El amor es para los valientes.
But I'm easily hurt and afraid
of being hurt and to protect
myself in this [isolation] way
is the death of all love. For real
love one needs courage. But
this means one must also have
it to make the break and
renounce of self-love, in other
words to endure a mortal
wound...
Diaries, Ludwig Wittgenstein.
Por el temor de quererme
tanto como yo te quiero,
has preferido, primero,
para salvarte, perderme.
Pero está mudo e inerme
tu corazón, de tal suerte
que si no me dejas verte
es por no ver en la mía
la imagen de tu agonía:
tanto como yo te quiero,
has preferido, primero,
para salvarte, perderme.
Pero está mudo e inerme
tu corazón, de tal suerte
que si no me dejas verte
es por no ver en la mía
la imagen de tu agonía:
porque
mi muerte es tu muerte.
Décimas
de nuestro amor, Xavier Villaurrutia.
Quedé como en éxtasis... Con febril premura,
«¡Síguela!»,
gritaron cuerpo y alma al par.
...Pero tuve miedo de amar con locura,
...Pero tuve miedo de amar con locura,
de
abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y
no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando
los ojos, la dejé pasar!
Cobardía,
Amado Nervo.
¿Qué tan cierto es esto? ¿Es verdad que se requiere un sacrificio del orgullo y de la propia seguridad para poder amar realmente a alguien?
No lo sé. Mi idea de amor incondicional lo veo en el amor de una madre. Debes de sentir que hay algo de ti en la otra persona para sentirte realmente comprometida, o incluso más, sabiendo que lo que le pase al otro realmente no te afecta en nada tú te preocupas por él, voluntariamente haces que te afecte.
Es muy complicado hacer esto, muchas veces no lo hacemos ni por nosotros mismos. No nos sacrificamos por lo que queremos. Navegamos entre dos mares, entre satisfacer a los demás y satisfacernos a nosotros. La gente estamos siempre abandonadas, dejadas a la deriva de nuestra propia soledad.
Requiere mucho valor el aventarnos de nuestra balsa casi destruída al mar helado para juntarnos con otro náufrago.
Con el riesgo de que nos rechace o peor aún, que nos deje quedarnos. Por que si nos acepta, sabremos que hay algo mejor que la deriva gélida y solitaria, porque así se nos haría insoportable volver a como estábamos. Y sin embargo, tenemos tanto miedo a la pérdida que no queremos siquiera obtener el beneficio.
Schopenhauer tenía razón. Somos unos erizos que prefieren morir de frío...
¿Alguien tendrá el valor de morir como San Sebastián? Empalado por las púas de los otros.
También está el problema de que nos domestiquemos tanto, como los pajarillos que se acercaban a comer de la mano de Wittgenstein que, esperando la comida en el alfeizar de la ventana, inocentes, se los comieron los gatos.
¿Me dejarás abrazarte?
Sigo caminando con la herida que me abre las costillas. Pienso que un golpe lo suficientemente fuerte me abra el esternón y libere a mi metrónomo de su caja oxidada. Cierro los ojos al intuir que se acerca ese golpe y me desilusiono cuando pasan los segundos y no llega nada. Desde la tundra de tus ojos no llega el traumatismo final. No hay palacios de hielo pero sí guardaste tu corazón entre copos de nieve.
Me arrodillo ante ti, ser vaciado y hueco. Lleno de aire frío y de nervios de fisuras en hielo. Eres ideal, no puedes moverte porque no hay fricción de donde te agarres. Y yo aquí, ensuciando tu alfombra de pelaje blanco con los ríos de mis heridas.
Recordando cómo jugábamos a buscar figuras en las intricadas gotas y derrames que se hacían cuando yo caminaba.
Con la crueldad de un garfio me tomarás del cuello como los gatos y me colgarás en tu sala como un pedazo de carne.
Yo siempre tan visceral y tú siempre tan independiente. Las entrañas no están hechas para vivir fuera de un cuerpo.
Tú tienes el paso firme que me hace estremecer.
¿En serio?
Yo creo que no eres más fuerte que yo. Yo creo que tu castillo de nieve es más débil que mis laberintos de sangre. Yo no creo que San Antonio sea superior a San Sebastián.
Comentarios
Publicar un comentario