La noche de los dones
El estadio se había vaciado horas antes.
El frío del sur de la ciudad les calaba los huesos e intentaban mantenerse calientes dándole tragos a una caguama tibia, turnándose entre la botella y un cigarro.
"Don Valo, ¿a qué hora dice que pasa su sobrino por nosotros?" preguntó uno de ellos, el mayor.
"Como a las 4, le dije que no se alebrestara, que íbamos a estar en el bar de siempre", respondió Don Valo. El más joven y el único de ellos que traía celular moderno. Todos los demás traían celulares de chicle, como sus nietos les decían.
"Ah, bueno" dijo Don Chema, sentado frente a una reja del estadio.
Nadie quería decir en voz alta, porque eso sería admitirlo, que la noche había valido madres desde que acabó el partido.
Los Pumas habían perdido, para variar, contra el América en el que les gustaba considerar como "clásico capitalino". La porras se habían peleado y tuvieron que cancelar el partido, un señor había muerto después de tratar de aventarse contra otro desde una fila más arriba. "Si no son las pinches luchas", había dicho Don Chema, entre risas. Pero su expresión no era negativa, estaba lleno de vida.
Tal avivamento no duró mucho pues los puercos entraron rápidamente y procedieron a madrearse a todo aquél que se le pusiera enfrente. Incluyendo al nieto de Don José, quien iba con la Rebel. El hombre cayó como muñeco de trapo y despertó vomitándose. Ahora estaba sentado en la banqueta, con la mano en la cabeza y gimiendo, diciendo incoherencias. Todos lo estaban medio cuidando.
"Nos va a regañar su mamá", dijo Don José, a nadie en particular. "Ella estuvo insiste e insiste en que no viniera, incluso me regañó por haber comprado boletos. Yo le dije que no pasaba nada, que el muchacho hace mucho que no se juntaba con los de la porra pero yo qué iba a saber que también andaba jurado..." dijo antes de escupir en la calle.
"¿Y cómo cree que consiguió los boletos entonces, Don José? Neta, no se haga pendejo. Bien que sabe que estos asientos solo se consiguen con las porras"
Don José volteó a verlo con ganas de soltarle un madrazo pero Don Valo solo se volteó. Miles de papeles pululaban en la calle, el aire frío fue una sorpresa, llevaban años sin sentir aire helado.
"Y yo sin chamarra" dijo Don Chema. Nadie respondió.
El nieto de Don José, Rubén o Robby como le decían sus cuates, seguía con sus cosas.
"¡Te dije que estaba allá arriba!"
"Calma a tu muchacho, José" dijo Don Chema. No le dijo que la voz del muchacho, grave y distorsionada como la voz de los que hablan dormidos, le traía malos recuerdos. Mucha gente empezó a hablar así después de la pandemia. Daño cerebral, demencia senil a gente cada vez más joven.
"¿Y cómo vergas lo voy a calmar?" Don José estaba perdiendo la paciencia. Don Valo no decía nada de su puto sobrino y no tenían forma de llegar hasta Chalco sin un carro.
"Un bar, ¡un bar! ¿quién chingados tiene un bar en esta parte, Valo?" dijo Don Chema. "¡Ya nadie vive aquí!"
"Oh pues yo pensé que iba a haber, como en los viejos tiempos, yo qué iba a saber que iba a estar lleno de oficinas y tiendas gringas"
"Todo mundo lo sabe, Valo, todo mundo que tenga dos ojos en la cara y dos dedos de frente." Le respondió Don José. Aventó la botella vacía a la calle. No se rompió.
"Ya no puedes ni romper una botella" dijo Don Chema, "nadie puede, fue por el bicho ese, todos nos quedamos bien débiles. Yo creo que por eso quedó así tu muchacho, ya nadie aguanta nada."
Don José no dijo nada. Le sorprendía que para empezar, los partidos de fútbol siguieran aceptando locales, ya casi todo era exclusivo para extranjeros. Pero la Rebel... "La Rebel vale madres" dijo.
"¿Y tu sobrino, Valo?"preguntó Don Chema
El único que tenía carro que circulaba de noche. Trabajaba para una aplicación y Valo juraba que podía subir pasaje sin necesidad de cobrar de antemano, pero ahora no estaba tan seguro.
"Que ya mero viene, dice que si lo cachan sin pasaje por más de media hora lo dan de baja."
"O sea que lo despiden"
"Ajá"
Lo que había empezado como una noche para recordar los viejos tiempos se había vuelto una forma de recordarles lo mucho que había cambiado la ciudad. Y para mal.
"Antes no estaba bien pero ahora está peor" dijo Don Chema.
El nieto de Don José ya llevaba rato sin hablar pero a nadie le preocupó checarlo. Llevarlo al hospital que atendiera locales hubiera sido peor, horas y horas de espera.
"¿Cómo es que no pasa nadie por aquí?"
"Porque no hay nada, solo calle y oficinas vacías. Hazte de cuenta que es una calle fantasma."
"Qué cagado, tal vez por eso no llega el sobrino de don Valo. Tal vez ni siquiera reconoce este lugar como calle."
"Pos está bien, nosotros ni contamos como personas para esa madre" dijo Don Valo mostrándoles su celular.
"No exageres, mi hija dice que estamos en una buena zona, podríamos estar peor, podríamos estar lejos de la señal y ahí sí valemos verga. Al menos aquí la luz pública sigue siendo gratis."
Nadie le puso atención.
"Yo digo que lo esperemos del otro lado del estadio." dijo Don José
"Ey"
"Simón"
Los tres dones se levantaron y caminaron y siguiendo caminando.
Nadie volteó a ver si las luces que de pronto los iluminó eran del carro del sobrino de Don Valo.
Nadie volteó a ver si el grito que se escuchó después de un golpe había sido el nieto de Don José.
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