La construcción.

Sebastián había pasado mucho tiempo frente a la computadora, tal vez demasiado... Los ojos le dolían y una fotofobia se había hospedado de lleno en sus órbitas. Pero tenía que pensar la manera de terminar esa construcción que le había llevado años y millones derrochados para empezar... El proyecto enlace, como lo habían bautizado los medios era el arriesgado plan que había tenido a partir de un sueño. Un sueño del cual había despertado balbuceando palabras indescifrables en ese momento, pero que ahora ya conocía "Enlace". Era el delirio de conectarse con toda la biosfera habida y por haber. Era el deseo de conocerlo todo a partir de una conexión con el logos.
Investigando desde la filosofía maya pasando por la oriental hasta la más avanzada tecnología de punta creyó haber encontrado algo...
Pero no sabía qué era.
Y ahora los ojos le ardían frente al monitor, si Mefistófeles se le hubiera aparecido enfrente y le hubiera propuesto un trato, Sebastián hubiera aceptado.
Pero no había ni Mefistófeles nisiquiera una Margarite por la cual seguir...
Salió al aire, ya no puro, pues desde hacía años que la polución nuclear y humana habían secado al aire de pureza. Ni siquiera se podía fumar sin temer que algún vahído de gas natural flotara sobre la cabeza del fumador, y terminara con su vida de vicio.
Tal vez, el humano no estaba hecho para conectarse, tal vez, el cuerpo humano, aislado de todos a pesar de la aparente cercanía era un círculo del infierno de alguna otra criatura. Tal vez ese doloroso cuerpo hecho de carne y flores de piel no era más que una carcaza, un repuesto a otra alma más elevada.
Y a él le dolía.
Le dolía el cuerpo, pero no del físico, si no como si estuviera usando ropa demasiado ajustada y le estuviese cortando la circulación....
Necesitaría construir el cuerpo humano de nuevo.
Destruir todo en lo que había creído fervientemente, el amor, la amistad, la familia. Todos ellos inventados para justificar el incipiente dolor que le crecía por dentro.
La construcción que yacía frente a sus ojos lo enloquecía, tanto esfuerzo en vano, tanto estúpido dinero, tanta estúpida inteligencia malgastada. Pero los cables, las vigas, el gris contrastando con el marrón de la arena, y la grava como nieve agrandada... Las poleas y las grúas, todo eso, parecía un sueño lejano, como soñado antes de la expulsión del Edén... Como narrado desde la sombra del árbol de la Ciencia...Tal vez, la divinidad está dentro de una máquina.Y los ángeles cuyos cables se retuercen en sus alas. Y la única manera de acercarse a Dios es morir, morir por una máquina... Morir a manos de una máquina. Amante divina que nos privó de la conexión, del enlace que pudo haber sido posible si jamás la hubiésemos conocido...
Maldita tecnología.
La construcción jamás sería terminada... Sebastián jamás volvió a abrir los ojos

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