Quiero pintar como Goya
Él miraba con atención un cuadro de Goya y pensaba:
"!Cómo me gustaría poder pintar así!"
Cualquier obra de arte le inspiraba ese sentimiento de inutilidad y le decía a su cerebro que no olvidara lo corriente que podría llegar a ser.
Salió del museo suspirando en un sentido figurado, pues sus lastimados pulmones por la polución con trabajo respiraban quedamente. Observó como las calles iban empeorando conforme caminaba hacia el norte de la ciudad. De unas avenidas de apariencia vanguardista y hasta alentadora, a unas viejas, desoladas y polvosas. Ninguna de las dos le gustaban, él hubiera preferido vivir en un bosque dentro de una cabaña de madera... al más puro estilo de cualquier cuento Hans-Christenseriano. Pero ahora era casi imposible, pues si bien podía irse al campo, no podría ir a vivir ahí, lo más que lograría en medio de toda esa zona abandonada y al a vez dominada por los narcotraficantes, sería sobrevivir.
Más de 3/4 de la población mexicana vivía en las ciudades, convirtiéndolas más que en estas en megalópolis. Él vivía en la megalópolis del centro de México (DF-Zona Metropolitana-Cuernavaca-Puebla), todo lo que antes habían sido pueblitos entre las carreteras que las conectaban, ahora eran colonias entre avenidas que las transitaban.
A pesar de que la droga había sido legalizada hacía más de 80 años, la biotecnología iba creando unas cada vez más bizarras, por lo que la línea que dividía a las drogas legales y las ilegales cada vez era más borrosa, y los narcos se encargaban de empañarla aún más.
Todos estos pensamientos acerca de la época de la historia que le tocaba vivir (la vanguardista, no la contemporánea) sólo se le venían a la cabeza cuando pasaba de una parte de la ciudad a otra. Cuando recordaba el mundo que los libros de texto le pintaban. Cuando veía algo de arte del siglo pasado (el XX), cuando veía arte creado por verdaderos artistas.
Cruzó una calle (estaba en la parte de la ciudad donde todavía se podían cruzar las calles, en la otra parte eran túneles subterráneos los que las atravesaban) y por fin llegó al lugar donde sus aspiraciones a artista serían cumplidas.
Imagin-Arte
Plasma tus ideas en alguna bella arte sin necesidad de talento
El corazón se le iluminó tanto como las letras de aquél anuncio empolvado en el edificio de lo que antes había sido el centro histórico.
Subió por unas angostas escaleras y entró al taller.
Una joven diez años mayor que él con lentes y vestida a la moda, aunque de forma barata y precaria, lo recibió.
-Hola, ¿qué puedo ofrecerte?
-Venía por lo del letrero de acá afuera-
La joven se quedó pensativa unos momentos.
-Ah ya, ya te reconocí, tú eres el muchacho que se para siempre del otro lado y se le queda viendo al anuncio- dijo tratando de disimular su incipiente desconfianza.
-Si, es que no me había decidido a entrar-
-¿Y eso?- preguntó ella mientras se sentaba en un escritorio de madera.
-No lo sé- respondió vagamente el chico. La realidad es que no había entrado por qué pensaba que era como una manera de traicionar a los que verdaderamente nacían con el talento para ser artistas.
-Bueno, ¿y en qué puedo servirte?- inquirió la chica entrecerrando las manos en ademán de hombre de negocios.
-La verdad es que... quisiera que me diera talento para la pintura- respondió el joven tímidamente
-Ah, eso es fácil, ¿ya tienes en mente alguna pintura en especial?, ¿algún estilo o corriente en la que te quisieras especializar?-
-Quisiera pintar como Goya- dijo en tono más soñador que de alguien que compra algo
La joven se levantó del escritorio y fue hacia un librero y sacó algunas carpetas, buscó Goya hasta encontrarlo y le mostró las pinturas.
-¿Goya?- preguntó
-Sí, así-
-Bien, entonces te programo tu cita para la próxima semana, ¿está bien?- dijo escribiendo en un cuadernito
-Sí, claro- respondió el adolescente automáticamente antes de salir casi despavorido.
Regresó a su casa, en la parte vanguardista de la ciudad.
Yacía recostado dentro de su eggonómico, es decir, como una cabina en forma de huevo en el cual podría entrar una persona y recostarse. Dentro estaba su proyector de ideas, que trasladaba su pensamiento a la pantalla desde un chip con el cual nació; sus alimentos intravenosos y su ergonosillón, en cual estaba recostado.
El proyector lanzaba imágenes de pinturas, principalmente de Goya.
De repente recordó a su madre, ella había sido de las primeras personas que murieron a manos de las nuevas drogas, en aquél tiempo, la peor era la Navaja Naranja o Nana, la cual le hacía pensar a las personas que eran una suerte de siameses o de que eran ubicuas, por lo cual muchos morían suicidándose por que trataban de cortarse a la mitad o tratando de atravesar coches.
Ella murió de la primera forma. Su padre había sido un físico tachado por muchos como un pervertido, sólo porque fue el primero de muchos que creaban clones de sus amores no correspondidos y se casaban con éstos en una relación más de amo-esclavo que de marido y mujer.
Así que él era el hijo de un clon, ¿qué habrá pasado con la madre de su madre que no era su abuela si no su génesis?
Mientras divagaba en esto... se quedó dormido.
Despertó, no le era posible saber si era de día o de noche, desde hace 80 años que no se podía, la contaminación impedía el paso de la luz solar. Pero eso no importaba, salió del eggonómico y se dispuso a cambiar la ropa, la cual consistía en un mameluco como ropa interior y pantalones con camisa y un saco como exterior. La moda del siglo XIX había regresado, pero con algunos cambios notorios.
Su trabajo consistía en supervisar el laboratorio que le había heredado su padre, aunque él mismo no sabía nada de genética y menos le interesaba. Pero la mayoría de las ganancias iban para él. Y no le importaba ser un chico de 19 años frívolo y superficial, pronto iba a ser un artista y lo frívolo y superficial que pudiera ser, sería reducido a una extravagancia artística.
Se imaginaba a sí mismo en las grandes exposiciones donde nadie apreciaba ya el arte del siglo pasado, en especial a artistas como Goya. Se imaginaba revolucionando el arte cibernético mostrando pinturas en lienzos, mostrando cuadros al óleo, en un lugar donde todos llevaban sus proyectores para enseñarles a todos lo que su imaginación podía crear.
Pero claro, ninguno pintaba, sólo imaginaban y proyectaban.
Ninguno era un verdadero artista para sus ojos.
Él iba a ser el único artista hecho y derecho, aún cuando su talento no era innato, aún cuando no era su talento.
Pasó la semana, sólo contada por el prole, quien desgranaba los días como un rosario para saber cuándo le pagaban. Él también había desgranado la semana, y cuando llegó el día de su cita, se levantó antes que iniciara el sistema su egg, y se fue.
Llegó impaciente al taller.
-Pero mira que puntual eres- dijo la joven
-Es que…-
-No te preocupes, siéntate aquí- dijo ella mientras le señalaba un egg, era lo único vanguardista en ese lugar tan obsoleto y añejo. El egg no estaba el día que pidió la cita.
Se metió al egg, el verbo era meterse no sentarse. Unos electrodos se pegaron automáticamente a su cráneo y a sus dos manos. El proyector pasaba imágenes de pinturas de Goya, así como de artistas contemporáneos a él y de la misma corriente. Una corriente eléctrica pasó de repente por los electrodos, era fuerte pero no le dolía.
Y él seguía pensando… ¿Qué es el arte? No es morirse de frío, si no morirse en ideas y agonizar plasmándolas en papel, lienzo, partituras o arcilla. Es pudrirse en lo sublime, es maldecir con metáforas y compases, es retratarse con una polaroid mejor de lo que cualquier proyector pudiera anhelar. Es tener ideas parecidas a otras y sin embargo nuevas, es desolación hueca que mueve las almas del vulgo cuando éste deja de ignorar al arte.
-Creo que tu cerebro ya empezó a captar las ondas que te van a dar tu talento- escuchó
Y no le quedaba de otra… Pensar era lo único que podía hacer, pensar que todo lo anterior había sido producto de una máquina que hablaba y pensaba por él, que él jamás hubiera podido decir eso, que él jamás había sido un artista…
-Ya terminamos, puedes salir- dijo la voz de la muchacha, era una voz transparente y empolvada por el recuerdo de los viejos tiempos. –A ver, probemos- añadió ella dándole un papel y un lápiz. Él jamás había utilizado éstos instrumentos.
Dibujó el rostro de su madre tal y como lo recordaba… Bizarro y tierno a la vez, con un gesto de odio y resignación con el cual siempre lo miraba.
-Perfecto- anunció la joven como cuando el ángel se le había anunciado a la virgen, y era similar, ella había sido el espíritu santo que le dio el talento sin haber jamás sido tocado por el arte antes.
Y dijo después de analizarlo todo con mente de artista, con sensibilidad de éste.
-¿Quién necesita talento cuando se tiene dinero?-
Y la joven, mirando la lista de precios y a la máquina alternadamente no pudo más que asentir.
"!Cómo me gustaría poder pintar así!"
Cualquier obra de arte le inspiraba ese sentimiento de inutilidad y le decía a su cerebro que no olvidara lo corriente que podría llegar a ser.
Salió del museo suspirando en un sentido figurado, pues sus lastimados pulmones por la polución con trabajo respiraban quedamente. Observó como las calles iban empeorando conforme caminaba hacia el norte de la ciudad. De unas avenidas de apariencia vanguardista y hasta alentadora, a unas viejas, desoladas y polvosas. Ninguna de las dos le gustaban, él hubiera preferido vivir en un bosque dentro de una cabaña de madera... al más puro estilo de cualquier cuento Hans-Christenseriano. Pero ahora era casi imposible, pues si bien podía irse al campo, no podría ir a vivir ahí, lo más que lograría en medio de toda esa zona abandonada y al a vez dominada por los narcotraficantes, sería sobrevivir.
Más de 3/4 de la población mexicana vivía en las ciudades, convirtiéndolas más que en estas en megalópolis. Él vivía en la megalópolis del centro de México (DF-Zona Metropolitana-Cuernavaca-Puebla), todo lo que antes habían sido pueblitos entre las carreteras que las conectaban, ahora eran colonias entre avenidas que las transitaban.
A pesar de que la droga había sido legalizada hacía más de 80 años, la biotecnología iba creando unas cada vez más bizarras, por lo que la línea que dividía a las drogas legales y las ilegales cada vez era más borrosa, y los narcos se encargaban de empañarla aún más.
Todos estos pensamientos acerca de la época de la historia que le tocaba vivir (la vanguardista, no la contemporánea) sólo se le venían a la cabeza cuando pasaba de una parte de la ciudad a otra. Cuando recordaba el mundo que los libros de texto le pintaban. Cuando veía algo de arte del siglo pasado (el XX), cuando veía arte creado por verdaderos artistas.
Cruzó una calle (estaba en la parte de la ciudad donde todavía se podían cruzar las calles, en la otra parte eran túneles subterráneos los que las atravesaban) y por fin llegó al lugar donde sus aspiraciones a artista serían cumplidas.
Imagin-Arte
Plasma tus ideas en alguna bella arte sin necesidad de talento
El corazón se le iluminó tanto como las letras de aquél anuncio empolvado en el edificio de lo que antes había sido el centro histórico.
Subió por unas angostas escaleras y entró al taller.
Una joven diez años mayor que él con lentes y vestida a la moda, aunque de forma barata y precaria, lo recibió.
-Hola, ¿qué puedo ofrecerte?
-Venía por lo del letrero de acá afuera-
La joven se quedó pensativa unos momentos.
-Ah ya, ya te reconocí, tú eres el muchacho que se para siempre del otro lado y se le queda viendo al anuncio- dijo tratando de disimular su incipiente desconfianza.
-Si, es que no me había decidido a entrar-
-¿Y eso?- preguntó ella mientras se sentaba en un escritorio de madera.
-No lo sé- respondió vagamente el chico. La realidad es que no había entrado por qué pensaba que era como una manera de traicionar a los que verdaderamente nacían con el talento para ser artistas.
-Bueno, ¿y en qué puedo servirte?- inquirió la chica entrecerrando las manos en ademán de hombre de negocios.
-La verdad es que... quisiera que me diera talento para la pintura- respondió el joven tímidamente
-Ah, eso es fácil, ¿ya tienes en mente alguna pintura en especial?, ¿algún estilo o corriente en la que te quisieras especializar?-
-Quisiera pintar como Goya- dijo en tono más soñador que de alguien que compra algo
La joven se levantó del escritorio y fue hacia un librero y sacó algunas carpetas, buscó Goya hasta encontrarlo y le mostró las pinturas.
-¿Goya?- preguntó
-Sí, así-
-Bien, entonces te programo tu cita para la próxima semana, ¿está bien?- dijo escribiendo en un cuadernito
-Sí, claro- respondió el adolescente automáticamente antes de salir casi despavorido.
Regresó a su casa, en la parte vanguardista de la ciudad.
Yacía recostado dentro de su eggonómico, es decir, como una cabina en forma de huevo en el cual podría entrar una persona y recostarse. Dentro estaba su proyector de ideas, que trasladaba su pensamiento a la pantalla desde un chip con el cual nació; sus alimentos intravenosos y su ergonosillón, en cual estaba recostado.
El proyector lanzaba imágenes de pinturas, principalmente de Goya.
De repente recordó a su madre, ella había sido de las primeras personas que murieron a manos de las nuevas drogas, en aquél tiempo, la peor era la Navaja Naranja o Nana, la cual le hacía pensar a las personas que eran una suerte de siameses o de que eran ubicuas, por lo cual muchos morían suicidándose por que trataban de cortarse a la mitad o tratando de atravesar coches.
Ella murió de la primera forma. Su padre había sido un físico tachado por muchos como un pervertido, sólo porque fue el primero de muchos que creaban clones de sus amores no correspondidos y se casaban con éstos en una relación más de amo-esclavo que de marido y mujer.
Así que él era el hijo de un clon, ¿qué habrá pasado con la madre de su madre que no era su abuela si no su génesis?
Mientras divagaba en esto... se quedó dormido.
Despertó, no le era posible saber si era de día o de noche, desde hace 80 años que no se podía, la contaminación impedía el paso de la luz solar. Pero eso no importaba, salió del eggonómico y se dispuso a cambiar la ropa, la cual consistía en un mameluco como ropa interior y pantalones con camisa y un saco como exterior. La moda del siglo XIX había regresado, pero con algunos cambios notorios.
Su trabajo consistía en supervisar el laboratorio que le había heredado su padre, aunque él mismo no sabía nada de genética y menos le interesaba. Pero la mayoría de las ganancias iban para él. Y no le importaba ser un chico de 19 años frívolo y superficial, pronto iba a ser un artista y lo frívolo y superficial que pudiera ser, sería reducido a una extravagancia artística.
Se imaginaba a sí mismo en las grandes exposiciones donde nadie apreciaba ya el arte del siglo pasado, en especial a artistas como Goya. Se imaginaba revolucionando el arte cibernético mostrando pinturas en lienzos, mostrando cuadros al óleo, en un lugar donde todos llevaban sus proyectores para enseñarles a todos lo que su imaginación podía crear.
Pero claro, ninguno pintaba, sólo imaginaban y proyectaban.
Ninguno era un verdadero artista para sus ojos.
Él iba a ser el único artista hecho y derecho, aún cuando su talento no era innato, aún cuando no era su talento.
Pasó la semana, sólo contada por el prole, quien desgranaba los días como un rosario para saber cuándo le pagaban. Él también había desgranado la semana, y cuando llegó el día de su cita, se levantó antes que iniciara el sistema su egg, y se fue.
Llegó impaciente al taller.
-Pero mira que puntual eres- dijo la joven
-Es que…-
-No te preocupes, siéntate aquí- dijo ella mientras le señalaba un egg, era lo único vanguardista en ese lugar tan obsoleto y añejo. El egg no estaba el día que pidió la cita.
Se metió al egg, el verbo era meterse no sentarse. Unos electrodos se pegaron automáticamente a su cráneo y a sus dos manos. El proyector pasaba imágenes de pinturas de Goya, así como de artistas contemporáneos a él y de la misma corriente. Una corriente eléctrica pasó de repente por los electrodos, era fuerte pero no le dolía.
Y él seguía pensando… ¿Qué es el arte? No es morirse de frío, si no morirse en ideas y agonizar plasmándolas en papel, lienzo, partituras o arcilla. Es pudrirse en lo sublime, es maldecir con metáforas y compases, es retratarse con una polaroid mejor de lo que cualquier proyector pudiera anhelar. Es tener ideas parecidas a otras y sin embargo nuevas, es desolación hueca que mueve las almas del vulgo cuando éste deja de ignorar al arte.
-Creo que tu cerebro ya empezó a captar las ondas que te van a dar tu talento- escuchó
Y no le quedaba de otra… Pensar era lo único que podía hacer, pensar que todo lo anterior había sido producto de una máquina que hablaba y pensaba por él, que él jamás hubiera podido decir eso, que él jamás había sido un artista…
-Ya terminamos, puedes salir- dijo la voz de la muchacha, era una voz transparente y empolvada por el recuerdo de los viejos tiempos. –A ver, probemos- añadió ella dándole un papel y un lápiz. Él jamás había utilizado éstos instrumentos.
Dibujó el rostro de su madre tal y como lo recordaba… Bizarro y tierno a la vez, con un gesto de odio y resignación con el cual siempre lo miraba.
-Perfecto- anunció la joven como cuando el ángel se le había anunciado a la virgen, y era similar, ella había sido el espíritu santo que le dio el talento sin haber jamás sido tocado por el arte antes.
Y dijo después de analizarlo todo con mente de artista, con sensibilidad de éste.
-¿Quién necesita talento cuando se tiene dinero?-
Y la joven, mirando la lista de precios y a la máquina alternadamente no pudo más que asentir.
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