Sobre las dunas.
Para: Carlos Vega
I'm gonna make my own policy
I'm sick and tired of being told
No one cares,
I never had a destiny,
Whoever said you needed one?
"Invisible Man", Ashbury Heights
I'm sick and tired of being told
No one cares,
I never had a destiny,
Whoever said you needed one?
"Invisible Man", Ashbury Heights
Ondulantes y meláncolicas las dunas se mecían bajo mis pies, el sol cegador y abrasante me recordaba lo ínfimo de mi piel en comparación con la dorada arena. Siseando, siguiendo el retorcido camino que una serpiente había dejado atrás recordé el arduo camino que había seguido a través de desiertos inesperados. Crujen los huesos al mover la cabeza y ver el camino recorrido, y ese sabor, opaco y preciso me nublaba la mente y me hacía pensar en las calles grises y tecnolizadas que había dejado atrás, como si una mariposa hubiera recordado el capullo criogenizado del cual salió. Todavía descalza, sintiendo el áspero suelo de arena omnipresente pero a la vez el dulce y cálido aliento del viento en mi cara, memorizando mis facciones...
Camino, sigo caminando en estas tierras de nómadas del desierto, en la tierra de los oasis ilusiorios... Tengo fiebre y la meningitis hace de mi médula su hogar: "¿Cuándo se me pase el delirio, me querrás todavía?" susurraba la brisa que se elevaba de las dunas... Mis pasos ya no dudaban, y como el fuego purifica, mis plantas de los pies cada vez eran más prístinas.
Anocheció y la luna, pálida como yo anunció su llegada... El peligro del desierto era mayor, pero también lo era su belleza, no hay nada mas hermoso como el desierto en la noche, con sus escasas estrellas en el firmamento y la pupila rescatada del infierno abierta, blanca como un faro entre el mar visto de cabeza.
Y el ámbar de las dunas en el día, y el café de la arena en la noche, una paleta de colores sepia que recordaba mis más hermosas ensoñaciones infantiles, mientras guardada entre los reclamos crueles de mis compañeros niños me escondía, agorafóbica, con temor a salir de mi cascarón de oro y de ónice.
Ojalá y algún día, tal vez no lejano, cuando la nieve cubra el alba con su manto blanco que mis ojos también se vuelvan amarillos como el desierto...
Camino, sigo caminando en estas tierras de nómadas del desierto, en la tierra de los oasis ilusiorios... Tengo fiebre y la meningitis hace de mi médula su hogar: "¿Cuándo se me pase el delirio, me querrás todavía?" susurraba la brisa que se elevaba de las dunas... Mis pasos ya no dudaban, y como el fuego purifica, mis plantas de los pies cada vez eran más prístinas.
Anocheció y la luna, pálida como yo anunció su llegada... El peligro del desierto era mayor, pero también lo era su belleza, no hay nada mas hermoso como el desierto en la noche, con sus escasas estrellas en el firmamento y la pupila rescatada del infierno abierta, blanca como un faro entre el mar visto de cabeza.
Y el ámbar de las dunas en el día, y el café de la arena en la noche, una paleta de colores sepia que recordaba mis más hermosas ensoñaciones infantiles, mientras guardada entre los reclamos crueles de mis compañeros niños me escondía, agorafóbica, con temor a salir de mi cascarón de oro y de ónice.
Ojalá y algún día, tal vez no lejano, cuando la nieve cubra el alba con su manto blanco que mis ojos también se vuelvan amarillos como el desierto...
solo aquel que ha vivido en el desierto y lo ha domado, aquel que lo ha hecho suyo en su alma, puede sentir su extension profundamente. Algunos llaman a esos hombres y mujeres barbaros, yo los llamo vencedores del desierto y guerreros de las dunas.
ResponderEliminarAlea iacta est diria mi mentor, al verte adentrarte en los peligros de tu propio desierto. Peligroso, si, pero tambien lleno de tesoros para quien quiera descubrirlos.
espero que esa alba nevada llegue pronto, y poder disfrutarla junto contigo.
Siempre tuyo, aun en la distancia.
Carlos Vega.
El desierto tiene su encanto, como lo podría tener una tundra. Con tal de no permanecer por mucho tiempo en esta ciudad!... que importa que sólo sea a manera introspectiva.
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