick
I cursed the day that I learned of the web you spun
(You had your hold 'til bleeding)
The Suffering
Coheed and Cambria
Dicen que seguir enojada con alguien es no aceptar que ya se fue. Yo, por mi parte, me siento estúpida, me siento usada, traicionada y lo peor, la única a la que le importó.
Tenía la esperanza de que mostrar cómo quemaba mi vida sería como la fogata de un náufrago, que al hacer eso, te darías cuenta de lo mucho que importas para mí. Que incluso después de admitirlo todo, que incluso después de saberlo, no podía deshacerme de la sensación corporal que es extrañarte.
Quería hacerte el mismo daño para hacerte sentir igual y que de esa forma me correspondieras. Porque pensaba que si te lastimaba lo suficiente, como tú a mí, me extrañarías como yo a ti. Utilizar el más mágico de los pensamientos, cortar la rama dorada y golpearte con ella para que a simbolismos tu cuerpo dependiera de mí como el mío de ti, o de la idea de ti.
No quería aceptar que te había funcionado, quería que el hecho de dar batalla te demostrara que no habías sido tú si no yo la que empezó todo esto. Que había sido mi decisión pero ¿Qué clase de crianza hace que la víctima se sienta victimario?
En contiendas informacionales, la mejor victoria se da cuando convences al enemigo de hacer lo que tú quieres sin que se de cuenta de que eres tú quien está detrás de sus decisiones. De igual forma: tú has estado detrás de mis pensamientos, aguardando, latente como un virus atenuado que en cualquier momento aparece, guardado en la médula.
Quería demostrarnos que yo, yo yo, era quien te había decidido buscar. Que tú estabas a mi merced como siempre pregonaste. De hecho, es muy probable que lo creas así, que yo, yo, yo, fui quien inició y le dio fin a todo.
Pero siempre has sido tú.
Tú has marcado las pautas. Tú ayudaste a criarme como soy.
¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro?
Descartaste mi vida al no entender la paradoja de la manipulación. Me desechaste en el momento que funcionó tu plan: darme una vida ajena que estaba dispuesta a tirar por ti.
Hubieras preferido tener mi vida, moldeada abiertamente por tus manos, con la plena consciencia de saberte tú el hacedor de mi destino incluso si eso te hubiera hecho sentir peor, si eso te hubiera marcado como victimario, como responsable. Huiste ante esa posibilidad: tus manos deben de estar siempre limpias.
Pero en el momento en el que yo decidí manchármelas, súbitamente la victoria no te supo a tal, te supo a premio de consolación. Ganas en el momento en el que yo cargo con la contradicción de odiar lo que me hiciste y amarte desde lo que soy, que sólo fue gracias a lo que pasó.
Como los padres que odian el carácter de su descendencia sin aceptar que ellos fueron quienes la moldearon.
Te regocijas en mi odio, en mi obsesión, y la alimentas ignorándome, sabiendo que una palabra tuya basta para consolarme. Te reivindicas en mis decisiones, en mi actuar porque entonces tú no has hecho nada, tú puedes alegar defensa propia.
Al inculcarme sentimiento de ira y vergüenza te aseguras de que esté dispuesta a nombrarme victimaria y tú, víctima. Te aseguras de haber cometido el crimen y que la víctima no sólo te perdone sino que se lo adjudique.
Has ganado porque la diatriba y el conflicto no impiden que te siga extrañando pues soy yo quien carga la contradicción.
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