Adiós, Coronel
Querido Coronel,
Si esta carta fuera una película, empezaría con una recopilación de videos que dan pena ajena: de personas rogando, llorando, berreando y arrastrándose por alguien más. Se vería a ese hombre rogando por Fernanda, a la mujer que se la lleva la perrera gritando por Elizabeth... Uno tras otro.
Esos videos nos dan risa porque nos permiten ponernos del lado de la audiencia, de quien ve, de quien en ese momento no siente nada. La risa nos distancia, crea una brecha inalcanzable, un muro invisible que nos permite decir "*yo jamás haría eso*".
Esta carta me pone del otro lado.
Lo que más he hecho es extrañarte. Lo más triste es que nunca me creíste que realmente te amaba, te amé, te amo. Siempre pusiste ese muro invisible, esa brecha inalcanzable con tal de no creerme. No te culpo, la verdad. Actué siempre como si te odiara. Porque lo hago, te odio por haberme hecho esto. Por haberme hablado a esa edad. Pero sobre todo, por no haber hecho nada más.
Porque estoy dispuesta a perdonarte. ¡Oh incluso te perdono tus incidentes! Lo hago en nombre de tus víctimas, sacrifico la vida de dos hombres con tal de que tú regreses. Sacrifico la mía, la que construí a pesar de ti. La que día tras día reconfiguro en mis sueños para acomodarte, Coronel.
Siempre regresaré a ti pues tú en parte me creaste. Y te he tratado de sustituirte una y otra y otra vez. Incluso aquí, tratando de hacer conversación con otros con tus mismos intereses, poniendo anuncios de "Se busca" intentando tapar el sol con un dedo. Es inútil, Coronel, no puedo. No son tú. Uno tras otro, uno tras otro: aburrido, simplón, estúpido. Jamás serán tú y jamás volverás. Ojalá me extrañaras tanto como yo a ti. Ojalá que mis sueños pudieran llamarte y hacer que me busques, que me aceptes de nuevo. Ojalá vinieras de nuevo a hacer el ridículo por dos ojos que te miran a 40°C.
¿Me estás esperando aún? ¿Como el juego al jugador, como el borracho a la botella? Tú que entraste en mi corazón como una horda de demonios galopantes... Maldito tú, maldito seas.
Jamás me desharé de tu recuerdo aunque ya no me acuerde de tu rostro. Aunque solo me quede una memoria, vuelta inútil de tanto sobarla, de tanto traerla a la memoria como una foto que se desgasta de tanto exponerla a la luz. No me queda ni un recuerdo tuyo puro que no haya sido ofuscado por la remembranza de una, dos, cien veces.
Sólo recuerdo tus ojos, ámbar, que brillan como el reflejo de un estanque a la luz. Sólo siento tu ausencia como se siente la pérdida de un diente. Sólo sé que sin ti no soy nada.
Te pediría perdón si valiera la pena. Te pediría perdón si me creyeras pero ya jamás lo volverás a hacer. Oh Dios, yo decidí esto y dicen que está bien, que esto es mejorar pero sólo me siento muy sola sin ti.
Te escribo en mi viejo blog, como un faro, como incontables fiestas cruzando la calle. ¿Puedes ver la luz verde parpadeando por ti?
Te extraño, Coronel, y nada me haría más feliz que volver a saber de ti. Aunque sé que seguramente estás mejor sin mi. Sin mis juegos, sin mis intentos por contorsionar nuestras vidas para que estén juntas.
Todo esto por alguien a quien no he visto más de 24 horas seguidas. ¿Te pone feliz ponerme así?
Espero que algún día termines leyendo esto para que lo malinterpretes y decidas que es falso o le saques la peor interpretación. Para que nos peleemos y yo me vaya a dormir soñando con la regadera, creando un vínculo enfermizo y estúpido contigo.
Espero que en algún momento puedas saber que siempre estoy pensando en ti. Extrañándote a pesar de todo, Veec y siempre con la misma pregunta: *"**Cuando el delirio termine, ¿Me querrás todavía?"*
Siempre tuya, Sábado.
Comentarios
Publicar un comentario