Un cuento azaroso (incompleto
Tardé mucho en darme cuenta de que estaba dentro de una ilusión suya. Mis movimientos no eran totalmente míos, al estar dentro de su fantasía, inevitablemente había algo de ella en mí. Pero no estaba solo, extrañamente también estaba él, Esteban, a quien ella admiraba tanto.
Era un mundo extraño y delicadamente iluminado, sorteado por laberintos de arbustos y estatuas marmóreas, paredes negras y pulidas, los pisos en ajedrez pulcros y resbaladizos. El cielo estaba completamente oscuro, con sólo la luna creciente perforándolo casi dolorosamente. Tenía la inquietante sensación de que tenía que encontrar a Leonora y despertarla, el mundo parecía decaer poco a poco...
-Por la expresión de tu rostro, te acabas de dar cuenta de que estamos dentro de un sueño suyo- dijo Esteban, encendiendo un cigarrillo cuyo humo hacía figuras excéntricas en el aire, algunas antropomórficas.
-Si, supongo... Aunque no sé muy bien en dónde estoy, sé que encontraré a Leonora y saldremos de aquí- contesté con una sonrisa nerviosa
-Es un pensamiento muy optimista- rezongó amargamente...
De un sofá cercano comenzaron a salir tuercas oxidadas.
-Al parecer esas cosas tuyas le molestan-
Miré el suelo, sí, siempre me reprochó mi optimismo, tachándolo de infantil e ingenuo.
-Yo conozco este lugar, es un sueño que tuvo hace tiempo... Me lo contó con lujo de detalle- las figuras de su cigarro comenzaron a reír disimuladamente, avanzó con paso firme hacia el laberinto.
Lo seguí, no me quedaba de otra... No me sentía bien con el caos que poco a poco comenzaba a adueñarse del lugar.
Entramos al laberinto, los arbustos parecían pintados con pastel y de vez en cuando pequeños bosques aparecían intermitentemente, bosques nevados con lagunas llenas de cisnes...
-Descarnados- exhalé... -¿Estará deprimida?-
-Eres muy prejuicioso, ¿no sabías que le gustaba cómo se veía la carne colgada?-
Seguímos avanzando. Sí claro, también había cosas lindas como gatitos blancos que saltaban entre los troncos podridos, arcos rococó que adornaban al laberinto y arabescos rojos que adornaban el suelo.
Una atmósfera melancólica llenaba el lugar, la suave luz rosada que caía sobre nosotros incitaba a la pasiva reflexión.
-No recuerdo cómo llegamos aquí- dije
-Ni yo, pero supongo que no está bien que Leonora se quede toda su vida entre sueños, por más hermosos que sean-
-Escucho música y alboroto-
Era cierto, en uno de los brazos del laberinto había como un bar futurista, "Luxus" se podía leer en letras de neón rosas.
-Entremos- ordenó Esteban
-Yo prefiero quedarme aquí, la atmósfera es muy relajada... Melancólica- susurré suavemente
Sin embargo, unas muñecas vestidas caóticamente me empujaron hacia el bar y no me quedó de otra.
Entramos.
Y me sentí raro... De repente me vi los pies, ya no traía los tenis malgastados y viejos con los que empecé, ahora llevaba unas sandalias de gamuza que se ataban con un moño en la pantorilla, tampoco llevaba pantalones, ahora era un vestido strapless color rojo que me llegaba hasta medio muslo y con mucho vuelo. Mi cabello era largo, hasta media espalda, negro y rizado... Me había convertido en mujer.
También Esteban había cambiado, pero él era una chica bajita, de cabello rojo y rizado hasta la cintura, vestida como muñeca con holanes y listones... A pesar de eso, seguía fumando.
Nos sentamos en la mesa más próxima, la gente que estaba dentro no tenía rostro y bailaba frenéticamente o platicaba en las mesas a carcajadas, sus caras estaban censuradas.
De repente llegó un muchacho alto, con el cabello negro medio ondulado hasta los hombres, con lentes y una mirada astuta y rápida, vestido con una chaqueta militar y pantalones de mezclilla muy gastados (se parecía mucho a la apariencia normal de Esteban) y unas botas cortas.
-Pensé que no entrarían- su voz era gruesa y melodiosa, por alguna extraña razón me sentía atraído a él... -Bueno, lo decía más por tí, Nicolás... -dijo voltéandome a ver -Nunca me ha gustado cómo te vistes, todo fachoso, incluso de mujer. ¿Cómo has estado, Esteban?-
-Normal, pregúntandome qué hago aquí-
El chico se río estruendosamente. -Nada más diviértete sí, y apúrate a encontrar a Leonora-
Esteban lo tomó de la mano y le apagó el cigarrillo en ella. El chico hizo una mueca de dolor.
-Tú sabes dónde está, ¿verdad?- Su apariencia de muñeca sólo lo hizo ver más amenazador.
-Claro que lo sé, si yo soy ella, bueno una faceta solamente... ¿Sabes cuánto me gusta que me trates así, verdad?- contestó en un tono seductor.
Del techo cayeron unas cuerdas suaves de algodón y ataron a Esteban, se escuchó un leve rumor cuando le levantaron el vestido con tanto vuelo.
-Estoy muy tentado de hacer temuchas cosas aquí mismo-
Me sentí sumamente ofendido, en todo ese tiempo no me había prestado atención... Aunque más que ofensa, era tristeza
-Leonora... ¿Y yo?-
-No me importaría que te nos unieras- dijo antes de lamerle el cuello a Esteban, quien parecía disfrutarlo.
La atmósfera se hacía cada vez más frenética. El volumen de todo subió, la temperatura, mi tristeza... Era tan insoportable, que me eché a llorar. Inmediatamente todo se tranquilizó, las cuerdas desaparecieron y soltaron a Esteban.
-Eso no ayuda a la atmósfera, es más, la arruina- dijo Leonora, regresando a su forma de chica.
-No me tortures, siempre encuentras una manera de hacerme sentir mal...- dije
Las paredes del bar se acercaron amenazadoramente a mí...
-Tienes que despertar- dijo Esteban, ya en su forma natural, con otro cigarrillo.
-No quiero, aquí estoy bien, no sé qué hacen ustedes aquí adentro... Pero, supongo que puedo sacarlos- sonrió y desapareció
-No sé porqué siento que no me quiere...- exclamé decepcionado
-Por infantil e ingenuo, supongo... Mírate-
Ahora no era una chica, ahora era un niño como de 8 años.
-Supongo que así estoy mejor aquí...-
-Como digas-
Salimos del bar y seguimos caminando, el bosque pareció cambiar, ahora tenía a convertirse en una ciudad al más puro estilo...
-Cyberpunk-
-Ya lo sé, no me interrumpas los pensamientos-
-Deberías de decir groserías de vez en cuando- me replicó
(Falta otra parte más, continuará...)
Era un mundo extraño y delicadamente iluminado, sorteado por laberintos de arbustos y estatuas marmóreas, paredes negras y pulidas, los pisos en ajedrez pulcros y resbaladizos. El cielo estaba completamente oscuro, con sólo la luna creciente perforándolo casi dolorosamente. Tenía la inquietante sensación de que tenía que encontrar a Leonora y despertarla, el mundo parecía decaer poco a poco...
-Por la expresión de tu rostro, te acabas de dar cuenta de que estamos dentro de un sueño suyo- dijo Esteban, encendiendo un cigarrillo cuyo humo hacía figuras excéntricas en el aire, algunas antropomórficas.
-Si, supongo... Aunque no sé muy bien en dónde estoy, sé que encontraré a Leonora y saldremos de aquí- contesté con una sonrisa nerviosa
-Es un pensamiento muy optimista- rezongó amargamente...
De un sofá cercano comenzaron a salir tuercas oxidadas.
-Al parecer esas cosas tuyas le molestan-
Miré el suelo, sí, siempre me reprochó mi optimismo, tachándolo de infantil e ingenuo.
-Yo conozco este lugar, es un sueño que tuvo hace tiempo... Me lo contó con lujo de detalle- las figuras de su cigarro comenzaron a reír disimuladamente, avanzó con paso firme hacia el laberinto.
Lo seguí, no me quedaba de otra... No me sentía bien con el caos que poco a poco comenzaba a adueñarse del lugar.
Entramos al laberinto, los arbustos parecían pintados con pastel y de vez en cuando pequeños bosques aparecían intermitentemente, bosques nevados con lagunas llenas de cisnes...
-Descarnados- exhalé... -¿Estará deprimida?-
-Eres muy prejuicioso, ¿no sabías que le gustaba cómo se veía la carne colgada?-
Seguímos avanzando. Sí claro, también había cosas lindas como gatitos blancos que saltaban entre los troncos podridos, arcos rococó que adornaban al laberinto y arabescos rojos que adornaban el suelo.
Una atmósfera melancólica llenaba el lugar, la suave luz rosada que caía sobre nosotros incitaba a la pasiva reflexión.
-No recuerdo cómo llegamos aquí- dije
-Ni yo, pero supongo que no está bien que Leonora se quede toda su vida entre sueños, por más hermosos que sean-
-Escucho música y alboroto-
Era cierto, en uno de los brazos del laberinto había como un bar futurista, "Luxus" se podía leer en letras de neón rosas.
-Entremos- ordenó Esteban
-Yo prefiero quedarme aquí, la atmósfera es muy relajada... Melancólica- susurré suavemente
Sin embargo, unas muñecas vestidas caóticamente me empujaron hacia el bar y no me quedó de otra.
Entramos.
Y me sentí raro... De repente me vi los pies, ya no traía los tenis malgastados y viejos con los que empecé, ahora llevaba unas sandalias de gamuza que se ataban con un moño en la pantorilla, tampoco llevaba pantalones, ahora era un vestido strapless color rojo que me llegaba hasta medio muslo y con mucho vuelo. Mi cabello era largo, hasta media espalda, negro y rizado... Me había convertido en mujer.
También Esteban había cambiado, pero él era una chica bajita, de cabello rojo y rizado hasta la cintura, vestida como muñeca con holanes y listones... A pesar de eso, seguía fumando.
Nos sentamos en la mesa más próxima, la gente que estaba dentro no tenía rostro y bailaba frenéticamente o platicaba en las mesas a carcajadas, sus caras estaban censuradas.
De repente llegó un muchacho alto, con el cabello negro medio ondulado hasta los hombres, con lentes y una mirada astuta y rápida, vestido con una chaqueta militar y pantalones de mezclilla muy gastados (se parecía mucho a la apariencia normal de Esteban) y unas botas cortas.
-Pensé que no entrarían- su voz era gruesa y melodiosa, por alguna extraña razón me sentía atraído a él... -Bueno, lo decía más por tí, Nicolás... -dijo voltéandome a ver -Nunca me ha gustado cómo te vistes, todo fachoso, incluso de mujer. ¿Cómo has estado, Esteban?-
-Normal, pregúntandome qué hago aquí-
El chico se río estruendosamente. -Nada más diviértete sí, y apúrate a encontrar a Leonora-
Esteban lo tomó de la mano y le apagó el cigarrillo en ella. El chico hizo una mueca de dolor.
-Tú sabes dónde está, ¿verdad?- Su apariencia de muñeca sólo lo hizo ver más amenazador.
-Claro que lo sé, si yo soy ella, bueno una faceta solamente... ¿Sabes cuánto me gusta que me trates así, verdad?- contestó en un tono seductor.
Del techo cayeron unas cuerdas suaves de algodón y ataron a Esteban, se escuchó un leve rumor cuando le levantaron el vestido con tanto vuelo.
-Estoy muy tentado de hacer temuchas cosas aquí mismo-
Me sentí sumamente ofendido, en todo ese tiempo no me había prestado atención... Aunque más que ofensa, era tristeza
-Leonora... ¿Y yo?-
-No me importaría que te nos unieras- dijo antes de lamerle el cuello a Esteban, quien parecía disfrutarlo.
La atmósfera se hacía cada vez más frenética. El volumen de todo subió, la temperatura, mi tristeza... Era tan insoportable, que me eché a llorar. Inmediatamente todo se tranquilizó, las cuerdas desaparecieron y soltaron a Esteban.
-Eso no ayuda a la atmósfera, es más, la arruina- dijo Leonora, regresando a su forma de chica.
-No me tortures, siempre encuentras una manera de hacerme sentir mal...- dije
Las paredes del bar se acercaron amenazadoramente a mí...
-Tienes que despertar- dijo Esteban, ya en su forma natural, con otro cigarrillo.
-No quiero, aquí estoy bien, no sé qué hacen ustedes aquí adentro... Pero, supongo que puedo sacarlos- sonrió y desapareció
-No sé porqué siento que no me quiere...- exclamé decepcionado
-Por infantil e ingenuo, supongo... Mírate-
Ahora no era una chica, ahora era un niño como de 8 años.
-Supongo que así estoy mejor aquí...-
-Como digas-
Salimos del bar y seguimos caminando, el bosque pareció cambiar, ahora tenía a convertirse en una ciudad al más puro estilo...
-Cyberpunk-
-Ya lo sé, no me interrumpas los pensamientos-
-Deberías de decir groserías de vez en cuando- me replicó
(Falta otra parte más, continuará...)
Siempre ha sido maravilloso lo incompleto, no se si alguna vez soñe algo parecido o me atrapaste con tu historia pero me sorprendio.
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