Continuación
Empezaba a oscurecer. La temperatura bajó drásticamente cuando el último rayo de Sol se vió en el horizonte. Tenía que construir un lugar (temporal al menos) dónde pasar la noche. En las tierras del sueño era muy sencillo obtener cosas, dependía de la cantidad de imaginación de quien estuviera dentro. En eso yo no tenía ningún problema. Lo difícil era que la permanencia de las cosas dentro del mundo dependía de la estabilidad mental de quien las creara. Y ahí era dónde yo fallaba.
Por esa misma razón se había desmoronado mi anterior hogar... Ahora vagabundeaba por el mundo del sueño, no tenía idea hacia dónde ir. En cierta manera yo había sucitado que todo esto pasara...
Pero mejor me ponía manos a la obra. Me levanté del pequeño banco que había creado y extendí mis manos. Esta vez no quería un edificio que me resguardara de todos, quería una adorable casita que invitara a la gente a pasar. ¿Pero cómo luce una casa así?
Empecé con el jardín, pero no sabía qué flores plantarle... Me quedé ahí parada frente al terreno plano que sería la ubicación, por un buen rato.
Tanto estuve pensando que sólo me distraje cuando una voz me saludó.
-Tu fogata lleva rato apagada-
-¿Ah? No lo había notado- exclamé volteando hacia donde él estaba. Él ya había prendido otro fuego. -Gracias- Era Munro, el hombre del otro día.
-¿Qué haces?-
-Ahm, construyendo un lugar temporal. ¿Tú sabes qué flores tienen los jardines de las casas acogedoras?-
-¿Qué?-
Me empecé a reír. -Es que ése es el diseño que intento lograr-
-¿Por qué querrías invitar a la gente a entrar a tu casa?-
-Bueno, para platicar, ¿no? Me gusta charlar con la gente-
-A mí no tanto-
Bajé la mirada. La primera persona que veía en esta región y no le gustaba platicar. No supe qué contestar. Si hubiera sido antes simplemente me hubiera despedido y entraba al edificio. O hubiera entrado y elegido alguna herramienta para romper el hielo, un libro, una gema rara... Algo. Pero aquí me encontraba con muy pocas cosas y mi mente no estaba lo suficientemente entrenada como para imaginar cualquier cosa interesante, al menos no para crear algo digno de conversación.
-Vamos, si tú fuiste el que se me acercó- dije en un fingido tono de broma.
-Me dió curiosidad ver cómo construyes una casa, Sábado-
-Pues prepara tus ojos para el asombro. Sólo no te robes mis ideas- traté de sonar entusiasta. En realidad tenía pocos materiales.
-Yo ya tengo un lugar dónde quedarme, no tengo porqué robarte tus ideas. ¿De qué está hecho tu vestido?- me preguntó, sentándose en el banco que previamente yo había creado.
El cielo estrellado comenzaba a girar lentamente, parecía como si las estrellas estuvieran dentro de una esfera de aquellas que contienen diamantina blanca y que si las agitas, ésta se mueve. Algunas personas habían unido las estrellas con líneas doradas para mostrar las constelaciones principales. Esa noche no había luna. Se necesitaban al menos 120 personas que quisieran luz en la noche... A mí me era indiferente si esa noche iluminaba la luna o no.
-¿Cómo dices?- pregunté mirando mi ropa. Era de color bermellón, un vestido muy sencillo pero que me gustaba mucho por cómodo y práctico, con manga tres cuartos y bolsos en los costados. También llevaba una capa color sepia.
-Tu ropa, ¿de qué está hecha?-
-Son ilusiones, como casi todo mi guardarropa-
Sonrió condescendientemente. -¿Cuánto tiempo llevas aquí? Me refiero a este mundo-
- Una traslación y media-
-Llevas muy poco aquí, eso explica porqué haces tu ropa de ese material-
-¿Tú cuánto llevas?- pregunté algo molesta. Siempre me enojaba que me recalcaran mi inexperiencia.
-Seis traslaciones-
-¿Y de qué está hecha tu ropa?- inquirí señalando sus austeros pantalones color vino y su abrigo púrpura, algo desgastado.
-Promesas cumplidas-
Volví a quedarme en silencio.
-¿De qué vas a construir tu casa?-
-Vas a volver a decir que es un mal material. ¿Por qué vienes a preguntarme todo esto?-
-Escuché de ti en la ciudadela, en el kiosko de información-
-¿Qué escuchaste?-
-Bueno, en primera no es fácil encontrar quién canjee los libros que tú pones a disposición, menos en esta ciudadela-
-¿Y en segunda?-
-Alguien con tu apariencia-
-¿Qué tiene?-
-Bueno, para mantener esa estabilidad de imagen se necesita mucho temperamento... Pero sobretodo seguridad. Y vine hasta acá para saber si eras un constructo o no.-
-Hasta donde yo sé, no lo soy. ¿Me vas a ayudar con mi casa o no?-
Por esa misma razón se había desmoronado mi anterior hogar... Ahora vagabundeaba por el mundo del sueño, no tenía idea hacia dónde ir. En cierta manera yo había sucitado que todo esto pasara...
Pero mejor me ponía manos a la obra. Me levanté del pequeño banco que había creado y extendí mis manos. Esta vez no quería un edificio que me resguardara de todos, quería una adorable casita que invitara a la gente a pasar. ¿Pero cómo luce una casa así?
Empecé con el jardín, pero no sabía qué flores plantarle... Me quedé ahí parada frente al terreno plano que sería la ubicación, por un buen rato.
Tanto estuve pensando que sólo me distraje cuando una voz me saludó.
-Tu fogata lleva rato apagada-
-¿Ah? No lo había notado- exclamé volteando hacia donde él estaba. Él ya había prendido otro fuego. -Gracias- Era Munro, el hombre del otro día.
-¿Qué haces?-
-Ahm, construyendo un lugar temporal. ¿Tú sabes qué flores tienen los jardines de las casas acogedoras?-
-¿Qué?-
Me empecé a reír. -Es que ése es el diseño que intento lograr-
-¿Por qué querrías invitar a la gente a entrar a tu casa?-
-Bueno, para platicar, ¿no? Me gusta charlar con la gente-
-A mí no tanto-
Bajé la mirada. La primera persona que veía en esta región y no le gustaba platicar. No supe qué contestar. Si hubiera sido antes simplemente me hubiera despedido y entraba al edificio. O hubiera entrado y elegido alguna herramienta para romper el hielo, un libro, una gema rara... Algo. Pero aquí me encontraba con muy pocas cosas y mi mente no estaba lo suficientemente entrenada como para imaginar cualquier cosa interesante, al menos no para crear algo digno de conversación.
-Vamos, si tú fuiste el que se me acercó- dije en un fingido tono de broma.
-Me dió curiosidad ver cómo construyes una casa, Sábado-
-Pues prepara tus ojos para el asombro. Sólo no te robes mis ideas- traté de sonar entusiasta. En realidad tenía pocos materiales.
-Yo ya tengo un lugar dónde quedarme, no tengo porqué robarte tus ideas. ¿De qué está hecho tu vestido?- me preguntó, sentándose en el banco que previamente yo había creado.
El cielo estrellado comenzaba a girar lentamente, parecía como si las estrellas estuvieran dentro de una esfera de aquellas que contienen diamantina blanca y que si las agitas, ésta se mueve. Algunas personas habían unido las estrellas con líneas doradas para mostrar las constelaciones principales. Esa noche no había luna. Se necesitaban al menos 120 personas que quisieran luz en la noche... A mí me era indiferente si esa noche iluminaba la luna o no.
-¿Cómo dices?- pregunté mirando mi ropa. Era de color bermellón, un vestido muy sencillo pero que me gustaba mucho por cómodo y práctico, con manga tres cuartos y bolsos en los costados. También llevaba una capa color sepia.
-Tu ropa, ¿de qué está hecha?-
-Son ilusiones, como casi todo mi guardarropa-
Sonrió condescendientemente. -¿Cuánto tiempo llevas aquí? Me refiero a este mundo-
- Una traslación y media-
-Llevas muy poco aquí, eso explica porqué haces tu ropa de ese material-
-¿Tú cuánto llevas?- pregunté algo molesta. Siempre me enojaba que me recalcaran mi inexperiencia.
-Seis traslaciones-
-¿Y de qué está hecha tu ropa?- inquirí señalando sus austeros pantalones color vino y su abrigo púrpura, algo desgastado.
-Promesas cumplidas-
Volví a quedarme en silencio.
-¿De qué vas a construir tu casa?-
-Vas a volver a decir que es un mal material. ¿Por qué vienes a preguntarme todo esto?-
-Escuché de ti en la ciudadela, en el kiosko de información-
-¿Qué escuchaste?-
-Bueno, en primera no es fácil encontrar quién canjee los libros que tú pones a disposición, menos en esta ciudadela-
-¿Y en segunda?-
-Alguien con tu apariencia-
-¿Qué tiene?-
-Bueno, para mantener esa estabilidad de imagen se necesita mucho temperamento... Pero sobretodo seguridad. Y vine hasta acá para saber si eras un constructo o no.-
-Hasta donde yo sé, no lo soy. ¿Me vas a ayudar con mi casa o no?-
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