Luz
Ya quemé sin piedad, los espacios en blanco y después no hubo más, sólo ruido y sudor, sólo paz.
-Pirómanos, Vetusta Morla.
Al mediodía siempre es difícil buscar un fresco lugar con sombra. A menos que haya un frondoso árbol, un edificio muy alto o pase una nube en el cielo, lograrás encontrar un buen sitio para sentarte en campo abierto. ¡Quién diría que los días tan luminosos fueran precisamente los más complicados!
La calle se blanqueaba con tanta luz, desde hace unos días que un miedo interior estaba desgarrándome las entrañas. No te asustes, lo hacía rascando pequeñas partes, a veces las costillas, a veces el esternón. Nada lo suficientemente doloroso como para que detuviera mi camino y te dijera que algo me sucedía. Llevaba días aguantándome.
Mi mano temblaba cada vez que ese miedo pinchaba un nervio, la gente que los estudia dice que tienen dientes muy afilados. Que entran al organismo de las personas por un descuido, por distracción. Puedo decir que yo nunca me enteré cuándo había entrado, tal vez siempre crecí con él, tal vez mis padres me lo introdujeron pensando que sería algo más útil...
Estaba nerviosa.
Si hubiera estado sola seguramente hubiera comprado algún distractor, algo que el miedo carcomiera en vez de mi carne. Un ejemplo serían mis uñas, una paleta, un cigarro... No fumaba porque decías que eso hacía que yo supiera a tabaco. Las uñas tampoco porque arruinarían mi esmalte y la paleta, sinceramente no sé porqué no me compré una paleta.
Tal vez por la misma razón por la que me aguante los piquetitos que el miedo me inflingía. Ojalá hubiera sabido cómo detenerlos en ese entonces pero sólo sabía huir.
Otro de los peligros que uno corre cuando tiene un miedo dentro es que el miedo se apodere de uno. Es un animal que complica las cosas, que se resbala en su propio caminar y escupe cuando intenta arreglar las cosas hablando. Para ese entonces ya era muy tarde. Y luego estaba el sol iluminándolo todo, haciendo que todo resplandeciera con una claridad escalofriante. Recordándome que todo debería tener sentido, que todo debía ser transparente y sencillo. Luego volteé a vernos, la arboleda con sus habitantes imponentes, su sombra pende sobre nuestras cabezas con la gravedad de la espada de Dámocles; con demasiados suéteres en las manos, con una mochila, mi bolsa que pesaba, botellas de agua... El miedo me dijo que así no deberían ser las cosas, que viera los maniquíes de los estantes, felices en su simplicidad, míralos, con sus cabezas sin rostro, sus dedos sin uñas: No podrían arruinarse el esmalte. En cambio nosotros, llenos de sangre, de mugre y el pardo olor a sudor que exhalaba nuestro cuero cabelludo. En mi ansia de simplicidad lo hubiera quemado todo.
Mi cabello comenzó a erizarse, me rasqué la nuca. El miedo había llegado hasta ahí, me quedaba poco tiempo antes de convertirme en un animal asustado que correría a un lugar donde no hubiera ni tanto sol ni tanta sombra, es decir, adentro de sí mismo. Me llevó a mí en el proceso, solté tu mano y entonces abrí la boca para repetir lo que el miedo tantas veces me había susurrado en su código morse de agudos dolores. Al haberse apoderado de toda mi cabeza, pudo articular razones, construyéndolas como una maqueta, haciéndolas desfilar frente. Tan ocupado estaba en construirlas que no pudo ver la mirada que me lanzaste, no pudo descifrar lo que el cambio de la luz en tus ojos significó. Después de haberlo hecho, llevó mis pasos lejos, muy lejos de ti.
Se sintió bien haberle hecho caso al miedo, se salió por mis ojos y dejó libre mi tórax. Sin saber que solamente había hecho eso para darle espacio al arrepentimiento.
Atardecer.
Cuando pude sacar una mano de entre la maraña de emociones que se había agolpado encima de mí, ya era casi de noche. Me levanté, empadada de sudor y de agua. Traté de hacer una oración inteligible, con éxito. Pero todas me hablaban al mismo tiempo, diciendo más o menos lo mismo pero a diferente ritmo.
Supongo que debo empezar lentamente a reconstruir las piezas. Al fin y al cabo, tiempo es lo que sobra.
Comentarios
Publicar un comentario