La Princesa Sábado y el Coronel en un día lluvioso

Ella lo miró con ojos llenos de tedio y a la vez, una chispa de malicia se asomaba en ellos. Estaba aburrida y quería jugar un juego.
-Dime, Coronel- musitó con el rostro recargado en su puño, el cabello le caía como un telón negro de teatro hasta el brazo del sillón, donde se doblaba en sí mismo.
Él levantó la mirada desde el antecomedor, el humo del tabaco y el vapor del café se mezclaban, viciando el aire.
-¿Nunca te preguntaste cómo sería besarme?- 
Los ojos de él se mostraron primero inquietos y luego se apaciguaron.
-¿Por qué lo preguntas?
-Porque yo hace tiempo que no beso a alguien-
-¿Y pensaste que ésa era una buena forma de pedírmelo?-
-No estoy pidiéndote nada. Estoy aburrida y quiero platicar, es todo-

Como siempre, de ella emanaba un aroma a algodón que él percibió tan cercano a pesar de todo el humo en la habitación. Recostada entre los mullidos cojines, parecía un gato negro retozando frente a una chimenea.

-Sí- contestó él al fin -Sí me lo he preguntado y varias veces pero eso tú ya lo sabes, m'dear-

Ambos se quedaron callados. Afuera se escuchó pasar una avión y la lluvia había menguado. El Coronel se levantó de su silla y se acercó al sillón donde la princesa lánguidamente yacía recostada. Al llegar, él se hincó frente a ella para que sus rostros quedaran a la misma altura.
-¿Y tú?- su mirada ámbar se le clavó. Ella se hizo para atrás.
-A veces- contestó rápidamente para, de un salto, ponerse de pie. Sin embargo, el Coronel le tomó la mano y la jaló tan fuerte que ella se dejó caer de nuevo al sillón.
-A veces creo que me provocas, que eres como un gato que no mata a su presa para poder jugar con ella cuando se aburra pero otras veces creo que es al revés-
La princesa cerró los ojos y sintió cómo el Coronel le besaba la mano y recargaba su rostro en su palma. Después él se levantó y volvió a su asiento.
-Todavía eres como una niña- dijo mientras se terminaba su café -¿Ya te dije lo bien que te ves con el cabello de ese color?
-¿Ya te dije que eres el único con quien puedo fumar a gusto?- contestó ella recuperando su aliento para después darle una calada al cigarro.

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