Popurrí
Sonríe para mí, a pesar de que el mundo se desvanezca. Sonríe, incluso la más efímera de tus miradas, una profunda y directa sería lo suficientemente fuerte para hacer que la nubes se congelaran en su cielo.
Y si temblara porque tengo miedo,
Uno sólo de tus abrazos calmaría esas placas que violentamente tiritan.
Y un saludo, un "buenos días" haría de mis días un cinturón de perlas.
Si te fueras, incluso tu dulce despedida, a pesar de la tormenta que engendraría, sería tan inclementemente luminosa que podría atravesar esa caótica epilepsia y alegrarme ese instante.
Y mi corazón, una flor que no sabe que la inclemencia y la erosión poco pueden contra ella. Anhelando la sombra del jardín, esperando las suaves manos de un jardinero distraído que caminando en el sendero, no se fija en el camino sino que observa la vereda.
¡Yo soy la flor que plantó el poeta!
Si el mundo se alegrara por una cosa y una sola, sería por tu existencia.
Las cascadas estallan en su caída, el viento azota siempre sus dudas en tu puerta. El día y la noche se pelean por velar tu insomnio.
Si el mundo hablara le faltarían palabras para describir su alegría. De que tú estés entre sus filas, de que tu vivas.
Ni las flores con sus magníficas melenas, ni todos los hechos que acaecen cada día, ni los juegos que como burbujas entran y salen de este espacio.
Pero qué felicidad es que existas, que respires y te muevas.
¡Qué importa el mar que me atraviesa!
¡Qué importan los valles, las montañas!
¡Qué importa mi sed y la distancia!
¡Con que tú existas, eso basta!
Y si temblara porque tengo miedo,
Uno sólo de tus abrazos calmaría esas placas que violentamente tiritan.
Y un saludo, un "buenos días" haría de mis días un cinturón de perlas.
Si te fueras, incluso tu dulce despedida, a pesar de la tormenta que engendraría, sería tan inclementemente luminosa que podría atravesar esa caótica epilepsia y alegrarme ese instante.
Y mi corazón, una flor que no sabe que la inclemencia y la erosión poco pueden contra ella. Anhelando la sombra del jardín, esperando las suaves manos de un jardinero distraído que caminando en el sendero, no se fija en el camino sino que observa la vereda.
¡Yo soy la flor que plantó el poeta!
Si el mundo se alegrara por una cosa y una sola, sería por tu existencia.
Las cascadas estallan en su caída, el viento azota siempre sus dudas en tu puerta. El día y la noche se pelean por velar tu insomnio.
Si el mundo hablara le faltarían palabras para describir su alegría. De que tú estés entre sus filas, de que tu vivas.
Ni las flores con sus magníficas melenas, ni todos los hechos que acaecen cada día, ni los juegos que como burbujas entran y salen de este espacio.
Pero qué felicidad es que existas, que respires y te muevas.
¡Qué importa el mar que me atraviesa!
¡Qué importan los valles, las montañas!
¡Qué importa mi sed y la distancia!
¡Con que tú existas, eso basta!
¿Y si te pidiera amablemente que repostearas el artículo que borraste? Lo harías
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