Una tarde veraniega de la Princesa Sábado con Viernes.
La noche anterior, un reconocido filósofo norteamericano había tenido un sueño en el que él moría. Debido a los husos horarios, ella se estaba despertando de su siesta vespertina y al igual que él, había tenido un sueño donde su vida terminaba.
Se levantó de la cama y se miró al espejo, su despeinada cabeza todavía tenía la cola de caballo a medio atar y el listón se le había desprendido. Bostezó y fue al baño a lavarse la cara, para cuando terminó, el sueño se le había olvidado por completo.
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La calle estaba vacía y un sofocante calor veraniego ahuyentaba a los transeúntes a lugares cerrados y con sombra. El humo de su cigarro parecía mantenerse estático en el aire, no había viento, ni una brizna, y el humo se condensó en una pequeña voluta tan compacta, que parecía poder cortarse con un cuchillo. Sus lentes oscuros hacían que chorreara sudor de su sien y aunque se estuviera asando, llevaba un ligero suéter blanco para no quemarse los brazos.
Cruzó la amplia explanada que daba la bienvenida al edificio y se quedó parada frente a la puerta de vidrio, bajo un pequeño techo. No se permitía fumar adentro.
En ese momento se abrió la puerta, un soplo del helado aire acondicionado salió... Cerró los ojos para disfrutar el tacto del gélido viento y el humo en la garganta.
-Hola, Rebeca- la saludaron. Ella bajó el cigarro de sus labios.
-Hola- contestó sonriendo de oreja a oreja.
-¿Qué haces aquí?- le preguntaron
-Vine por unas cosas aquí, al edificio de al lado y pensé en venirte a saludar-
-Ah, está bien. ¿Tienes hambre?-
Ella asintió con la cabeza.
Caminaron por las áreas verdes, los amplios pastizales que rodeaban esos edificios parecían páramos de alguna provincia desértica. Los arbustos estaban secos y los árboles tenían pocas hojas. El sol recortaba definidas sombras de todos los objetos.
-Oye, oye, lamento lo del otro día- dijo ella
-¿Qué cosa?-
-El haber faltado a la última sesión...-
-No te preocupes, no pasó nada-
Ella se quedó callada mientras subían por una pequeña colina.
-Vamos, dije que no te preocuparas. Te tomas las cosas muy en serio-
-Creo que es uno de mis defectos... Realmente pienso como si las cosas que me pasaran fueran graves o tuvieran algún efecto importante en mi vida y eso evita que haga cosas, que me concentre en algo. Lo cotidiano, lo trivial ocupa mis pensamientos en demasía. La inseguridad me carcome cada vez que hablo con alguien a quien aprecio. Bueno, tal vez exagero, pero también la exageración es parte del defecto... Sí claro, las personas somos abismos y las palabras son los puentes que nos unen. ¿Pero qué pasa con los que no podemos salir del abismo? Incluso cuando sea un pequeño bache y estemos como un demente buscando bichitos imaginarios en su piel... Llegamos ante los demás con una caja de cerillos mostrándoles nuestras angustias y resulta que no hay nada.
'¿Realmente me consideras tu amiga?' Esa es una pregunta inútil porque con cualquier respuesta yo no puedo hacer nada.
Estar observando al peñasco no es una buena manera para ser sociable. Dime, ¿crees que debería aprender a fluir con las cosas? Yo creo que sí... Y también pienso que charlar contigo me ha ayudado mucho, ese edificio me está matando, bueno, tal vez no. Me ha retado y puedo ver desde mi ventana una buena parte de la ciudad. ¿Ya te había dicho cuánto me gustan las alturas? Gracias por tus cartas, me han mantenido ocupada de que no crezcan hongos en mi cabeza. Lo sé, estoy exagerando. Pero ése siempre ha sido mi problema...-
-De hecho, todos los días pienso en lo que hice, cómo me comporté y demás. Pero no trato de llegar a las conclusiones sobre el valor que yo tengo o si siquiera tengo valor-
Estar observando al peñasco no es una buena manera para ser sociable. Dime, ¿crees que debería aprender a fluir con las cosas? Yo creo que sí... Y también pienso que charlar contigo me ha ayudado mucho, ese edificio me está matando, bueno, tal vez no. Me ha retado y puedo ver desde mi ventana una buena parte de la ciudad. ¿Ya te había dicho cuánto me gustan las alturas? Gracias por tus cartas, me han mantenido ocupada de que no crezcan hongos en mi cabeza. Lo sé, estoy exagerando. Pero ése siempre ha sido mi problema...-
-De hecho, todos los días pienso en lo que hice, cómo me comporté y demás. Pero no trato de llegar a las conclusiones sobre el valor que yo tengo o si siquiera tengo valor-
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