Pez Abisal
¿Recuerdas a los peces?
Yo sí, sus ojos pétreos que me miraban desde la pantalla no retro-iluminada. Cualquier cosa dicha aleatoriamente puede parecer profunda después de unas cuantas cervezas. Pero no puedo hacer otra cosa, ¿dime en qué más puedo apoyarme para mirarte justo a los ojos, como una saeta borracha que intenta a toda costa llegar al blanco?
Tan fugaz como la idea de que pudo haber pasado.
Y tan violento como el recordar, recordar el otro lado de la sensación de abandono. Desgarrador como manos de hierro calientes detrás de mi esternón... Como un infarto pero al revés, no implosivo sino estallando.
¿Tú crees en la belleza?
Pero, no se fue como vino, violenta y abruptamente sino que se quedó en el aire como el olor a cloro después de lavar los pisos. Todavía me duele el pecho... Todavía me duele...
Todavía
Un encuentro más sería anti-natural, ¿no crees? Todo debió de haber pasado justo cuando no pasó y todo pasó cuando debió de no haber pasado. Hace mucho que no sentía eso, esa melosa sonrisa de inseguridad de no dar paso alguno por temor... Sí, nuestros tiempos de adolescencia.
Mucho se habla de esto en donde yo me muevo. La pérdida de la infancia, la pérdida de la adolescencia y luego la peor, la pérdida de la juventud. Parece como si las flores mueren dándole vida a la que sigue, pero flores de papel e hilo, ¿qué más podías esperar de nosotros?
Pero sigue pendiente nuestro asunto. Lo sé y tú también. Sonreirás como aquella vez, con tu sonrisa de pez abisal entre la penumbra del candelabro con un sólo foco.
Yo sólo soy una gelatina flotante, dije. Vamos, ahorita no, estoy ahogada y medio mareada por las sombras, como Lady Shalott hace ya tanto tiempo. Juega conmigo un rato. Juega a que me encuentras en la oscuridad.
Aún no sé si sigue ahí el recuerdo, flotando cual mancha de petróleo en el mar.
¿Crees que sea prudente preguntar?
Comentarios
Publicar un comentario