De cómo Helena hubiera perdido un ojo

Normalmente a esa hora todos los del grado anterior a Helena estarían jugando futbol. Ella estaría viéndolos desde las gradas improvisadas, comiendo o platicando con sus amigos.
Pero esta vez, Helena se levantaría para ir a comprar algo a la cafetería justamente cuando la "marea" de gente estuviera en bajamar. No pasaría caminando paralelamente a la gradas como siempre, sino que cruzaría la "cancha" en pleno juego y a paso lento.
Uno de sus amigos la llamaría a mitad del camino y justamente cuando ella volteara el balón le golpearía el ojo izquierdo, destrozándole los lentes en su órbita, llenando el ambiente de sangre y líquido vítreo en su caída con Helena espasmódicamente convulsionándose de dolor en el suelo y balbuceando paroxísticamente. Los cristales reflejarían rítmicamente la luz solar como si ésta bailara de cristal en cristal dándole a los tímpanos una orquesta de pequeñas campanas plateadas
La gente se empezaría a arremolinar a su alrededor, sin hacer nada y llevándose las manos al rostro horrorizado. Entonces a alguien se le ocurriría llevar a Helena al servicio médico, donde le sacarían los cristales del ojo y después la llevarían al hospital donde se lo extirparían bañándose ellos en ríos de sangre ahora invisibles para ella, con el vivo color que desde ese momento sería negro para el siniestro cuenco de Helena, cuando lo que lo rellenaba ahora estaría requiescat in pace dentro de un frasco con formol.
Helena dormiría por tres días hasta que supiera que perdió un ojo y le informarían que tendrá que usar un parche o enseñar orgullosa su cuenca vacía.

Todo esto hubiera pasado y Helena hubiera perdido su ojo izquierdo si hace más de un año no hubiese perdido la vida...

Comentarios

  1. No se le puede regalar a un muerto otra desgracia menor..
    Sólo los vivos tenemos esa garantía.
    Buen texto, te lleva..

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