Si le hablo y le procuro, como si fuera mi familia,
yo le pregunto, ¿usted se ofendería?

Cuando me da usted incondicional la mano,
yo me digo a mí misma "¡Sé que él es mi hermano!",
en cambio si usted sonríe al notar que yo sonrío,
me corrijo "No, no. Ahora sé que es mi tío"

Pero hay un momento
cuando usted quiere a mi semblante quitarle la tristeza, 
donde yo exclamo con la mayor de las certezas,
dentro de esa caridad escondida e inefable:
"¡Yo creo que él es como mi padre!"

Y el parentesco, entonces supera esas barreras 
de lejanía, de tiempo, de nacionalidad.
Usted es pariente que fue lejano pero que ahora se acerca.

La simpatía y el afecto no nacen de las mismas venas,
si usted es mi hermano, mi tío o hasta mi padre
es porque el cariño no se engendra en el material de las arterias
¡es porque la sangre puede trascender la carne!

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