Saturday returns
Después de varios meses de viaje me di cuenta de que si bien ya tenía de qué sobrevivir (what to do for a living) seguía en un camino mayormente solitario. Aunque me sentía mucho mejor que cuando estaba encerrada en el palacio, eso sí. Me senté en una de esas amplísimas colinas que se extendían, empezaba a anochecer y el frío no tardó en hacerse presente. La ciudad más próxima se encontraba a dos horas de caminata y para cuando llegara ya sería demasiado noche como para que alguien me abriera su puerta. Así que decidí acampar en ese lugar.
Ya no pretendía hacer un edificio como el de la última vez, sería inútil y desmasiado desgastante. En eso estaba pensado cuando una figura se acercó lentamente, parecía otra persona que vagabundeaba como yo...
-¡Saludos!- exclamó una voz masculina. La luz púrpura de la fogata no le iluminaba muy bien.
-Hola- respondí. Traté de sonar lo más amable posible. Hacía mucho que no hablaba con desconocidos.
-¿Tú hiciste esa fogata?-
-Sí, junto con el campamento. Mi nombre es prin..., que diga, Sábado.
-¿Sábado? ¡Qué nombre! El mío es Mármol Munro, pero tú puedes decirme Munro. Es extraño encontrar por acá a turistas, normalmente lo visitan trotamundos.
-Yo no soy una turista... Vivo en este mundo desde hace cuatro años-
Él soltó una carcajada que sonaba a disculpa. -Te ves tan joven... ¿Qué te trae por acá? ¿A las afueras de la ciudad-lago?-
-Vengo a aprender un poco de magia, digo, más...- señalé el fuego
-Ya veo... Se ve que sabes algo-
"Entiéndelo, Sábado..." agité mi cabeza para ahuyentar recuerdos.
-¿Vas a quedarte mucho tiempo por acá?- me preguntó. En toda la conversación no había tomado asiento.
-No lo sé, ¿por qué no... te sientas?-
No pude ver la expresión de su rostro a causa de la oscuridad.
-En realidad, tengo prisa-
-Ah... Está bien... Sólo lo decía porque... Bueno... Nos vemos- respondí, el fuego cambió a un color gris y la temperatura bajó.
-Oye, no te pongas así...-
-No, no es nada. Buenas noches-
Terminé de construir el campamento. Munro se quedó de pie un rato más antes de irse.
-Por cierto- exclamó habiendo dado unos cuantos pasos -¿Acaso no eres la princesa que vivía en un edificio abandonado a dos meses de aquí?-
Miré mis manos sucias, mi ropa austera y el desaliñado campamento.
-No. Ni siquiera sé de quién hablas, ¿por qué lo preguntas?-
-Te me figuraste un poco-
Él caminó hasta desaparecer en las pálidas luces de la ciudad.
Ya no pretendía hacer un edificio como el de la última vez, sería inútil y desmasiado desgastante. En eso estaba pensado cuando una figura se acercó lentamente, parecía otra persona que vagabundeaba como yo...
-¡Saludos!- exclamó una voz masculina. La luz púrpura de la fogata no le iluminaba muy bien.
-Hola- respondí. Traté de sonar lo más amable posible. Hacía mucho que no hablaba con desconocidos.
-¿Tú hiciste esa fogata?-
-Sí, junto con el campamento. Mi nombre es prin..., que diga, Sábado.
-¿Sábado? ¡Qué nombre! El mío es Mármol Munro, pero tú puedes decirme Munro. Es extraño encontrar por acá a turistas, normalmente lo visitan trotamundos.
-Yo no soy una turista... Vivo en este mundo desde hace cuatro años-
Él soltó una carcajada que sonaba a disculpa. -Te ves tan joven... ¿Qué te trae por acá? ¿A las afueras de la ciudad-lago?-
-Vengo a aprender un poco de magia, digo, más...- señalé el fuego
-Ya veo... Se ve que sabes algo-
"Entiéndelo, Sábado..." agité mi cabeza para ahuyentar recuerdos.
-¿Vas a quedarte mucho tiempo por acá?- me preguntó. En toda la conversación no había tomado asiento.
-No lo sé, ¿por qué no... te sientas?-
No pude ver la expresión de su rostro a causa de la oscuridad.
-En realidad, tengo prisa-
-Ah... Está bien... Sólo lo decía porque... Bueno... Nos vemos- respondí, el fuego cambió a un color gris y la temperatura bajó.
-Oye, no te pongas así...-
-No, no es nada. Buenas noches-
Terminé de construir el campamento. Munro se quedó de pie un rato más antes de irse.
-Por cierto- exclamó habiendo dado unos cuantos pasos -¿Acaso no eres la princesa que vivía en un edificio abandonado a dos meses de aquí?-
Miré mis manos sucias, mi ropa austera y el desaliñado campamento.
-No. Ni siquiera sé de quién hablas, ¿por qué lo preguntas?-
-Te me figuraste un poco-
Él caminó hasta desaparecer en las pálidas luces de la ciudad.
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