El Coraje de los Veinte...Quinta parte

La muchacha retrocedió un poco. Estaba muy nerviosa y asustada. En parte por saber que la podían delatar, por otra, porque un hombre estaba atado en su único refugio y por último, porque él le decía esas cosas... Tan fuera de lugar.
Sacó del bolsillo de su abrigo azul marino una cajetilla de cigarros que le pertenecía a Castañeda.
-¡Ey! ¿Fumas?- preguntó él
Ella asintió mientras lo encendía con un cerillo (también propiedad del detective). Se sentó en el catre, al lado de él. El humo giraba en recovecos muy extraños, las manos le temblaban. Ella miró atentamente los hilos espirales del cigarro.
-Parecen un Dalí, ¿no crees?- su voz le temblaba un poco.
Al parecer, la adrenalina ya había descendido, dejándola en un estado de medusa emocional... Sin cerebro, sólo nervios expuestos.
Castañeda carraspeó.
-¿Cómo le has hecho para sobrevivir por semanas en este ático? ¿cómo es que nunca te han descubierto?-
-¿Tienes un revólver?-
-Eh... Sí pero no has respondido...-
-¿Sabes qué es la ruleta rusa?-
Castañeda exhaló en desesperación.
-Sí, sé qué es. Ahora si me puedes decir...-
Ella se levantó algo decepcionada.
"¡Qué chica tan rara!"
El ex-policía se había cansado ya de estar en la misma posición, su brazo izquierdo ya le hormigueaba. Juntando fuerzas, movió las manos hacia arriba y luego hacia atrás para deshacer el nudo. Esto resultó más que efectivo ya que las cuerdas cedieron apenas y jaló hacia atrás. Se sobó las manos y se levantó con cuidado, recargándose en la pared. Tuvo que agitar sus piernas un poco.
-¿Qué haces?- preguntó la joven, temblando.
-No te voy a hacer nada-
Castañeda la miró por primera vez en perspectiva de altura. Sus cálculos habían sido correctos, él era al menos 25 cm más alto y la complexión de ella era muy delgada, tanto que parecía un niño.
-¿Cómo le hiciste para estar aquí tanto tiempo sin ser descubierta?-
Ella soltó un pequeño grito, el cigarro se le había consumido entre los dedos. La minicolilla cayó en el alféizar de la ventanita donde siguió emanando humo azul.
-Bueno... Yo... Cuando llegaste a la biblioteca por primera vez yo traté de emboscarte con un tubo. Pero no funcionó, fuiste muy rápido para mí.-
"Claro, el ruido metálico"
-Se te cayó el tubo más bien. Te pusiste nerviosa-
Le temblaban los labios a la muchacha.
-Sí, bueno. Eso. Luego subí corriendo y me escondí-
-¿Dónde?
-En el baúl-
"Ahh, claro. Yo ni siquiera busqué ahí por descartar a cualquier persona tan pequeña"
-Me sorprende que no hayas buscado ahí- 
-A mí me sorprende más el hecho de que quepas ahí. Te veías más alta en la foto-
Por primera vez en toda la noche, Aguilar le dirigió una mirada penetrante y directa. Castañeda sintió un escalofrío.
"Por dios, esta muchacha tiene un revólver en los ojos"
-Quiero irme a Nueva York-
-Eso lo sabe todo el mundo incluida tu directora-
La joven esta vez no pareció inmutarse. 
-Mi plan era salirme justo en las vacaciones pero ya no soportaba un día más ahí, con ellas. Era demasiado asfixiante, demasiado represor el ambiente de flores. Esta biblioteca siempre había sido mi refugio ante su intoxicante superficialidad. Entonces descubrí este pequeño ático abandonado. Si de por sí nadie viene al segundo piso, que es donde guardan los libros de matemáticas, nadie iba a encontrar este pequeño lugar. También sé que la directora no se iba a esforzar mucho para encontrarme hasta que mis padres llegaran de Sudamérica. Me sorprende que lo haya contratado-
-De hecho, ella se enteró de tu ausencia el día de una excursión-
Aguilar frunció el ceño.
-Sí, no sería la primera vez que casi arruino mis planes por mi impulsividad-
-¿Cómo has sobrevivido aquí?-
-¿Estás bromeando? La seguridad es un chiste, fácilmente puedo brincarme la barda que está detrás de las jardineras salir a comprar víveres temprano en la mañana y regresar al anochecer. El nuevo guardia nunca se adentra al laberinto de este segundo piso-
-¿Y la puerta de la biblioteca? ¿Nunca la cierran?-
-Me robé la copia del conserje. Ese viejo flojo nunca limpia más que dos veces al año. No notará su ausencia hasta Agosto.-
-Bueno, si te vas a ir a Nueva York yo no te veo zarpando- 
Castañeda sonrió.
Aguilar se sonrojó al ver esto.
"Vaya, es verdad. Mi sonrisa sigue teniendo el mismo efecto" 
-El barco zarpaba justo dos días después de la excursión y de hecho compré mi boleto con buena parte del dinero que me había dejado el viejo para mis vacaciones aquí. Pero me estafaron y me vendieron un boleto falso, así que estoy juntando dinero hasta conseguir para uno de verdad-
-Y no quieres volver a tu jaula de oro-
-No-
-Y el hecho de que sean vacaciones te quedó como anillo al dedo-
Ella asintió. Ahora se veía muy triste.
"Esta mujer puede sentir toda una gama de emociones en dos minutos"
-No puedes decirle a nadie nada de esto- 
-Debo hacerlo, señorita Aguilar. Tus padres han de estar muy preocupados-
-A mi padre le importa un carajo en dónde esté, mientras esté lejos de él y su querida. Además...- dijo blandiendo el tubo -Todavía te duele la cabeza y puedo...- levantó el tubo, dirigiéndose a sus piernas. 
Castañeda simplemente agarró su improvisada arma al vuelo y se la quitó con evidente facilidad. Él se rió fuertemente.
-¡Cállate!- le espetó la joven.
-Señorita, usted tiene de violenta lo que yo de princesa-
Esto pareció molestarla mucho pero luego la sumió de nuevo en sus pensamientos.
-No me queda mucho dinero... Si me vas a entregar quiero que sea hasta que se me termine-
-Realmente no puedo creer que puedas darme órdenes- contestó sonriendo. -¿Por qué quieres irte a Nueva York?-
-Quiero conocer a... No, te vas a reír de mí-
-Anda, dime, quiero saber-
-Quiero conocer a un filósofo famoso que va a estar de visita allá. Mi primo estudió en Cambridge y tuvo que regresar a América, se quedó en Nueva York. Él y un compañero suyo lo invitaron, a este filósofo, unos cuantos días y yo quiero ir... Y quedarme-
-Pensé que tu familia no era tan rica-
-No lo es. Una hermana de mi mamá se casó con un industrial de Estados Unidos, son los papás de mi primo.-
-Tal vez me hayas convencido. Pero tienes que decirme tu nombre-
-Leonora-
"Leonora por los ángeles llamada" recitó Castañeda. Sí conocía a Poe. -Es un bonito nombre- fue lo único que dijo.
-El tuyo es Raúl, ¿verdad?- ella parecía mucho más tranquila. 
Él respingó al oír su nombre de pila. Casi nadie lo llamaba así.
-Así decía en tu carnet de conducir-
-Eres una cabrona-
Ella se rió por primera vez en toda la noche.
-Me sorprende que no portes un arma-
-La dejé en la oficina, iba a venir a un internado de señoritas-
-Te noquearon-
-Y me desaté fácilmente, mi captor es una señorita de 19 años con la fuerza de un niño de 14... Bueno, tengo que irme.
-Es... Está bien- 
-Vendré a visitarte- dijo Raúl sin saber muy bien por qué.
-¿Qué?-
-Si voy a encubrirte, tienes que darme datos para la coartada-
Leonora sonrió:
-Muchas gracias-

Raúl salió al jardín. El vigilante ya estaba profundamente dormido. 
Miró el cielo estrellado. 
Hacía mucho que no volteaba a verlo.


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