Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2012

El coraje de los veinte... Final

Saltó la barda para regresar caminando a su oficina. Le preocupaban los papeles desordenados sobre su escritorio. Guardó sus manos dentro de los bolsillos de su gabardina y caminó a través de la fresca noche. Los faroles alumbraban de a poco las calles.  Todo esto lo hacía sentirse relativamente más joven, con la oportunidad de poder recuperar el tiempo perdido. Pensó en su mujer y en cuánto le había arruinado la vida.  "Pero no sé quién se la arruinó a quién" Al principio ella lo quería mucho, estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de impresionarlo, de quedar bien con él sin embargo, con el paso de los años y de la férrea indiferencia que Raúl le daba, ella se dio por vencida y comenzó a tratarlo mal. Toda su vida había sido un ciclo de abandono y soledad.  Esta jovencita le parecía un camino nuevo entre el ya recorrido bosque. Raúl prendió un cerillo para poder fumar un cigarro. El característico chasquido resonó en la vacía calle. La chispa brilló mom...

Gregorio Samsa en la playa.

El espejo vivo se agitaba lentamente, su ritmo iba acorde con el viento que acariciaba su rostro. El sol sangraba su adiós, sumergiéndose en agua. Gregorio Samsa se sentó en la orilla. La arena exfoliaba sus manos cansadas. "Tanto tiempo caminando sobre ellas, ¿no quieres descansar? Todo el dolor en tu espalda, recuéstate conmigo" le susurró el agua en una concha marina. ¿Cuánto tiempo aguantaría sin respirar? La plateada línea divisoria entre su sólida cordura hecha de pedazos de guijarros y el mar ondulado, lleno de cambios, era la línea entre las dos caras de la luna. Sí, las nubes coronarían su deceso. Moriría con el doble de estrellas, nadando con sus reflejos. La melancolía tiene brazos líquidos y un corazón de suave lecho. La melancolía tiene voz de cristales rotos: "Mi único amor, Gregorio Samsa... ¿No quieres ir a dormir?"

Y en mis costillas florece una rosa.

Y en mis costillas florece una rosa. Sus espinas se enredan en mi corazón. ¡Cuántos suspiros! Cuántos pétalos roídos por el paso del tiempo, por la espera de tus palabras... Se deshace en pedazos de hoja, se derriten al oír tu voz. ¿Qué flor tengo que sembrar para que tú la quieras para adornar la solapa de tu saco? ¿ Qué corazón te muestro para que quieras sincronizar el tuyo a un compás?

El Coraje de los Veinte...Quinta parte

La muchacha retrocedió un poco. Estaba muy nerviosa y asustada. En parte por saber que la podían delatar, por otra, porque un hombre estaba atado en su único refugio y por último, porque él le decía esas cosas... Tan fuera de lugar. Sacó del bolsillo de su abrigo azul marino una cajetilla de cigarros que le pertenecía a Castañeda. -¡Ey! ¿Fumas?- preguntó él Ella asintió mientras lo encendía con un cerillo (también propiedad del detective). Se sentó en el catre, al lado de él. El humo giraba en recovecos muy extraños, las manos le temblaban. Ella miró atentamente los hilos espirales del cigarro. -Parecen un Dalí, ¿no crees?- su voz le temblaba un poco. Al parecer, la adrenalina ya había descendido, dejándola en un estado de medusa emocional... Sin cerebro, sólo nervios expuestos. Castañeda carraspeó. -¿Cómo le has hecho para sobrevivir por semanas en este ático? ¿cómo es que nunca te han descubierto?- -¿Tienes un revólver?- -Eh... Sí pero no has respondido...- -¿Sab...