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Mostrando entradas de julio, 2012

La Sangre de Viena

A Ludwig Johann Josef Wittgenstein Bajando las escaleras de un palacio blanco un zig zag de sangre se va dibujando los hilos que deja son azules no carmesí caballos de hielo en glacial frenesí. La sangre de Viena preciosa se pierde y su mirada oscura como estatua se cierne sobre los intentos fallidos de romper la barrera que divide lo mundano de lo que vale la pena. Se drena entre la perpetua nieve nórdica su tarea se ha convertido en la tarea del genio canónica mientras en sueños infantiles parece que hiberna y latiendo su sed parece que aumenta. Su fortuna otrora de oro y diamantes se ha vuelto de tinta y borrones constantes papeles y notas que esperan en secreto ¿Qué es esperar sino el mayor misterio? Tus palabras preciadas como joyas de imperio son capullo exclusivo de cruel monasterio escapando de todo cuidas las puertas de tu corazón y tu alma casi desiertas. En tu mente y paradojas estarás a salvo sin importar cuán alto sea el salario sin amor ni cariño que es lo anhelas e...
No pasa nada si te extraño. Nada ajeno al sabor de hojas de naranjo que me invade la lengua, quiero que se vaya, que me deje en paz, de azotarme contra el recuerdo de tenerte aquí. Son sinsentidos, ¿qué más da? Si lo lees o lo intuyes, la verdad es que te extraño tanto que pienso que durará semanas antes de que empiece a curar, naturalmente se curará.  Sabes que no durará tu recuerdo más que el de los otros, pero ahorita, te regocijas en saber, que nadie más te suplirá más o menos durante un mes, hasta que me empiece a cansar de estar aquí. Pero me está matando antes de mejorar, quiero que lo sepas. En la azotea con el cielo despejado, con las colinas cortadas por un viento gélido y el sol desmayándose, ¿crees que me oiga? Nadie peleará por mí, no tienen razón o motivo, no ganarían nada. No soy ni un trofeo ni quiero, pero a veces sueño con serlo hoy. Tiene su encanto el no dormir. 

Fear death by water.

A Gerardo Martínez de la Torre. El espíritu del agua es severo en sus juicios. Cuando perdí tu predilección, tu favoritismo hacia mí, él me miró con ojos de hielo. Como bordas de hielo. Con sus manos frías y gruesas me arrancó el aliento, con un beso prolongado abrazó mi cuello, y antes del mediodía yo agonizando flotaba.  Tú eras el heraldo de los ríos, estrepitoso en tu caída y sutil en tu caminar, largas, largas eran las noches así como tus pestañas de donde pendían las gotas.   Y a la deriva, como una muerta hoja, con el cabello como telarañas que visitan al que hasta la soledad abandona, tal vez el espíritu del agua me acepte como sacrificio. Las arcadas sentidas al saborear el agua helada, son cuchillos que se afilan cuando dices "No sé nada", cuando a una pregunta directa la contestas con otra pregunta. Son inyecciones de sutil en mi sangre de rugido. Si con un poema te obtuve, con muchos otros te perdí. ¡¿Será que regresarás con cientos de miles?! Tú reg...