Gregorio Samsa en la playa.

El espejo vivo se agitaba lentamente, su ritmo iba acorde con el viento que acariciaba su rostro.
El sol sangraba su adiós, sumergiéndose en agua.
Gregorio Samsa se sentó en la orilla. La arena exfoliaba sus manos cansadas.
"Tanto tiempo caminando sobre ellas, ¿no quieres descansar? Todo el dolor en tu espalda, recuéstate conmigo" le susurró el agua en una concha marina.
¿Cuánto tiempo aguantaría sin respirar? La plateada línea divisoria entre su sólida cordura hecha de pedazos de guijarros y el mar ondulado, lleno de cambios, era la línea entre las dos caras de la luna.
Sí, las nubes coronarían su deceso. Moriría con el doble de estrellas, nadando con sus reflejos.
La melancolía tiene brazos líquidos y un corazón de suave lecho.
La melancolía tiene voz de cristales rotos:
"Mi único amor, Gregorio Samsa... ¿No quieres ir a dormir?"

Comentarios

Entradas populares de este blog

Habla, no te ocultes en tu corazón (Speak, don´t hide within your heart)

Dolor

Popurrí