Año viejo
Se quedó sentado mirando el techo. La sobredosis de medicina empezaba a surtir efecto, los miembros se le entumecían y la vista se tornaba borrosa. La música que de fondo sonaba sólo trastocaba poco a poco la realidad en la que se estaba muriendo y no podía echarse para atrás ahora... Ya era muy tarde y no había otra cosa qué hacer.
Sabía que desde el momento en que se enamoró todo su mundo iba a decaer terriblemente pues él no estaba acostumbrado a esos sentimientos cálidos dentro de su pecho. Su escritura se había vuelto monótona y ridículamente sentimental, sin sus letras él no era nada solito se borraba de la existencia al no escribir como antes. Incluso le pasó por la mente empezar a ser infeliz con tal de recuperar su talento pero después se le fue a la mente el pensamiento que igual y jamás había sido talentoso.
Extrañaba a su amiga la soledad pues ahora sólo le acompañaba la ausencia de ella. Conocía el hecho de que él ya no tenía futuro en este mundo y todas sus palabras iban gravitatoriamente a la basura, como si a ella hubiesen pertenecido desde un principio y entonces todo daba vueltas paroxísticamente vomitando sus verdaderas razones de ser... El ocio y la apatía.
Su mente devanada día a día, noche tras noche buscando las palabras adecuadas, los ritmos y las rimas perfectas ahora yacía en un perfecto estupor húmedo y esponjoso, como si se tomara unas merecidas vacaciones después de una vida mediocre con grandes aspiraciones, tal vez sea sólo una fantasía loca o extraña pero le parecía que su vida era sólo confeti tirado, papel que alguna vez tuvo valor decorativo pero que ahora sólo era inútil remedo de algún festejo pasado.
Su vida era la melancolía de tiempos mejores y ahora agonizando se daba cuenta de lo mucho que lo había odiado la gente. Heraldo de pastos grises, mensajero de los dioses olvidados no era más que una cáscara vacía llena de alcohol y comida.
Las medicinas poco a poco se lo tragaban vivo y él pensó que eso estaba bien, al final, renacería con otro nombre, sólo para hacer lo mismo una y otra vez.
Sabía que desde el momento en que se enamoró todo su mundo iba a decaer terriblemente pues él no estaba acostumbrado a esos sentimientos cálidos dentro de su pecho. Su escritura se había vuelto monótona y ridículamente sentimental, sin sus letras él no era nada solito se borraba de la existencia al no escribir como antes. Incluso le pasó por la mente empezar a ser infeliz con tal de recuperar su talento pero después se le fue a la mente el pensamiento que igual y jamás había sido talentoso.
Extrañaba a su amiga la soledad pues ahora sólo le acompañaba la ausencia de ella. Conocía el hecho de que él ya no tenía futuro en este mundo y todas sus palabras iban gravitatoriamente a la basura, como si a ella hubiesen pertenecido desde un principio y entonces todo daba vueltas paroxísticamente vomitando sus verdaderas razones de ser... El ocio y la apatía.
Su mente devanada día a día, noche tras noche buscando las palabras adecuadas, los ritmos y las rimas perfectas ahora yacía en un perfecto estupor húmedo y esponjoso, como si se tomara unas merecidas vacaciones después de una vida mediocre con grandes aspiraciones, tal vez sea sólo una fantasía loca o extraña pero le parecía que su vida era sólo confeti tirado, papel que alguna vez tuvo valor decorativo pero que ahora sólo era inútil remedo de algún festejo pasado.
Su vida era la melancolía de tiempos mejores y ahora agonizando se daba cuenta de lo mucho que lo había odiado la gente. Heraldo de pastos grises, mensajero de los dioses olvidados no era más que una cáscara vacía llena de alcohol y comida.
Las medicinas poco a poco se lo tragaban vivo y él pensó que eso estaba bien, al final, renacería con otro nombre, sólo para hacer lo mismo una y otra vez.
Conozco el sentimiento, afortunadamente, he vuelto a mi camino, en el que juego con las palabras, y las palabras, conmigo. Eso para mi, es mejor que jugar el hueco juego de los sentimientos, que siempre terminan hechos trizas.
ResponderEliminar-J.C.-