Polvo de Arroz.
Era muy callada, no le gustaba sobresalir en nada, se podría decir que la vida le aburría, pero la muerte…
Se sabía de memoria los capítulos del Libro Negro de los egipcios, su Biblia era el Necronomicón, la toxicología era como la cocina para ella, y las armas su pasión, siendo las predilectas las armas blancas.
“Me gusta la ironía de su nombre, son blancas para matar, negras por la muerte y rojas gracias a la muerte”
Así su bandera eran esos colores.
Pero todo mundo tiene su corazoncito. Y ella se había enamorado de un joven de su misma edad, mucho más social que ella, y bastante popular, lo contrario a ella.
Pero dicen que los opuestos se atraen.
Lamentablemente, él tenía novia, se llamaba Blanca.
Anastasia nunca pensó en ella como un problema, sólo como un obstáculo del cual liberarse. Y así lo hizo.
Se hizo su amiga, le daba consejos, la ayudaba, y así conseguía tanto su amistad como cercanía con su amor, Sebastián.
En el cumpleaños de Blanca, Anastasia le regaló una pequeña cajita marrón adornada con un moño rojo, una cajita que olía a palisandro, rosas y algo más ácido. Contenía polvo de arroz, maquillaje en polvo, del favorito de Blanca.
Anastasia era paciente, y veía con ojos destellantes el rostro de su amiga cada vez que se retocaba el maquillaje.
Después de unos meses, Blanca murió por envenenamiento a causa del arsénico, nadie supo quién era el asesino ya que Anastasia se lo dio en un día de invierno, lo que justificaba sus guantes, y a solas, así que no había testigos, ya que Blanca odiaba maquillarse en público.
Cuando pensó que lo demás sería cuestión de acerarse más a Sebastián, él empezó con una nueva joven llamada Marisol.
Anastasia volvió a aplicar la de hacerse su amiga, pero esta vez aprovechó un defecto de Marisol.
Era alérgica al cacahuate.
Molió 100 gramos y los revolvió con polvo de arroz pero ésta vez se lo dio anónimamente, no quería correr riesgos innecesarios; a pesar del recelo de Sebastián, Marisol se maquilló con él antes de salir del baño.
Anastasia, viendo el cadáver, retiró el polvo de arroz y lo sustituyó por una bolsa de cacahuates a medio comer, mientras salía gritando falsamente por el cadáver de su amiga.
La gente empezó a evitar a Sebastián, lo asociaban con sus muertes. Así que Anastasia aprovechó y se le acercó.
Y dio resultado.
Pero resultó ser un patán presumido que la menospreciaba.
No importa, se dijo a sí misma
Ya vendrán más.
Y se fue, no sin antes dejarle un poco de polvo de arroz
bravo bravisimo jaja
ResponderEliminaresta muy bonito
pero si aca bien oscuro
felicidades
te admiro
wow muy buen planteamiento de enfocar a una asecina y algunos sentimientos de amor con la pekeña enfermedad de ver la muerte tan natural je y pues si asi hasta yo seria asesino je bueno pero pues te felisito :P llegaras lejos ojala y si pero si algo no te gusta no te desesperes!! recuerda k la perfeccion se llega solo practicando
ResponderEliminaratte: javo