Sonríe para mí, a pesar de que el mundo se desvanezca. Sonríe, incluso la más efímera de tus miradas, una profunda y directa sería lo suficientemente fuerte para hacer que la nubes se congelaran en su cielo. Y si temblara porque tengo miedo, Uno sólo de tus abrazos calmaría esas placas que violentamente tiritan. Y un saludo, un "buenos días" haría de mis días un cinturón de perlas. Si te fueras, incluso tu dulce despedida, a pesar de la tormenta que engendraría, sería tan inclementemente luminosa que podría atravesar esa caótica epilepsia y alegrarme ese instante. Y mi corazón, una flor que no sabe que la inclemencia y la erosión poco pueden contra ella. Anhelando la sombra del jardín, esperando las suaves manos de un jardinero distraído que caminando en el sendero, no se fija en el camino sino que observa la vereda. ¡Yo soy la flor que plantó el poeta! Si el mundo se alegrara por una cosa y una sola, sería por tu existencia. Las cascadas estallan en su caída, el ...
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