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Mostrando entradas de agosto, 2012

Se abre en pétalos de lirio

El corazón se me abre en miles de fuentes danzantes. El corazón se me deshace entre hojas de bugambilia roja. El corazón estalla en burbujas blancas frente al humo de una fábrica El corazón se me sale y baila, baila como medusa. El corazón me canta tristemente cómo perdió su vida. El corazón se entierra bajo metros de piel muerta. El corazón me voltea las costillas intentando hacerse unas alas. El corazón me apabulla como las luces de la ciudad que nunca pudo gozar. El corazón me ametralla con sus latidos de Kalashnikovak. El corazón entierra sus uñas en mis recuerdos. El corazón se me baña como gato frente al fuego. El corazón me mira. El corazón me pregunta:  ¿Dejaste que alguien te regalara flores? El corazón se me sale, quiere nadar. El corazón se recuesta a mi lado. El corazón es un animal muy pequeño que puede morder.

Un sueño diurno

Estaba tirada frente a un cruce de caminos. No se podía ver más allá de la mitad de cada uno de los tres senderos que se abrían ante mí, como dedos que se encajan en lo profundo de la tierra negra. Un extraño ruido abisal me invitaba a seguir, como el sonido del viento en una habitación vacía. Yo sabía que estaba completamente sola en esto y como una maldición se me pegaba en las costillas, hiriéndome el esternón. Estaba abandonada en la celda de la soledad. Levanté la vista, un cielo radiante y azul contrastaba con el negro que descendía por la línea del horizonte. -Ya me estoy cansando- murmuré poniéndome en pie. Me sacudí el polvo del vestido, polvo que parecía lima de hierro. Caminé hacia el primer sendero de la izquierda. La oscuridad me engulló sin abandonar al celeste de la bóveda. Aparecí en una extraña habitación blanca decorada con estatuas negras pulidas hasta parecer casi espejos. En medio había un gran sillón de piel azabache, y sentado un muchacho unos años má...

Los Cabos

Mi escritura está íntimamente relacionada con el agua.  Y podría decirse que mi vida también. Este último trimestre ha sido de pérdidas para mí. Pero creo que el ciclo se cerró de una manera muy simbólica. Fui a Los Cabos de vacaciones la semana pasada. Todos me auguraban cinco días de sol, playa y mar. Pero hubo una tormenta tropical llamada "Ernesto" o "Eugenio" que inundó a la pequeña ciudad en un charco gigantesco de lodo y arena. Era un hotel de lujísimo, ambientado como un Palacio... Pero inundado, sin agua y sin luz. Así había estado mi vida. Inflada de una soberbia inútil que no podía con lo más básico, que le faltaba lo primordial. Lloviendo durante todo el día y toda la noche. Hasta que decidimos regresarnos a la ciudad, sin importarnos todo el dinero que ya se había gastado, sin que el pagar mil pesos más por boleto de avión se interpusiera en nuestro regreso. Sin aferrarnos a la esperanza de unas vacaciones idílicas, sin anhelar más. Al parti...

20 de Enero

A San Sebastián. Maniatada a una columna, con el pecho al descubierto, condenada a un absurdo con palabras de morir con flechas y con burlas. Abrí los ojos, el sol con su ardor me abrazaba. Sus flechas peor en mi carne se hundían. Una saeta certera en mis vísceras marcaba el triunfo, victorioso aullaba quien en el blanco atinó. ¿Sólo soy un blanco, un juego de destreza? No es únicamente la punzada de hierro es el saber que soy poco más que carne colgando. Entre mayor sea mi intento de esconderme de sus puntas como lenguas afiladas, es mayor mi sufrimiento porque más de mí muestro. Mi risible patetismo es un reto a superar por las sobras de su mesa que se pudren en los platos. ¿Tiene sentido hablar desde el patíbulo? Con el tiempo las sal se irá. Pero en este instante no puedo escapar de la columna. Ningún martirio significa algo, no tiene valor en sí mismo. No sirve de nada morir por una causa sea divina o sea laica, todas pagan con lo mismo. Tu corazón e...