El Origen de la Luna

Hace mucho tiempo, en una lejana ciudad de piedra, Muma vivía dentro del cuerpo de una mujer. Sus recuerdos como divinidad hacía mucho que se habían desvanecido con el ciclo de las reencarnaciones. En esa época, todavía no existía la Luna y por lo tanto, el mar siempre estaba quieto, al igual que los corazones de los aldeanos. 
Muma habitaba en un castillo hecho de piedra y conservaba un poco de su poder de antaño. Su habilidad para engendrar vida la habían hecho merecedora de un trato especial por parte de los habitantes de la ciudad. Cada día,ella se paseaba por los campos para que éstos floreciesen y dieran frutos. Los aldeanos vivían despreocupados y cómodos, no se esforzaban para vivir, todo era apacible y seguro.
Esto entristecía a Muma puesto que ella era el principio de la pasión y de las emociones, y la gente en cambio, se la pasaba holgazaneando. 
Un día, mientras ella observaba melancólicamente por la ventana de su alcoba, en la torre más alta, notó la llegada de un viajero que a su paso, lo llenaba todo de nieve. El corazón de la muchacha revoloteó puesto que en el fondo, lo había reconocido como Sahuo.
También pudo ver cómo al entrar a la ciudad, los aldeanos lo rechazaban e intentaban ahuyentarlo, él parecía exhausto de tanto haber viajado pero nadie le daba asilo.
Cuand por fin llegó al castillo de Muma, ella lo recibió con entusiasmo y curiosidad. 
El viajero le contó que dentro de él habitaba el principio de la muerte y que congelaba todo a su paso.
-Yo nunca había visto la nieve- dijo Muma asombrada
Sahuo le dijo que lo habían expulsado de su aldea y que había oído que en estas tierras habitaba una mujer que generaba vida y que tal vez ella podía curarlo.
-No sé cómo curarte- respondió ella.
La presencia del extraño la desasosegaba, cuando por alguna razón ella rozó sus manos con las del recién llegado, sus temperaturas se estabilizaron. El contacto entre los dos generaba el equilibrio. Pronto, él dejó de crear tanta nieve y ella de generar vida, su preocupación por los aldeanos disminuyó.
Ahora ella salía sola generando vida, después comenzó a salir con Sahuo, equilibrando la temperatura, cuando él se interesaba en otras cosas, como por ejemplo, la aldea o el lago, ella se entristecía un poco y bajaba la temperatura, al fina, sólo Sahuo salía, cubriéndolo todo de nieve.
Poco a poco, ella comenzó a caer enferma, se había enamorado profundamente de Sahuo pero él sólo admiraba la belleza del lago cuando se congelaba.

Los habitantes comenzaron a sentir incertidumbre y crearon bailes, poemas, arte para divertir a Muma, quien cada vez estaba más débil. El castillo comenzó a llenarse de nieve y de hielo. Los aldeanos intentaron calentarlo rodeándolo de antorchas. Por la noche, la nieve reflejaba la luz de una manera tan espléndida, tan magnífica, que hizo que el corazón de Sahuo se derritiera un poco y velara toda la noche a Muma.
Ella estaba tan feliz, pero también tan enferma que como último deseo hizo que por las noches siempre hubiera un faro así de luminoso y bello pendiendo del cielo. Así fue como se creó la Luna.

Sin embargo, el corazón de Muma había estado tan débil y sin saber si Sahuo le correspondía o no, cada cierto tiempo, la luna perdía su resplandor. Sahuo, quien siempre quiso a Muma pero nunca pudo hacérselo saber, se embarcó en una balsa en el inmenso lago para no volver.

Por las noches se escuchaba a lo lejos:
Marinero, ¿a quién buscas?
¿En qué barco destartalado te enfrentas hoy al mar?
La Luna con su ojo y la noche con su vestido, velan tu sueño para que puedas descansar.
Marinero, ¿por dónde navegas?
¿Por el mar que durmiendo palpita o por cielo que se muere porque lo visites?
¿Es el abismo quien te pide navegar?
La serenidad del viaje, la luz y su amarillo
¡Cuánto brillo, cuánta paz!
¡Y pensar que tanto tiempo buscaste en la tierra lo que es del mar!

Así, él silenciosamente levanta la marea para demostrarle a Muma el poder de su cariño, pero Muma está tan lejos, durmiendo en su castillo de Luna, que no lo nota y mengua hasta que retoma la esperanza cada mes, recordando que tal vez Sahuo, se regocija al verla radiante.

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