Laberintos

I'm sorry but I'm just thinking of the right words to say. I know they don't sound the way I planned them to be. 
When in Rome, The promise

¿A dónde llegan los laberintos que hay dentro de cada persona? La respuesta es bastante simple: a ningún lado. No hay un tesoro en el centro ni la entrada a un jardín extraordinario, secreto. El laberinto es la persona misma, o tal vez el miedo a perderse viene de la preconcebida idea de querer llegar a una meta. 
Si disfrutáramos más del trayecto, si saboreáramos más a la persona, disfrutando sus conversaciones y adoptáramos sus silencios incómodos con una sonrisa, con la tranquilidad que da el no buscar nada.. Admitiendo perdernos, aceptando los callejones sin salida que son palabras erróneas o miradas perdidas, disolviendo nuestros miedos y expectativas. 
Nos daríamos cuenta que el laberinto no existe. Que somos un país abierto, así como un desierto no es un laberinto para quien no tiene miedo de perderse. Si no hay meta, no hay caminos equivocados. Disolveríamos nuestro ego, nuestras pretensiones de impresionar. No se puede impresionar a nadie caminando en el desierto. El Sol está muy lejano y la arena ya es omnipresente. En la noche, el frío es implacable y la luna indiferente. 
¿Crees que es tonto pensar que después de todo seguiré escribiendo como antes? Después de tantos cambios no puedo pedirme que recorra las mísmas líneas, ¿verdad?

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