El coraje de los veinte años. (Primera Parte)

El sol se colaba entre las polvosas persianas grises. Partículas de polvo flotaban perezosas. El ex policía y ahora detective, Raúl Castañeda jugaba con su revólver sin cargar, sentado con los pies sobre su escritorio y su fedora cubriéndole los ojos.  Estaba sumamente aburrido y cansado, la palabra era: asqueado de tanta rutina.
Un cigarro viciaba el ambiente a pesar de que él había dejado de fumar hace un mes. O al menos eso era lo que siempre decía. 
Alguien tocó la puerta para después abrirla, por esta maña de descortesía mal disimulada, el detective Castañeda supo que se trataba de su mujer y asistente, Griselda Del Valle, así que no se molestó en apartar el sombrero de su vista.
El ruido de papeles, pero sobretodo el tintineo de tazas y el olor a café lo motivaron a incorporase.
Griselda era una mujer muy atractiva, alta con buen cuerpo, a pesar de llegar casi a los 37. Era casi rubia, con los ojos color miel, avellanados pero no muy grandes. Iba vestida de un modo muy sofisticado, con una falda de lápiz color gris, una blusa blanca ceñida y las medias negras le indicaron a Castañeda que llevaba liguero. Él tuvo que sorber algo de café para no perderse en ese pensamiento. 
Los gruesos labios de color carmesí le hablaron.
-Te conseguí un caso-
Castañeda se estiró en su viejo sillón.
-¿Ah sí?- preguntó poco interesado.
-Es una desaparición. Una muchacha de unos 18 o 19 años cuyo último paradero conocido fue la biblioteca del internado donde se alojaba-
Griselda se sentó en el escritorio y apagó el casi consumido cigarro con un gesto asqueado.
-¿Qué clase de internado?- inquirió el detective mientras sacaba otro cigarrillo del cajón de su escritorio y lo prendía. La mujer se bajó del escritorio.
-Uno de señoritas, obviamente. No es de muy alto prestigio pues es muy reciente y aceptan a muchachas de la clase media- contestó con un dejo de desdén.
-¿Y esa cara?-
-Odio cuando fumas- fue la única respuesta -La información está en esos archivos además, te concerté una cita con la directoria a las 3 de la tarde- 
Se dirigió a la puerta.
-Por cierto, hoy voy a cuidar a los hijos de mi hermana, le prometí cuidarlos para que pudiera ir a la graduación de su amiga Ana-
-¿Una graduación en lunes?-
Griselda se mostró un poco contrariada.
-Ya sabes que los ricos no trabajan. No tienen problema en que sea entre semana-
-Está bien- contestó Castañeda, realmente no le importaba demasiado el paradero de su mujer.
Ella salió de la oficina cerrando la puerta tras de sí.

Castañeda se levantó y estiró los brazos. Fue al medio baño del que disponía. Al terminar se lavó la cara y las manos, quitándose los anteojos.
Se miró al espejo. No era particularmente guapo ni particularmente feo pero tenía la ventaja masculina de ser atractivo sin poseer belleza. Su cabello lacio ya mostraba muchas canas al igual que su barba de candado. Sus ojos café oscuro mostraban no pocas arrugas en las cornisas.
"Carajo, ya tengo 42 años"
Sonrió y se alegró. Su sonrisa seguía siendo tan encantadora como hace veinte años, cuando él había comenzado como policía patrullero.
Regresó al escritorio y tomó alguno de los papeles que Griselda le había llevado. Los hojeó sin mucho interés.  Griselda y él se habían conocido en la jefatura de policía. Ella trabajaba como secretaria y él como patrullero. Ambos habían comenzado muy jóvenes, ella como a los 17 y él a los 22. Realmente él era un poco de aire fresco entre los cuarentones que poblaban la estación de policía. 
Ella era como el trofeo que cualquiera querría tener. Y él claro que la había conseguido, ¿quién más sino él?
Y después ella lo siguió cuando él tuvo que renunciar y comenzar por cuenta propia un negocio. Al principio ella se mostraba dócil y sabía que no disponían de mucho dinero pero con el paso del tiempo ella comenzó a interesarse cada vez más por las apariencias y el estatus social, lo que la obligaba a mentir constantemente y a él a contraer cuantiosas deudas.
Castañeda se sentía un poco culpable en todo eso. Realmente nunca la amó, simplemente era una trophy wife y se sentía responsable por haberla amargado, pero él tampoco era muy feliz. No quería ser policía, nunca quiso y a ella lo que lo atrajo fue su capacidad extraordinaria de resolver crímenes. Él sabía que de ella conocer su verdadera vocación, se reiría como su padre se rió de él cuando se la dijo...

Castañeda re-centró su atención en los papeles. Uno de ellos era la boleta con fotografía de la joven. Mostraba a alguien que parecía de 14 años, con el cabello negrísimo hasta media espalda, blanca con los ojos igual de oscuros que el pelo. El hecho de que estuviera en blanco y negro hacía que contrastasen de manera casi artística. Era bonita en un sentido laxo de la palabra, sus pobladas cejas le daban un aire de malhumor y sus grandes ojos contribuían a su aparente corta edad. Sin embargo, su mirada correspondía a la madurez propia de un adulto.
"Casi de mi edad"
Volvieron a tocar y a abrir la puerta.
-Ya son las 2.15- dijo Griselda.
-Sí, ahí voy-
El detective tomó su saco, su fedora y dudó en dejar el revólver.
"Por Dios, voy a un internado de señoritas" y decidió dejarlo.
Agarró las llaves de su ya viejo Ford y heredado por su padre muerto, la única cosa valiosa que le había aportado y su cajetilla de cigarros.
-¿A dónde vas sin la dirección?
-Ups, es cierto- 
Tomó los papeles y salió de su oficina.

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Continuará.

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