El coraje de los veinte... Final
Saltó la barda para regresar caminando a su oficina. Le preocupaban los papeles desordenados sobre su escritorio. Guardó sus manos dentro de los bolsillos de su gabardina y caminó a través de la fresca noche. Los faroles alumbraban de a poco las calles.
Todo esto lo hacía sentirse relativamente más joven, con la oportunidad de poder recuperar el tiempo perdido. Pensó en su mujer y en cuánto le había arruinado la vida.
"Pero no sé quién se la arruinó a quién"
Al principio ella lo quería mucho, estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de impresionarlo, de quedar bien con él sin embargo, con el paso de los años y de la férrea indiferencia que Raúl le daba, ella se dio por vencida y comenzó a tratarlo mal.
Toda su vida había sido un ciclo de abandono y soledad.
Esta jovencita le parecía un camino nuevo entre el ya recorrido bosque.
Raúl prendió un cerillo para poder fumar un cigarro. El característico chasquido resonó en la vacía calle. La chispa brilló momentáneamente antes de apagarse por una gélida brisa. Una ventana se iluminó en un edificio más adelante.
Su oficina.
Sus mano buscó entre su gabardina la cajetilla de cigarros. No la encontró.
-¡Demonios!-
Siguió observando su edificio y se encaminó a unos arbustos donde pretendía esconderse, quería ver qué estaba pasando.
Se sentó en una jardinera. Escuchó unos pasos acercarse, instintivamente, él se puso en guardia. Una figura se movió y Raúl le aplicó la llave china.
-Suéltame- dijo la voz de Leonora
-¡Carajo!- espetó Raúl, soltándola -¡No me vuelvas a asustar así!-
-¡Olvidaste tus jodidos cigarros!- le exclamó jadeando, aventándoselos.
Raúl la miró para después hacerle señas de que guardara silencio. Ella, furiosa, tuvo que asentir. Hasta ese momento, Raúl se dio cuenta de que ella estaba usando el uniforme de su internado.
-Quiero que te quedes aquí- le susurró él a ella.
-¿Por qué?-
-Hay alguien en mi oficina y creo que quieren robarme. Tengo unas cosas de valor y sería muy peligroso que cayeran en las manos equivocadas-
-¿Vas a ir solo y desarmado?-
Raúl maldijo por lo bajo. Era cierto, había dejado el arma en su oficina.
-De todas maneras, es pésima idea el que me acompañes. Serías sólo un estorbo-
Leonora frunció aún más el ceño y lo miró con ojos de querer matarlo pero no refunfuñó más. Se sentó en la jardinera, recogió los cigarros del suelo y le pidió fuego.
Raúl le dejó la cajita de cerillos y se dirigió al edificio.
Agachado, entró por la puerta de servicio que siempre estaba abierta y subió por las escaleras de incendio. Por el barandal llegó a la ventana de su oficina y la abrió con cuidado.
Entró.
Parecía como si alguien acabara de estar ahí, muchos papeles estaban a medio guardar en una bolsa...
"De mujer"
-Griselda- murmuró Raúl
-Exactamente- dijeron desde la puerta. Era su mujer.
-¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con tu amiga?-
Ella se rió fuertemente. -A estas alturas deberías saber que no fue más que una coartada-
Su voz tenía un tono de desdén que Raúl identificó como de odio.
-¿Qué estás haciendo?- él se intentó acercar a ella pero ella le apuntó con el revólver.
-Atrás. Vamos a hundirte, a mostrarle al mundo lo que realmente. Tantos años detrás de ti sólo para que me ignoraras. Pues bien, no vas a poder ignorar esto. ¿Recuerdas? Un hombre murió por tu culpa, por capturar a un inocente con tal de probarte el más inteligente de la jefatura. El asesino serial que tú predecías no fue tal, sólo fue un vagabundo en un frenesí errático, pero tú piensas demasiado las cosas y querías lucirte. Todos te odiaron por eso pero aun más cuando conseguiste escapar de cualquier investigación. Seguramente sobornaste mucha gente, a las secretarias para que te dieran los archivos y hundieran ese evento en el olvido. Me utilizaste para limpiar tu consciencia y tu expediente, por eso me empezaste a hablar, por eso fingiste quererme y al final te creíste tu propia farsa. Construíste tu escenografía y contrataste a tus personajes. Pero ya no más. Nunca fui tu esposa y por eso nunca me sentí mal al no serte fiel. Él y yo planeamos hundirte. Pero el matarte digamos que será fruto de mi propia cosecha...-
Griselda levantó el arma.
-Eres una hija de perra- dijo Raúl
-Gracias-
Ella se acercó.
-Quiero dispararte a quemarropa-
Había cometido el error de dejar la puerta abierta tras de ella porque una pequeña sombra, que Raúl inmediatamente reconoció como Leonora se escabulló. Se escondió tras el escritorio.
El se le aventó a su mujer, forcejeando con el arma. Griselda cayó al suelo y disparó. La bala dio justo en la esquina del escritorio haciendo volar grandes pedazos de madera. El detective trató de quitarle el arma pero las blancas manos de su mujer se aferraban al frío acero. Le enterró un tacón en el muslo, dejándolo inmóvil de dolor. Ella se incorporó con mucho trabajo para después patearlo, sacándole el aire.
Le apuntó a la sien.
-Siempre me ha gustado la frase "tiro de gracia"-
En ese momento, Leonora tomó uno de los pedazos de madera que habían salido del escritorio. Rápidamente se colocó atrás de Griselda, levantó ambos brazos y la golpeó fuertemente en los hombros, el disparó cayó a escasos centímetros de la cabeza de Raúl. Antes de que ella pudiera reaccionar, Leonora la golpeó de nuevo en la oreja. Sangrando, cayó inconsciente.
Raúl tomó el revólver. Escuchó las sirenas de una patrulla y un carro arrancar.
"El amante de Griselda" pensó.
-Huyamos de aquí, Leonora. Tengo todas las de perder, la policía me buscará, tengo un móvil para haber intentado matar a mi mujer, como ellos lo pondrán y además soy culpable de...-
Leonora le puso un dedo en la boca.
-Cállate. Escuché todo lo que dijo ella. No importa. No me interesa quién hayas sido. Mereces estar en prisión pero ya has estado en ella durante muchos años. Ven conmigo a Nueva York. Todavía no es caso perdido.
Y Raúl Castañeda con todo el valor y el coraje que había guardado durante veinte años respondió:
-Larguémonos de aquí-
"Por dios, esta muchacha tiene un revólver en los ojos"... eso me gusto mucho :), de cierta manera la frase se parece a ti.
ResponderEliminarPensar cuanta gente no llega a tener ese coraje en toda su vida, y otros desde temprano, creo que para escribir se necesita eso, coraje. Te felicito. :)
Creo que ya había leido algo así en este blog. Hace largo tiempo.
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