Rivalidad entre hermanos.

Desde que nacieron empezaron a competir. Como gemelos alguien tenía que salir primero, y el punto era saber quién lo haría... ¿Qué puede ser más importante que el orden de nacimiento?
Sólo unos segundos los marcarían de por vida, por ello Juan y Carlos peleaban con uñas y dientes el derecho de la primogenia.
Desde que sus células se empezaron a dividir fueron enemigos. Peleando por el espacio, la comida, incluso desde que eran sólo la mitad, uno peleaba contra el otro para ver quién llegaba primero a la célula materna... Suerte que en ese momento había dos, si no, uno de ellos hubiese perdido.
Pero eso ahora ya no tenía importancia, siendo sangre de su sangre, carne de su propia carne se podían odiar aún más que otros dos individuos en todo el planeta. ¿Quién puede odiar a alguien tanto como a sí mismo?.
Se miraban con odio, y sus células se multiplicaban con odio sabiendo que su avance sería el avance del otro, si se hubieran podido matar lo hubieran hecho. Y felizmente.
En una carrera contra la vida, en una carrera antinatura y sólo por ver quien ganaba ellos fueron prematuros.
Nadie podrá jamás explicar el porqué... Sólo ellos, incluso cuando sus cerebros estén lo suficientemente desarrollados como para darse cuenta no lo sabrán. Su inconsciente lo habrá guardado como se guarda un grimorio oscuro y sangriento, pero sobretodo sabio.

Se veía la luz y se escuchaban ruidos metálicos, como la música de dos espadas blandiéndose, un techo pulcro e inmaculado tan limpio que hubiesen podido verse en un estanque de sangre, a flor de piel (literalmente) si hubieran podido ver.

Y he aquí el momento decisivo, un bebé agarra al otro como si sus manitas tiernas fueran de fierro, el aire se vuelve tan pesado y el agua, antes reconfortante ahora parece jalarlo hacia el abismo desde el vientre materno.
Sólo ese momento de esplendor lo dejó sin respiración, y lo sacaron primero. Victoria, él ES el primogénito.

-Hora: 11:35 pm. Primer feto, nacido muerto-

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