Antes de que ella dijera algo...
Frenéticamente y antes de que ella dijera algo, la amordazó con el pañuelo que segundos antes ella le había regalado. ¿Por qué lo había hecho? Nadie jamás sabría. Sin embargo ella luchó más ferozmente de lo que él había pensado y se zafó de su violento abrazo.
-¡Imbécil!, ¿qué demonios te pasa?- le gritó enfadada, sobándose la boca y las mejillas
Él no acertó a decir nada, sólo la vio como si eso fuera lo más natural del mundo.
-No sé, simplemente a veces no soporto lo que dices-
Ella lo pateó en la espinilla.
El dolor era tanto que parecía venir de la médula misma, no pudo soportar más y se tiró al suelo.
Como si esto no hubiera sido suficiente, ella le pateó innumerables veces las costillas hasta dejarlo inconsciente.
En el sueño, en el sopor, él soñó que era un lirio y el agua lo llevaba tranquilamente por un estanque frío y quieto, el silencio lo confortaba y el toque cortante y gélido del agua era como un lecho materno para él.
En la inconsciencia él llegó a pensar que todo había sido una metáfora de lo que era su vida, ella era el amor y él era la razón que violentamente quería sofocar las palabras que ella dulcemente le dirigía, sin embargo él jamás pensó que ella (el amor) podía lastimarlo tanto, hasta el punto de dejarlo inconsciente diciendo puras estupideces. ¿Será eso lo que te pasa, Sebastián?
-¡Imbécil!, ¿qué demonios te pasa?- le gritó enfadada, sobándose la boca y las mejillas
Él no acertó a decir nada, sólo la vio como si eso fuera lo más natural del mundo.
-No sé, simplemente a veces no soporto lo que dices-
Ella lo pateó en la espinilla.
El dolor era tanto que parecía venir de la médula misma, no pudo soportar más y se tiró al suelo.
Como si esto no hubiera sido suficiente, ella le pateó innumerables veces las costillas hasta dejarlo inconsciente.
En el sueño, en el sopor, él soñó que era un lirio y el agua lo llevaba tranquilamente por un estanque frío y quieto, el silencio lo confortaba y el toque cortante y gélido del agua era como un lecho materno para él.
En la inconsciencia él llegó a pensar que todo había sido una metáfora de lo que era su vida, ella era el amor y él era la razón que violentamente quería sofocar las palabras que ella dulcemente le dirigía, sin embargo él jamás pensó que ella (el amor) podía lastimarlo tanto, hasta el punto de dejarlo inconsciente diciendo puras estupideces. ¿Será eso lo que te pasa, Sebastián?
Bonito tributo a nuestro amado Salinger que partio a inicios de año a conocer las redes de lo inefable... Y cuánta razón tiene! las escuelas siempre son lo mismo, un asco; desde la la endemoniada Secundaria Técnica 106 (el puro nombre me causa escalofríos) hasta la pomposa, juiciosa y artificial facultad de filosofía y letras... por eso he estado evaluando seriamente la posibilidad de conseguirme un perro y una escopeta, e irme a vivir al monte... ja!
ResponderEliminarMe dan ganas de sacar el revolver que tengo
ResponderEliminar