20 de Enero
A San Sebastián.
Maniatada a una columna,
con el pecho al descubierto,
condenada a un absurdo con palabras
de morir con flechas y con burlas.
Abrí los ojos, el sol con su ardor me abrazaba.
Sus flechas peor en mi carne se hundían.
Una saeta certera en mis vísceras marcaba el triunfo,
victorioso aullaba quien en el blanco atinó.
¿Sólo soy un blanco, un juego de destreza?
No es únicamente la punzada de hierro
es el saber que soy poco más que carne colgando.
Entre mayor sea mi intento de esconderme
de sus puntas como lenguas afiladas,
es mayor mi sufrimiento porque más de mí muestro.
Mi risible patetismo es un reto a superar
por las sobras de su mesa que se pudren en los platos.
¿Tiene sentido hablar desde el patíbulo?
Con el tiempo las sal se irá.
Pero en este instante no puedo escapar de la columna.
Ningún martirio significa algo,
no tiene valor en sí mismo.
No sirve de nada morir por una causa
sea divina o sea laica, todas pagan con lo mismo.
Tu corazón en el mío, San Sebastián,
sé lo que son las saetas en el alma
y no podérselas sacar
Maniatada a una columna,
con el pecho al descubierto,
condenada a un absurdo con palabras
de morir con flechas y con burlas.
Abrí los ojos, el sol con su ardor me abrazaba.
Sus flechas peor en mi carne se hundían.
Una saeta certera en mis vísceras marcaba el triunfo,
victorioso aullaba quien en el blanco atinó.
¿Sólo soy un blanco, un juego de destreza?
No es únicamente la punzada de hierro
es el saber que soy poco más que carne colgando.
Entre mayor sea mi intento de esconderme
de sus puntas como lenguas afiladas,
es mayor mi sufrimiento porque más de mí muestro.
Mi risible patetismo es un reto a superar
por las sobras de su mesa que se pudren en los platos.
¿Tiene sentido hablar desde el patíbulo?
Con el tiempo las sal se irá.
Pero en este instante no puedo escapar de la columna.
Ningún martirio significa algo,
no tiene valor en sí mismo.
No sirve de nada morir por una causa
sea divina o sea laica, todas pagan con lo mismo.
Tu corazón en el mío, San Sebastián,
sé lo que son las saetas en el alma
y no podérselas sacar
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