Escuchar el "Lago de los cisnes" y revivir al final.

Si me siento triste es por la misma razón de siempre. 
Por que no me voltean a ver quienes por tanto tiempo me he esforzado por llamar la atención. Por que los demás no importan si en un momento, alguno de los que anhelo me dedican unos 10 minutos de palabras sinceras, de hacerme ver que soy una cara familiar entre la masa gris. Porque podría pasar a la historia, porque podría resquebrajar a los grandes con mis palabras y nada de eso importaría si al regresar a casa siento la indiferencia de ellos pendiendo sobre mi cabeza.
Porque cada uno de ellos representa lo que tanto me duele. Porque no puedo conseguir su atención así como no conseguí la de mi padre. 
Sonreír constantemente, acertar en el blanco cada vez menos. 
Ya no tiene chiste nada de esto. Es infructuoso y sobre todo, lastimero.
Si alguien lo supiera, tendría de mí un arma infalible que me dejaría en el suelo, palpitando como una cabeza recién cortada.
Porque la solución sería dejar de anhelar, dejar de desear que pasase lo que tanto quiero. Simplemente observarlos como ellos me observan a mí, un objeto más en el escenario, en el paisaje, no diferente a las sillas o a las mesas en donde pudiera estar.
Siempre buscando una recompensa, un "¡bien hecho" tardío que a mi edad parece patológico.
Yo y la soledad no nos llevamos bien, yo alejándome de ella y ella siempre en el momento menos oportuno, encontrándome justo cuando la necesito. 
Ese abandono siguiéndome los pasos, recordándome que no me puedo deshacer de él.

Si tan sólo pudiera dejar de anhelar y simplemente cargar con el peso del día, vivir en el eterno presente. Escuchar "El lago de los cisnes" y revivir al final.

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